Tiene este rincón de los lunes —esa mirada a los años setenta a través de las impagables imágenes del archivo de Fernando Rubio— una evidente vinculación con el calendario y sus celebraciones, aunque no siempre. Avisa Rubio de que esta semana es inevitable... «Dicta la casualidad o causalidad que este lunes coincida con la Festividad de la Virgen de Candelaria o de Las Candelas. En mi archivo conservo estas, para mí, bellas y emotivas imágenes y en mi memoria un especial recuerdo de esa celebración en Santa Marina, con el párroco don José María oficiando, ayudado por el padre Abel del Río y el padre Cayetano».
Le advierto de mi condición de habitante del mundo rural por lo que mi conocimiento de esta fiesta concreta es vago y superficial, teniendo por ello muchas más preguntas que certezas. «Dispara», me reta, argumentando que su memoria no le jugará una mala pasada.

- ¿Qué tiene (tenía) de especial?
- Además del simbolismo propio de la fecha, era muy gratificante ver a las familias al completo en esa celebración, con las madres recientes, sus vástagos acompañadas por el resto de los familiares. Una ocasión singular ya que en ninguna otra Eucaristía, salvo bautizos, se daba.
- ¿El protagonismo de los niños siempre fue un arma segura, a qué se debe en esta ocasión?
- La festividad de Las Candelas marca el final del ciclo navideño. Es el día de la bendición de los niños y, en muchos hogares, el momento de recoger el Belén.
- Veo en las fotos ofrendas...
- Las hay. De dos pichones vivos y una hermosa tarta (luego repartida entre los asistentes) y las luces de las velas encendidas creaban una única atmósfera única e irrepetible en esta celebración.
Va desvelando Fernando Rubio, como a él le gusta, los secretos de esta fiesta llamada de ‘los usías’. «Esta ceremonia conmemora la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, 40 días después de su nacimiento. Según la ley mosaica, las madres debían cumplir un periodo de ‘purificación’ (40 días para un varón, 80 para una niña) antes de presentarse ante el sacerdote con una ofrenda: un cordero o, en caso de familias humildes como la de María, un par de pichones o tórtolas».

- ¿Y lo de las Candelas?
- Porque fue en ese momento cuando el anciano Simeón reconoció a Jesús como la ‘Luz del mundo’, origen de la tradición de encender velas (candelas) que da nombre a la festividad.
- Lo que no explicas son Los Usías.
- Por partes. Eso es cosa leonesa: Aunque el Papa Gelasio I instituyó la fiesta en el siglo V, en León la tradición echó raíces profundas durante la Edad Media. Sus primeros protagonistas fueron los nobles leoneses —Lunas, Guzmanes, Osorios, Pimenteles o Villafañes— cuyos linajes se entregaron a dar brillo al solar de sus mayores. La parroquia de Santa Marina la Real mantiene vivo este legado bajo el nombre de la fiesta de Los Usías.

Todo tiene su aquel, que decían los antiguos, y así se entiende la fiesta, la celebración y, destaca Rubio, el ambiente que se crea, al menos en los 70. «En una atmósfera singular creada por la luz de los cirios, las madres presentan a sus hijos recién nacidos. La tradición dicta que un padrino se encargue de las ofrendas: una tarta y dos pichones, evocando aquel rito milenario».
Y todo ello en el marco excepcional de la iglesia de Santa Marina, «iglesia y museo a la vez» pues, recuerda Rubio: «Este lugar es un verdadero museo de la fe leonesa. Entre sus muros se custodian tesoros rescatados de conventos desaparecidos: El órgano barroco del siglo XVIII, procedente de Villaverde de Sandoval; la excepcional talla de Juan de Juni (Virgen con el Niño y San Juan), donada originalmente por la Condesa de Luna al convento de Santo Domingo; y reliquias y retablos que hacen las delicias de quienes pregonamos las esencias de nuestra tierra».
Y dado que de fechas exactas empezamos hablando, de miradas al calendario, sería oportuno cerrar el recorrido con un refrán muy oportuno: «¡Candelaria el dos y San Blas el tres, adivina qué mes es!».