Las movilizaciones agrarias pierden fuerza y credibilidad cuando quienes las impulsan deciden ignorar a los sindicatos que, desde hace décadas, representan de manera directa y organizada al campo. La actuación de la plataforma Decaleón, promoviendo protestas al margen de las organizaciones agrarias, no es un gesto de renovación ni de pluralidad, sino una muestra de desprecio hacia estructuras que canalizan las demandas reales de agricultores y ganaderos. El problema no es la aparición de nuevos actores sociales, sino la forma en que se pretende sustituir la representación legítima por iniciativas sin base democrática ni responsabilidad negociadora. Los sindicatos agrarios no son intermediarios incómodos, sino herramientas construidas desde el territorio, con conocimiento técnico, capacidad de interlocución y respaldo de miles de profesionales. Al excluirlos, Decaleón contribuye a fragmentar un sector ya castigado por la presión de los mercados, la burocracia y la falta de rentabilidad. Esa división debilita cualquier reivindicación y facilita que las administraciones minimicen el alcance de las protestas. El campo necesita unidad, respeto y coordinación, no plataformas que busquen protagonismo a costa de romper consensos. Defender al sector agrario exige sumar, no desplazar, a quienes llevan años dando la cara por él.
Protestar sin contar con el campo
La plataforma Decaleón erosiona la unidad agraria al marginar a quienes representan de forma legítima al sector
22/01/2026
Actualizado a
22/01/2026
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