Cualquiera que analice la salud económica de una provincia tiende a fijarse en el Producto Interior Bruto o en las cifras de desempleo. Sin embargo, para entender la verdadera psicología de una sociedad, hay que mirar hacia sus balances financieros: dónde guardamos lo que ganamos. En León, los últimos datos del Banco de España y del Observatorio Inverco, dibujan una realidad que camina entre la solidez patrimonial y un inmovilismo que, a la larga, nos sale caro.
Las cifras son indiscutibles. La provincia de León acumula en depósitos de familias y empresas la cifra de 13.752 millones de euros. En términos relativos, y tomando una población provincial de 446.857 habitantes, esto supone unos 30.775 euros por habitante. Estamos ante un ahorro tradicional robusto, fruto de décadas de resiliencia y una prudencia casi genética. Por el contrario, el patrimonio en fondos de inversión se sitúa en los 4.512 millones de euros, lo que equivale a unos 10.100 euros per cápita.
La clave científica de este escenario reside en la ratio de conservadurismo. En León, por cada euro invertido en fondos, tenemos 3,05 euros estacionados en depósitos.
Si bien este dato nos sitúa ligeramente mejor que la media nacional (sobre el 3,3), seguimos a una distancia sideral de provincias como Madrid o Vizcaya, donde la cultura financiera ha logrado que el ahorro productivo pese mucho más en el balance de los hogares.
¿Por qué este comportamiento? La explicación es multifactorial. Debemos atender a la Renta Bruta Disponible de los hogares leoneses, muy influenciada por un sistema de pensiones contributivas alto pero condicionado por una demografía donde el 28 % de la población ya supera los 65 años. Esto genera un ahorro de «seguridad» y una aversión al riesgo entendible, pero, a menudo, ineficiente. A esto se suma una tasa de actividad que apenas roza el 50 %, limitando la entrada de capital nuevo y recurrente en productos de inversión dinámica.
La consecuencia directa es un elevado coste de oportunidad. Mantener 13.752 millones de euros con una rentabilidad real que a menudo no bate a la inflación es una erosión silenciosa de la riqueza provincial. Una sociedad con mayor educación financiera no «apuesta», lo que hace es asignar el capital de manera eficiente. Como repito hasta la saciedad en Renta 4, Invertir profesionalmente en fondos, respetando el perfil de riesgo, es el motor que permite a las familias participar del crecimiento global y proteger su poder adquisitivo frente al IPC.
Es imperativo desterrar el mito de que invertir es sinónimo de especulación. La inversión es planificación y disciplina mientras que la apuesta es azar. Si logramos desplazar parte de ese inmenso músculo dormido hacia la inversión diversificada, León entrará en un círculo virtuoso: mayor rentabilidad para las familias y una economía local con un pulmón financiero preparado para el futuro. Tenemos el capital y la solvencia. Solo nos falta la ambición de poner nuestro dinero a trabajar con inteligencia.