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Vida ‘a modín’

12/06/2026
 Actualizado a 12/06/2026
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Jugábamos al ‘chorru morru picatorru’. También a timbrar y salir corriendo. Había una paisana que tenía una aldaba en la puerta, le atábamos una cuerdina, nos escondíamos, tirábamos y salía la vieja, cachis, pero si no hay nadie. 

La mujer se ríe y sus amigas también –setenta años de media–. Plaza Mayor de La Bañeza. Dibujamos un limbo en el suelo con tiza y las amigas se ponen a saltar. Damos a la comba y tres senegaleses sentados en un banco muy aburridos se ponen a saltar. Alguien tira la peonza por los aires; todos saltamos.

¿Qué hacemos un sábado a las ocho de la tarde en la Plaza mayor invitando a la gente a saltar? Hoy es el día del Vencejo. En el grupo los Otrora celebramos que los vencejos crucen el cielo y que la gente deje el móvil y se ponga, por ejemplo, a saltar a la comba. Venimos de darle el Vencejo de Oro al bar Elvis.

Os hablaré del Elvis por si no lo conocéis, un bar que ha adquirido ya el rango de institución bañezana. Antes del Elvis, en el mismo local, estaba el bar Volante, el de los taxistas, donde mis dos tíos -materno y paterno- pasaban el rato, tomaban chatos y jugaban la partida. El Elvis heredó ese espíritu de bar de toda la vida, pero con buena música –de Elvis–, y se convirtió en EL BAR. El bar total, donde vas a tomar el aperitivo por la mañana –patatas fritas picantes y salchichas–, el café con orujo después de comer, y las copas antes y después de la cena. Javi y Chus llevan treinta y nueve años –abrieron en junio del 87– detrás de la barra, inmutables, insobornables. Y la estatua de tamaño natural de Elvis sigue allí saludando a los parroquianos. Así que el Elvis, por supuesto, merece el Vencejo de Oro. Le damos el premio, brindamos con vino de porrón. Sacamos las empanadas, el chorizo, el pan casero que hace Godón y los pasteles de Conrado. Conversaciones cruzadas. Alguien le pregunta a Godón, ¿te consideras ganadero? Dice, me considero lombricultor –cría lombrices–. Alguien pregunta a Wiro, cómo van las gallinas –es huevero–. Y a Petronila, ¿y tus dibujos? –es ilustradora–.

La tarde se escapa plácidamente a la sombra de los castaños de indias y yo reivindico esa forma de pasar el tiempo: despacio, sin pantallas, sin hablar de política ni de las guerras de Trump, hablando de las cosas pequeñas, os acordáis de la señora que vivía no sé dónde, conozco una ruta por el monte, me gustaría aprender a tocar el ‘pandeiru’, este año los vencejos llegaron antes, qué bien te quedan las madreñas, en mi casa se decían galochas, vamos ‘a modín’ a la plaza, ‘a modín’ se hace el camino.

Y yo pienso, eso es, lo único que reivindicamos, lo único que pedimos: volver a la vida lenta, a la vida ‘a modín’.
 

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