Alfonso Fernández Mañueco inició este jueves su tercer mandato al frente de la Junta con un discurso cargado de referencias a la ilusión, al entendimiento y a la confianza en las posibilidades de Castilla y León. Son conceptos positivos y necesarios en cualquier proyecto político. También lo es la voluntad de alejarse del ruido y de la confrontación estéril. Sin embargo, la experiencia aconseja prudencia cuando se trata de valorar discursos de investidura o tomas de posesión. Los ciudadanos no juzgarán este nuevo mandato por la belleza de las palabras ni por la solemnidad de los compromisos adquiridos. Lo harán por los resultados. Y ahí es donde aparecen los desafíos que arrastra la comunidad desde hace demasiado tiempo: despoblación, envejecimiento, dificultades para fijar población joven, carencias en infraestructuras o desequilibrios territoriales que siguen generando malestar. La política necesita ilusión, pero también hechos. Porque el movimiento se demuestra andando. Y porque las promesas solo adquieren valor cuando se transforman en decisiones, inversiones y mejoras perceptibles para quienes viven cada día en esta tierralica importante, pero el movimiento se demuestra andando. La ilusión puede ser un buen punto de partida para un gobierno, aunque solo los resultados permitirán saber dentro de cuatro años si esa ilusión estaba justificada o era únicamente un recurso retórico para inaugurar una nueva etapa.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.