Las puertas de los templos nos han transportado siempre desde la cotidianidad monótona de los días a un mundo espiritual con connotaciones mágicas que nos fascina y nos transforma. También han servido para anunciarnos el paraíso de su interior, donde su impresionante arquitectura, la luz misteriosa de sus virales, la música de sus órganos y de sus coros, transportan a los humildes mortales a un exacto reflejo de la futura morada celestial.
El templo se configura así, como un todo, con una relación sustancial entre la promesa de su portada y el asombroso contenido de su interior. Esta premisa, que resulta obvia, por avatares del tiempo y de la historia, a veces se presenta quebrantada y se producen situaciones que dejan perplejo al espectador.
Con motivo del 800 aniversario de la construcción de la catedral de Burgos, la autoridad religiosa de aquella diócesis se propuso sustituir las tres puertas que dan acceso al templo, y encargaron unas nuevas al famoso escultor Antonio López. El proyecto, llevado a efecto, trataba de sustituir las puertas originales, por otras realizadas en bronce, dedicadas a Dios Creador, a la Anunciación de la Virgen María y a la Encarnación, fijando su mirada en el Dios Niño, promesa de la redención.
La polémica surge en el momento en que, construidas las nuevas puertas, hay que proceder a desmontar las originales para sustituirlas por las nuevas Todos los argumentos que fueron utilizados para encargar el proyecto, como el de aportar una visión moderna y continuista al monumento, decaen ante la realidad de usurpar el acceso original imaginado por el arquitecto medieval al paraíso que se representa en el interior, absolutamente extraordinario.

Hace unas semanas apareció la noticia en la prensa del intento de vender las puertas de la iglesia de Ventosa de la Cuesta, un pequeño pueblo de la provincia de Valladolid. La oferta apareció en un anuncio de Wallapop en el que ofrecían las mismas por 390 euros.
Este desprecio absoluto por cambiar el significado del monumento, es un ejemplo de lo que pretende denunciar este artículo.
La oposición de los vecinos ha provocado una reconsideración de la autoridad eclesiástica respecto de su venta y pretende ahora su restauración.
En nuestra provincia, podemos observar decisiones similares en templos que utilizaron portadas de otros, con resultados no exentos de controversia.
El primero, es el acontecido en la iglesia de San Juan y San Pedro de Renueva, inaugurada en el año 1953. Su construcción fue encargada al arquitecto Juan Crisóstomo Torbado por el obispo de la diócesis, Luis Almarcha.
En su diseño se incorporaron la portada principal del templo, y las portadas menores que daban acceso a la sala capitular y al refectorio, del monasterio benedictino, de San Pedro de Eslonza, sito en la localidad de Santa Olaja de Eslonza que se encontraba en estado ruinoso. No voy a negar que el resultado de integrar en el nuevo templo, elementos del viejo monasterio como sus portadas, ha resultado estéticamente digno y que, seguramente, era una forma de salvaguardar el patrimonio devastado del edificio monacal. Sin embargo, el espíritu de ambos templos, su significado espiritual, ha quedado completamente distorsionado. La portada principal que se reflejaba en la soledad del páramo y que anunciaba la llegada a un paraíso de calma y silencio a los monjes y peregrinos, ahora se asoma a una gran escalinata desde la que se accede a una de las calles más transitadas de la ciudad.
Por otra parte, las personas que hoy se acercan al vetusto monasterio benedictino, a un tiro de piedra de Santa Olaja, solo pueden observar la devastación en la que se encuentra el mismo, no obstante, las tareas de restauración llevadas a cabo en el mismo. Sus desolados muros al albur de la lluvia y de la escarcha, apenas pueden reflejar su glorioso e importante pasado como centro espiritual de nuestra tierra.
Esta misma sensación de abandono y de cierta traición al espíritu histórico que lo conformó, experimento cuando visito la basílica de la Virgen del Camino. No pongo objeción alguna a la calidad artística del monumento, pero cuando accedo al mismo por las imponentes puertas de bronce y las gigantescas esculturas del artista José María Subirachs, solo consuela, mi desencanto la visión del retablo barroco, del antiguo santuario, iluminado de manera mágica por una luz cenital, que realza las imágenes de San Miguel Arcángel y de Nuestra Señora del Camino.
Las puertas del antiguo santuario, derruido para construir el que ahora podemos visitar, se encuentran a unos metros de distancia, dando acceso a un espacio vacío donde crece la hierba y algunos cipreses nuevos. No existe una imagen que refleje con tanta intensidad la sensación de soledad como estas puertas que antes anunciaban el paraíso en el reino de Nuestra Señora y que ahora se asoman a la nada absoluta y que no sirven, siquiera para recordar su antiguo destino.
Por último, quiero referirme a otro templo de nuestra provincia, mucho menos conocido, que ha visto cómo era sustituida su portada. Se trata de la iglesia de Santa Colomba de la Vega, un pueblo situado en la Vía de la Plata leonesa, a orillas del río Tuerto, en las inmediaciones de La Bañeza.
La portada que da acceso al templo, es de estilo románico y tiene una sencilla estructura consistente en un arco de medio punto que se sustenta en dos columnas con unos capiteles en las que se representan unas hojas de acanto. Está protegida por un pequeño porche que la guarda de las inclemencias del tiempo. En realidad, nada extraordinario, si no fuera porque no es la portada original del templo, sino que fue tomada en préstamo de otra iglesia que se encontraba en el vecino pueblo de Celada. Esta sustitución se produjo en el año 1752 y aún hoy resulta llamativo que sirva de acceso a uno de los espectáculos más increíbles que podemos admirar. El interior de la iglesia, justa representación del paraíso, contiene el artesonado mudéjar más hermoso que pueda admirarse en toda España.
Se trata de un artesonado mudéjar, realizado en los siglos XIV y XV que cubre toda la nave interior y la capilla principal, y que representa el firmamento, con una estructura geométrica inigualable.
No se corresponde la humildad de la portada prestada con el paraíso interior que deja asombrado a todos los que tienen el privilegio de contemplarlo. Si el cielo existe, seguramente está cubierto con una cúpula de estrellas tan hermosa con la que luce el templo de Santa Colomba.