Bien sabemos los que andamos entre los más jóvenes, la frustración que sentimos cuando,para propiciar el aprendizaje, acudimos a ejemplos y anécdotas que creemos conocidos por los receptores y te miran con la extrañeza del que ve a un alien. Me ha pasado explicando, recientemente, ‘La Odisea’. Menos mal que en breve estrenarán una película de Christopher Nolan recreando la historia que al menos recuperará el mito y nos permitirá seguir hablando de los clásicos, que nunca se van del todo.
Y lo de caer de nuevo en incómodos anacronismo sucedió justamente ayer cuando para explicarle a mi hija quién es Jaime Urrutia, le tarareaba la canción de «bares, ¡qué lugares!». Me miró con la perplejidad del que es completamente ajeno a lo que escucha. Prehistoria a la vista.
Conversábamos justo antes de que empezara la película ‘El drama’, sugerencia de ella, que habíamos ido a ver a los Odeón, aprovechando la Semana del Cine, con las entradas a medio precio.
Ya que la conversación había derivado en los grupos ochenteros de la movida madrileña, cambié de tercio. Alguna tenía que saber, aunque fuera por las verbenas de las fiestas del pueblo. Pero ocurrió lo mismo al recordar al grupo Revólver, que este año vendrá a actuar a las fiestas de San Juan. «Ojalá canten esa canción del Dorado», que pone en valor el esfuerzo que los padres hacen por los hijos, la dedicación, más allá de su propia comodidad. Pero de nuevo tarareo en vano: «He pasado mil años viendo cómo mi madre/trabajaba y llegaba a casa siempre tarde. Cambió el verme a crecer por comer a diario…, vi a mi padre luchar contra los elementos/naufragar con su vida contra el muro del tiempo/y llegaba a casa con las manos cortadas/de montar con las manos armarios de chapa». Me escuchó con simpática resignación. Grupo desconocido en combate, por muy ‘revólver’ que fuera.
Pero comenzó la película. Inusual reflexión sobre las relaciones de pareja, las mentiras y dolorosas verdades, sobre el poder del amor, y sobre las matanzas que se perpetran en algunas escuelas debido al libre acceso de armas que los estudiantes tienen en Estados Unidos. La protagonista femenina había sufrido acoso escolar y pensó en liarse a tiros en la escuela para vengarse. Pero al final desistió de la idea. Un alivio, por la parte que me toca.
Mientras veía la película con ella, pensaba en lo cómodo que es sentarte y que te lo den todo hecho, aislarte del mundo, escaparte de una realidad que a veces nos incomoda. Acomodarte al mundo, de la misma manera que aquellos acomodadores te colocaban en la butaca que fuera, en medio de la oscuridad, para que alguien te contara su película. Iba a contárselo a mi hija, pero, claro, ella lo de los acomodadores tampoco lo ha conocido.
¡Cuánto desfase, Señor!