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Opinión

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EL EDITORIAL IR

Oportunidades para equivocarse

El debate sobre el llamado PinParental es el enésimo ejemplo de que el éxito de Vox no consiste sólo en haber alcanzado un número inusitado de diputados en el Congreso, sino que se ha convertido en el partido que marca el debate político

El mayor éxito que está consiguiendo Vox después haber alcanzado una cifra de diputados que nadie sospechaba en este país hace un año es marcar cada día la agenda política. Más allá de lo que cada uno opine del llamado Pin Parental o de algunas de sus singulares propuestas, lo que resulta evidente es que al final todos, políticos, periodistas y la opinión pública en general, está hablando de lo que Vox quiere que hable y cuando Vox quiere que hable. El éxito de la formación de Santiago Abascal es, en este sentido, incontestable. Lo que antes era conocido como globo-sonda se está convirtiendo en una peligrosa costumbre dentro de la política: un determinado actor, partido o político, lanza alguna propuesta descabellada y tanto sus adversarios como los tertulianos de radio y de bar, y los columnistas, se devoran unos a otros por morder antes el anzuelo. Eso ya ocurría antes, pero ahora la propuesta viene acompañada por un enjambre de noticias falsas que hacen aún más farragoso el debate e inalcanzable el acuerdo. Se brindan cada día centenares de oportunidades para que los más incautos, los menos responsables, metan la pata. Si a ello se suma la torpeza de la hasta ahora portavoz del Gobierno y ministra de Educación, diciendo que los niños pertenecen al Estado, el cóctel molotov está servido. Dicho esto, el Pin Parental que quieren imponen en Murcia es un retroceso en nuestro sistema educativo, en el que la solución pasaría por un pacto de Estado que alejara los programas educativos de los vaivenes de la política y, sobre todo, que reforzase la autoridad del profesor, un pacto que sistemáticamente han rehuido grandes y pequeños partidos durante los últimos años.

LA NEGRILLA IR

Dibujo de La Negrilla

Lo habitual es que el partido que gana las elecciones generales en León consiga tres de los cuatro senadores que elige esta provincia, como pasó en abril. En esta ocasión, el reparto fue 2-2 entre PP y PSOE, y llama la atención que, en el caso de los populares, sus disputas internas, el poner cada candidato toda la carne en el asador (y probablemente el hecho de que Vox sólo presentase un candidato) hicieron que sus dos senadores ya electos lograran 10.000 votos más que su partido en el Congreso.

A PIE DE CALLE

Síndrome de Casticolmo

El síndrome de Casticolmo es el que sufren algunos, para no reclamar la autonomía del País Leonés. Según cuentan, las víctimas de los secuestros, sufren tras ser liberados un síndrome llamado de Estocolmo, consistente en mostrar simpatía con las personas que las han mantenido retenidas. Se trata de algo pasajero, pero que normalmente requiere ayuda psicológica para su superación. Para el común de los mortales resulta incomprensible que después de sufrir, se desarrolle en el individuo esa solidaridad y comprensión para con el causante del daño. Pautas similares a las descritas, manifiestan aquellas personas víctimas de maltrato, bien por parte de su pareja, por sus progenitores, o por cualquier otra persona, normalmente del entorno familiar, entre los casos, por desgracia más frecuentes. Las víctimas, tratan de disimular los signos de la violencia recibida. No siempre lo consiguen, porque si bien un cardenal puede taparse con ropa o con maquillaje, ocultar el vendaje de una extremidad resulta más complicado. Encuentran una justificación para su estado, que suele ser el accidente. Y bien, lo que entraría dentro de la lógica en una actuación consecuente seria denunciar a su agresor y alejarse cuanto antes de su verdugo. Pero insólitamente y afectados por el síndrome perdonan y disculpan la actuación de su agresor, hasta llegan a inculparse de lo sucedido, por haber hecho algo mal.

Solo después de reflexionar, sobre lo anterior alcanzo a comprender, que algunos de los leoneses de cualquiera de las tres provincias, puedan y así lo manifiestan, sentirse tan cómodos con una administración que los maltrata. Sufren lo que particularmente denomino síndrome de Casticolmo y que produce efectos no solo de ceguera hacia los agravios recibidos por quienes nos tutelan desde Valladolid, sino que además se permiten defender su gestión. Es evidente, que afectados por este proceso, eludan buscar una solución a los males y que resulta bien sencilla, conseguir la autonomía, con la consiguiente compensación por los años de padecimiento. Quedan por mi parte disculpados quienes padecen el trastorno descrito, por no estar en su voluntad sino actuar como consecuencia del proceso mencionado.

Huelga decir, que ante estos casos las razones que son, muchas y sólidas, para desengañar a quienes se encuentran afectados por este mal, de poco sirven; más bien de nada, por lo que resulta inútil esforzarse, tan solo conseguiremos perder el tiempo. Remedio hay afortunadamente, pero como para quienes padecen el síndrome de Estocolmo, quienes arrastran el de Casticolmo, deben ponerse en manos de auténticos profesionales, los hay muy buenos en el campo de la psicología, que sabrán cómo tratar el tema. Manuel Herrero Alonso

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