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Opinión

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EL EDITORIAL IR

San Marcos entra en campaña

Partido Popular y PSOE se cruzaron ayer acusaciones sobre el retraso en el proyecto de reforma del Parador, emblema del turismo y el patrimonio leonés, una imagen que a ninguno de los dos ayuda para combatir la amenaza que se cierne sobre el bipartidismo

La ministra acusó a Silván del retraso de la obra y el alcalde criticó que "Sánchez no ha movido ni un solo papel"

Era más o menos una cuestión de tiempo. Ya había levantado algún que otro malestar que el presidente de Paradores, el socialista Óscar López, se reuniera con el alcalde de La Bañeza, el también socialista José Miguel Palazuelo, para promocionar la Ruta de la Plata, y sin embargo no respondiera a las cartas que le enviaba el alcalde de León para tratar el tema de la reforma del Parador, cerrado al público desde hace meses y en el que al silencio que envuelve buena parte del proyecto se suman ahora las acusaciones cruzadas y las verdades a medias que ayer salieron de los representantes tanto del PP como del PSOE. La visita de la ministra de, entre otras materias, Turismo, destapó la caja de los truenos. Reyes Maroto acusó a Silván de retrasar el proyecto de reforma por la concesión de un aparcamiento, y mientras el alcalde de León acusaba a Pedro Sánchez de «no mover ni un solo papel» para desbloquear San Marcos. Lo cierto es que, entre unos y otros, como dice el refranero, la casa sin barrer. Poco le importa a los leoneses si la culpa es de uno o de otro, sino que el emblema del turismo en León, uno de los referentes de nuestro patrimonio histórico y artístico, sigue cerrado al público, y un simple vistazo es suficiente para comprobar que seguirá mucho tiempo así. Por mal camino van PP y PSOE para combatir la amenaza que se cierne sobre el bipartidismo si demuestran que están más preocupados de acusar al de enfrente que de encontrar soluciones.

LA NEGRILLA IR

Dibujo de La Negrilla

El pasado fin de semana Valencia de Don Juan se convirtió en algo así como el epicentro de la campaña electoral de esta provincia, con actos convocados por PP y PSOE a modo de demostración de fuerza por ambas partes. La contraprogramación era tal que unos candidatos populares llegaron a la cita con retraso y las consiguientes prisas y a punto estuvieron de colarse en el acto de los socialistas, hasta que alguien llamó su atención y puso las cosas en su sitio.

A PIE DE CALLE

El (mal) estilo de los políticos españoles

Los elegidos por el pueblo representan a los ciudadanos en la casa de la democracia, el Parlamento o el Senado. Qué menos que mostrar ejemplaridad y defender los intereses de sus votantes. No es esta la regla. Lo que se lleva es la confrontación, el insulto, las interrupciones constantes y el menosprecio del adversario político. A finales de abril vimos en televisión los debates a cuatro y a los políticos despedazándose entre sí: «no mienta», «no se ponga nervioso», «yo no he dicho eso», «déjeme terminar», «no me interrumpa». Así el sentido de Estado brilla por su ausencia, se nota el bajo nivel y a muchos les horroriza que nos vayan a gobernar estas personas. En legislaturas anteriores cada cual echaba el resto por conseguir titulares. Ante la inmersión lingüística en Catalunya, un político dijo que es como dejar que los pederastas campen a sus anchas. Otro llamó «mariposón» al presidente del gobierno de entonces. Se dijo que el presidente Zapatero fue lo peor que le ha ocurrido a la democracia española después de Tejero, así como que Santamaría era una monja novata. Un expresidente de comunidad autónoma estableció que Hitler y Mussolini destruyeron el sistema desde dentro y que esta clase de golpismo también lo practicaba el presidente de la Generalitat. Un ministro del Gobierno afirmó que el aborto y ETA tenían algo que ver. Otra ministra dijo ante un escrache que el último acoso conocido es el de la Alemania nazi. Y un periodista afirmó que de tener una escopeta recortada dispararía contra algunos miembros de Podemos, o que «el bebé de Bescansa debe estar en algún contenedor». Antes tampoco se mordían la lengua los políticos, pero lo hacían con más clase, como Gil Robles cuando, al lanzarle que todavía llevaba calzoncillos de seda, contestó: «No sabía que la esposa de su señoría fuese tan indiscreta». J. Arroyo

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