23/01/2026
 Actualizado a 23/01/2026
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A veces pienso en Vicky. Me pregunto si le irá bien, si estará contenta en el curro, si no sufrirá los problemas de muchos de sus compañeros, enganchando contratos de días con contratos de días, firmando un viernes y cesando un lunes, si no habrá perdido las ganas de seguir haciendo lo que hace. Vicky seguramente no sabe quién soy yo, pero yo sé muy bien quién es Vicky. La llamo Vicky porque así se dirigían a ella sus compañeros cuando yo ni siquiera sabía quién era ni quién iba a pasar por sus manos. Hoy hace un año que gracias a Vicky comenzamos a cantar victoria.

Hoy hace un año que seguramente Vicky madrugó como cualquier otro día. Se tomó un café y se marchó a su puesto de trabajo, como cualquiera. Hoy hace un año Vicky se encontró en su puesto de trabajo con un bebé de 11 meses a la que seguramente ya se encontraría dormida en el inicio de una larga siesta de la que amanecería casi un día después. Unos minutos antes una enfermera se la había llevado en brazos, porque no había ningún celador en la planta baja de una mole de hormigón convertida en uno de los mayores hospitales de España. Donde están los quirófanos.

Hoy hace un año que Vicky cogió su bisturí, hizo un pequeño corte en el pecho de ese bebé. Separó el esternón en busca del corazón y comenzó a prepararlo, junto con todo su equipo, para que dejase de latir. Durante algunas horas, una máquina hizo de corazón y de pulmones para la pequeña, todo mientras Vicky accedía al interior de ese minúsculo corazón a través de una de sus válvulas para reparar un milimétrico problema que incluso desde que antes de que naciera había sido una kilométrica precoupación. Vicky comprobó que todo estaba correcto y cosió el pecho del bebé con el cuidado y la precisión que hacen que a día de hoy apenas se note que allí pasó algo.

Hoy hace un año que conocí a Vicky, que con una sonrisa calmó los nervios de meses antes de soltar un «todo ha ido bien»que era ya una redundancia. Un año después en casa nos acordamos frecuentemente de ella y de todos los compañeros que nos han atendido durante estos dos últimos años, agradecidos por una labor que quienes deben hacerlo no reconocen como tendrían. ¡Viva la sanidad pública!

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