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El arte como forma de mirar la vida

El arte como forma de mirar la vida

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'Puentes de piel y huesos'. Ampliar imagen 'Puentes de piel y huesos'.
Mercedes G. Rojo | 08/05/2018 A A
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El arte como forma de mirar la vida
Senderos artísticos leoneses, en femenino (VII) Carmen Gómez Ordás se define como "una pintora, nada más y... nada menos"
«Dentro de un lápiz o de un bolígrafo caben todas las palabras, todos los poemas, y también todas las líneas y todos los dibujos, porque dentro de los mismos vivimos nosotras, las que escribimos y las que pintamos…» (Carmen Gómez Ordás).

Estas palabras que inician este nuevo sendero artístico en busca de nuestras creadoras forman parte de aquellas con las que Carmen Gómez Ordás (Villablino 1959) iniciaba, en nombre de sus compañeras, la muestra colectiva ‘Maragatería, latidos de arte y literatura’, en Santa Colomba de Somoza. La breve e intensa presentación realizada es un claro indicativo de la poética que flota no solo en la obra que sale de sus pinceles, también en el concepto que se esconde detrás de cada una de sus obras. Mujer de sensibilidad exquisita siente que el arte, o al menos lo artístico, ha nacido con ella, pues lo concibe no solo como «la habilidad manual que adquieres en el manejo de un lápiz o un pincel» sino como una forma de mirar que alcanza a todos los aspectos de la vida y que, de tenerlo, te acompaña siempre. Es en este sentido que, aunque interesada desde pequeña por el dibujo, su curiosidad artística se extiende por todas las facetas del arte, sean cual sean, «todo aquello que tenga un componente visual». Y con este pensamiento de fondo hablamos de la relación que arte y sociedad deben tener, una relación de necesidad «en un mundo que vive de imágenes», tal vez algo de lo que la sociedad debería hacerse consciente en el futuro si ese futuro no fuera hoy.

Centrada en el óleo, no deja de buscar y experimentar otras técnicas como las utilizadas en relación con sus trabajos en torno al proyecto ‘Rescatando a Concha Espina’. Siempre la ha impresionado la obra de artistas como Francis Bacon, Igor Schiele o Lucien Freud, llena de personajes de una humanidad atormentada, de verdad y belleza, de los que dice tener algo ésta en la que actualmente trabaja. Y en esa realidad de modelos manifiesta la necesidad de recuperar a nuestras artistas del pasado para que las jóvenes de hoy sepan que ese camino, con mayor o menor fortuna, fue antes transitado por otras que mostraron un gran valor al hacerlo dadas las circunstancias de sus respectivos momentos. Un camino que sigue sin ser fácil pues, si ya de por si levantar una exposición con obra nueva es difícil en sí mismo, cuando lo hace una mujer el esfuerzo se potencia exponencialmente; porque a pesar de que la producción artística de las mujeres es grande, y en muchos casos de gran calidad, esa realidad no se ve reflejada en el día a día de las grandes galerías (ni siquiera aunque la galerista sea mujer), ni de las ferias de arte, salvo excepciones de firmas muy cotizadas; ni siquiera de las grandes antológicas que se montan aquí y allá, seguramente porque tras «generaciones de supremacía masculina, ésta parece estar escrita en el inconsciente colectivo y es difícil de borrar». Por ello considera importante que desde gobierno e instituciones de ciudades y pueblos se pongan en marcha medidas que favorezcan el trabajo de sus artistas – también y especialmente las mujeres– poniendo a su disposición salas de exposiciones y condiciones adecuadas para montarlas, pero sobre todo respetando su trabajo y ayudando a visibilizarlo, ya que parece «extendida la idea de que el artista tiene que conformarse con el placer de hacer una obra como pago a ella». De ahí que a veces se identifique cultura con pobreza y que muchos de quienes se dedican al arte subsistan gracias a otras ocupaciones, con la merma de tiempo para su proceso creativo, un proceso agravado por el hecho de ser mujer, en el que la desvalorización se multiplica.

Carmen ha conocido de primera mano las dificultades para entrar en los circuitos donde el arte puede y debe mostrarse, una fase sin la que ningún artista está completo, pues si bien el acto creativo se realiza en soledad también necesita el reconocimiento social para cerrar el ciclo. Aún así, desde hace cuatro años en que comienza su proceso visibilizador, ha realizado un par de exposiciones individuales y participado en cinco proyectos comunes siempre en torno a la mujer, concepto que particularmente afronta (la mujer y su lucha para conseguir la dignidad y la igualdad en un mundo machista) dentro de su temática principal: el ser humano, su fragilidad y su búsqueda imposible de la transcendencia, planteamientos que no siempre son fáciles de plasmar en una obra plástica.

Y mientras esperamos por su próximo proyecto, una exposición individual para León a un año vista, como viene siendo habitual le pido que se defina como artista. Y Carmen Gómez Ordás nos cuenta que «aunque hable siempre de ‘arte’ y ‘artistas’, son palabras mayores. Soy pintora, nada más y… nada menos».
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