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Juerga y rock and roll

22/01/2026
 Actualizado a 22/01/2026
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Ha sucedido un acontecimiento extraordinario: se ha publicado un vídeo porno (pero porno, porno), grabado en el mirador de la Quebrantada, justo al lado de la Cruz y de los repetidores de RNE. ¡Hombre!, el sitio, la verdad, impone por su belleza y porque está en mi pueblo, ¡para que nos vamos a engañar! La ‘peli’, en sí, la verdad que no tiene un pase, mayormente porque la protagonista es una señorita que, en sí misma, es un himno a la anti-lujuria: cuándo éramos jóvenes y estábamos más salidos que el mango de una escoba, decíamos aquello  de «para dar una vuelta vale cualquier bicicleta», pero cuándo se alcanza la madurez, uno se vuelve escogido y un tanto sibarita, por lo que no le vale cualquier cosa. Tal es el caso de la señorita del vídeo; a uno, por lo menos a uno, le sobra de ella casi todo...; en cambio, el ‘prota’ (que encima es de la ribera), gasta un mango en el vídeo que parece, talmente, la sota de bastos de la baraja. A uno, al verlo, le llena de orgullo que no sea un negro, de los de ‘Emmanuel’ o cualquier otra película de culto en el ramo de la ingle...; que sea del ‘país’, de los que pueden tomar, a tu lado, una caña en la barra del bar de Miriam un día cualquiera del invierno cazurro. Me enorgullece, además, que follasen en el lugar más bonito del municipio. ¡Ojalá este monte nuestro se convierta en el Hollywood, la ‘Cinecitta’ o los ‘Estudios Roma’ del cachondeo, los devaneos y otros meneos, en el auxilio de los solitarios, de los seguidores de Onán, de los desparejados, divorciados y cuerda afín! De hecho, se le comenté al presidente de la Junta Vecinal y le aconsejé que cobrase ‘royalties’ por la utilización del decorado natural que pertenece al pueblo. ¿Sabéis lo que me contestó?: que, por él, y para esos menesteres, cuando quisieran y como quisieran. Y uno, como no podía ser de otra manera, está totalmente de acuerdo con su apreciación: para la juerga, libertad total.


En estos momentos de la historia en los que hemos perdido el norte y el sur, todo junto, a los pobres sufridores, a ti y a mí, lo único que nos queda es gozar, follando, comiendo o bebiendo a lo salvaje, que el mundo se va a acabar y mejor irse al otro lado con la panza llena y la lívido satisfecha, no vaya a ser que, en el más allá, sólo encontremos llanto y crujir de dientes.

Uno, que ya tiene una edad, recuerda cuando estrenaron en León ‘Emmanuel’. Como en el ‘Emperador’ costaba una pasta ver la película, esperamos a la que la pasasen en el ‘Lemy’ a mitad de precio. Fuimos a verla, en casi una excursión, cinco o seis de Vegas. El cine estaba lleno hasta la bandera y nos tocaron asientos en la fila siete, creo recordar. Pues bien: en la segunda fila estaba sentado un señor de edad avanzada que no se perdió ni un detalle viéndola con unos prismáticos de esos que salen en los filmes de época cuándo iba el personal a la ópera. El tipo, no tengo ninguna duda, gozó como un gochín bañándose en el barro..., y nosotros también, aunque de manera menos procaz. Después de los cuarenta años del general, años de misa diaria, de ejercicios espirituales en los que los curas te metían el miedo en el cuerpo avisándote que pecar contra el mandamiento que avisaba de que «no cometerás actos impuros» era peor que matar, ‘Emmanuel’ o ‘El último tango en París’ fueron una liberación en toda regla, una gozada, lo mires como lo mires. Nos demostró que follar con dos o tres señoras (o al revés, con dos o tres caballeros), no estaba ni bien ni mal, que era una forma como otra cualquiera de expresar un deseo de libertad irrenunciable. En aquella época de la que estoy hablando, echar un polvo era una proeza que muy pocos, por desgracia, alcanzaban fuera del noviazgo o el matrimonio, por lo que lo más socorrido para los de nuestra generación era matarse a pajas.

Por todo esto que os estoy contando, a uno le parece de puta madre que estos dos pollos que se han grabado en el mirador de la Quebrantada follando como si no hubiese un mañana. Eso sí, y hablando por lo que me toca como hombre, pediría a mi paisano ribereño que, por favor, cambie de ‘partenaire’ y escoja a una menos voluptuosa...

Salud y anarquía.

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