Es duro abandonar a los tuyos, incluso cuando se hace desde la política. El campo, en general, es de derechas, por la razón que sea, y el Partido Popular ha sido el que durante décadas ha sacado rédito de eso. Los pactos del PP con Vox, en al menos tres comunidades autónomas, han obligado al PP a prescindir de la cartera de agricultura para entregarla a la formación de Santiago Abascal. Es duro abandonar a los tuyos, pienso yo poniéndome en la piel de los dirigentes ‘populares’, pero quizás el PP no haya defendido con todas sus fuerzas esta parcela de poder y la haya entregado a Vox como mal menor, o como si no tuviera tanta importancia. Si la gestión sale mal, y siempre sale mal porque el campo es muy exigente y las reivindicaciones de los agricultores están por encima de lo que razonablemente se pueda conseguir desde la política, los agricultores no volverán a los brazos del PP, se quedarán en terreno político de nadie y algunos se escorarán hacia la izquierda, siempre que haya una izquierda razonable dispuesta a acogerlos.
En Andalucía el PP sí está echando un órdago a Vox con la cartera de agricultura. Ha conseguido, porque casi nada ocurre por casualidad, que todas las organizaciones agrarias y las cooperativas, se pronuncien a favor de que las cosas se queden como están, es decir, que el PP siga manejando el campo y que no se lo entregue a Vox como lo ha hecho en otras tres comunidades autónomas. Pocas veces el campo se pronuncia así, pues aceptamos, como no podía ser de otra manera, la alternancia en el poder y el gobierno de las mayorías. Pero es cierto que cuando Pedro Sánchez llegó al poder teníamos cierto miedo a que la coalición de izquierdas colocara a los de extrema izquierda en áreas que nos afectan, como medio ambiente o agricultura. Y no ocurrió, pero si hubiéramos tenido la más mínima posibilidad de influir para evitarlo, habríamos influido.
En definitiva, los extremos dan un cierto miedo fuera de su propia militancia, y eso es fácil de entender. Y los sectores económicos –el campo en este caso– todavía son más miedosos.