Publicidad
Culturalista, colchonero y fugado con la gran Lola Flores dos años

Culturalista, colchonero y fugado con la gran Lola Flores dos años

DEPORTES IR

Una imagen del culturalista Coque con la Faraona, Lola Flores. Ampliar imagen Una imagen del culturalista Coque con la Faraona, Lola Flores.
Fulgencio Fernández | 21/01/2020 A A
Imprimir
Culturalista, colchonero y fugado con la gran Lola Flores dos años
Fútbol / Copa del Rey La historia de Coque, jugador y entrenador de la Cultural, mantuvo en vilo a la prensa por su romance con la folclórica
Sin duda, la historia más llamativa de la relación Cultu-Atlético la protagonizó Coque, otro de la época dorada culturalista del 50.

Al castellano Gerardo Coque (Valladolid, 1928-2006) nadie le podía negar su calidad, la que le abrió las puertas del equipo de su ciudad, en el que debutó con 18 años, para ser fichado por el Atlético de Madrid. Pasó después por el Granada, Rácing de Santander y se retiró en la Cultural en 1962, saltando de jugador a entrenador.

Interior derecho de evidente calidad, nunca pudo deshacerse de la sospecha de ‘no cuidarse’ después de que su historia amorosa corriera por los corrillos especulando con su “fuga” con La Faraona (su hermana Carmen Flores estuvo casada con un jugador del Real Madrid, Isidro, con quien tuvo un hijo, Kike Sánchez Flores).

Coque empezó bien la 53-54, pero algo se torció: conoció a Lola Flores, la célebre cantaora flamenca. Lola Flores era un torbellino, conocida por sus amoríos. Había tenido una fuerte aventura con Biosca, central del Barça de cautivadores ojos verdes. Fue célebre una noche en la concentración de la selección, en que recibió la visita de Lola e invitó a dos compañeros a espiar desde el balcón de la habitación a través de la persiana entrecerrada. Les había dicho que le bailaba desnuda y ellos no le creían.

La escena se produjo y cuando ella se marchó, él castigó la incredulidad de sus compañeros dejándoles toda la noche en el balcón. Aquella relación terminó cuando al jugador le pareció que eso era lo más prudente. Biosca entendió que era incompatible ser futbolista con hacer la vida de noche, tablaos y juerga que imponía Lola. Esta se sintió defraudada y eligió a Coque «para darle celos a Biosca», como confesaría en sus memorias y en declaraciones posteriores. Y Coque fue presa fácil. Estaba prometido con su novia de Valladolid, pero retrasó la boda y entró en el torbellino de vida de Lola Flores. Dejó de jugar bien, obviamente.

La historia cedió cuando Lola Flores hizo una gira de la que regresó con un novio panameño. Coque recapacitó y se casó. Pero al inicio de la temporada 54-55 Lola despachó al panameño y Coque reanudó el carrusel de juergas. Su mujer se fue a Valladolid, abatida, mientras él se iba perdiendo definitivamente para el fútbol. Empezó a faltar a entrenamientos y el asunto tomó ya carácter público cuando el 16 de octubre el Atlético le expedientó por sus ausencias a los entrenamientos. Los compañeros se movían entre hacerle recapacitar o escucharle los prodigios de las fantasías sexuales de Lola, que les ponían los dientes largos. La prensa despachaba el asunto con sutiles insinuaciones.

Y de repente, Coque desapareció. Así, sin más. No fue a los entrenamientos ni esa semana, ni la siguiente, ni la siguiente… Nadie sabía dónde estaba, aunque se sospechaba. Lola Flores se había ido de gira a Sudamérica. Y, efectivamente, desde allí se informó de que un tal Gerardo Coque aparecía como productor del espectáculo de cante y baile de Lola.
Ya estaba en los 33 años. Mientras recuperaba la forma, le había alcanzado el tiempo. Remató su carrera en la 61-62 en la Cultural Leonesa, de nuevo en Segunda. Quedó última. Fin.
Volver arriba
Newsletter