Fue el 27 de mayo de 2025 cuando Azucarera anunció el cese de la actividad de su fábrica de La Bañeza y un Expediente de Regulación de Empleo (Ere) que afectaba a 160 trabajadores, dentro de un proceso de reestructuración «para garantizar la sostenibilidad del negocio a largo plazo y recuperar su competitividad en el mercado». La decisión suponía concentrar toda la molturación de remolacha del norte de España en la planta de Toro (Zamora).
La noticia cayó como un jarro de agua fría en La Bañeza, que veía cómo decía adiós a su principal motor industrial, generador de una importante actividad económica en la hostelería y en los negocios vinculados al sector agrario del municipio. También supuso un duro golpe para la provincia de León, la mayor productora de remolacha de España, que de la noche a la mañana perdía la última fábrica azucarera que le quedaba, tras el cierre años atrás de las plantas de Veguellina de Órbigo y León.
En aquel momento se sucedieron numerosas reivindicaciones: concentraciones de los empleados frente a las puertas de la planta bañezana, protestas en la plaza Mayor de La Bañeza, una movilización en León, una concentración frente a las Cortes de Castilla y León, así como numerosas reuniones del comité de empresa con prácticamente todas las administraciones públicas y con la propia compañía. Sin embargo, nada logró que Azucarera cambiase su decisión, condenando a la fábrica de La Bañeza a caer en el olvido.
En aquella lucha contra el cierre, uno de los máximos defensores de la supervivencia de la planta fue quien entonces era representante de UGT-Fica y presidente del comité de empresa de Azucarera en La Bañeza, Benigno Pérez. Pese a su firme empeño y al apoyo de los trabajadores, no pudo frenar los despidos y también tuvo que decir adiós a su empleo en la empresa.
Junto a Benigno Pérez, otro de los grandes defensores de la planta fue Miguel Santos, actualmente uno de los ‘supervivientes’ que forman parte de la quincena de trabajadores indefinidos que Azucarera mantiene en La Bañeza para asesorar a los agricultores sobre el cultivo y realizar labores relacionadas con el desmantelamiento de la fábrica.

«Frustración y resignación»
Ahora, un año después del anuncio del cese de actividad, Miguel Santos ejerce como delegado sindical de UGT-Fica en Azucarera y recuerda con «frustración y resignación» todo lo vivido. «El tiempo nos ha dado la razón de que la remolacha en León sí tenía futuro», sostiene. En este sentido, señala que «este año en la provincia de León se han vuelto a sembrar 5.000 hectáreas de remolacha de las 9.500 que tiene contratadas en total Azucarera, y sigue siendo la principal productora de España, pero, en lugar de molturarse en La Bañeza, se irán a Toro». «Esas cifras dan rabia porque sabemos que podían estar perfectamente en nuestro centro de trabajo y ser rentables, a pesar del momento de crisis de las empresas azucareras», añade.
A pesar de que estos datos podrían abrir una puerta a la esperanza para el futuro de La Bañeza, Azucarera ha apostado por centrar únicamente la molturación de remolacha en la planta de Toro, mientras que sus instalaciones de Jerez de la Frontera y Miranda de Ebro se dedican al refinado de azúcar de importación.
«Egoístamente, me alegra que León siga a la cabeza porque seguiré teniendo trabajo, pero me da pena que toda esta producción que generamos no se pueda transformar en La Bañeza y continuar con la buena actividad que teníamos aquí», lamenta Santos. En este sentido, recuerda que, tras el cese de actividad, unos 95 empleados fueron despedidos, otros 25 fueron trasladados a otros centros –Toro, Miranda de Ebro o la planta de envasado de Benavente– y alrededor de 15 se mantuvieron en La Bañeza. «Más todos los temporales y puestos indirectos que se han perdido», remarca.
Falta de apoyo institucional
Por ello, al comprobar que León mantiene su potencial remolachero, Santos ve con «tristeza» que todo el esfuerzo realizado hace un año, con movilizaciones y reuniones para evitar el cierre de la fábrica bañezana, no sirviera para revertir la decisión. «Las administraciones no hicieron casi nada para salvar la Azucarera de La Bañeza», asevera. A este respecto, reconoce que «es cierto que es una empresa privada», pero considera que las instituciones «podían haber hecho algo más para exigir el mantenimiento de la actividad, sobre todo la Junta, que creo que salió un poco a la prensa a cubrirse la cara y poco más». «Son los que más podían exigirles, por todas las ayudas que les han dado en estos años y porque las plantas están asentadas en nuestra comunidad», añade.
El delegado sindical de UGT-Fica considera que, «en aquel momento, desde la Junta, tanto desde las áreas de Agricultura como de Industria, pudieron hacer mucho más para que Azucarera aplicase un Erte en lugar de un Ere, aunque fuese durante uno o dos años, hasta que pasase el bache de la crisis del sector, porque viendo las cifras de la remolacha está claro que León tiene potencial». A su juicio, «desde la Junta no pusieron la suficiente fuerza ni las ayudas necesarias, como sí han hecho con otros sectores, como el del automóvil en Valladolid, donde se conceden subvenciones para que las fábricas sigan allí y no se pierda empleo. Aquí, lamentablemente, se dejó perder una industria con 150 empleos en campaña y una actividad que implicaba a cerca de mil personas, sumando agricultores y empresas de otros sectores».
Además, Santos confiesa que «duele más porque era la última Azucarera que quedaba en León, iba a cumplir 100 años en breve y se la dejó morir por falta de apoyo institucional». «Es una pena porque la remolacha probablemente sea uno de los cultivos que más actividad genera a lo largo del año en el medio rural, ya que hay que estar muy encima de él y mueve mucha actividad a su alrededor», enfatiza.
Pocas alternativas posibles
Lo que sí ve difícil es un futuro para la planta. «Es prácticamente inviable que haya una alternativa para reabrir la Azucarera de La Bañeza», afirma. «Hubo un par de proyectos que se habían planteado, pero para la empresa no eran viables. Si Azucarera vende las instalaciones, tendría que ser para algún proyecto de generación de biocarburantes, aunque también lo veo complicado», apunta Santos. En este sentido, detalla que «en principio está buscando opciones para darles salida y estudiar algún tipo de reutilización para almacenaje, pero no hay nada concreto».
De momento, con una fábrica parada y cada vez más desmantelada, una parte de los trabajadores utiliza un edificio para continuar con las labores de contratación y asesoramiento, a expensas de que puedan ser reubicados cuando finalice todo el proceso de desmontaje. Con añoranza por los buenos tiempos pasados, Miguel Santos solo exige a Azucarera, empresa para la que trabaja, «que siga apostando fuertemente por el cultivo de remolacha».


