El taller de Susana Valdés en León: donde los problemas se quedan en la puerta

La tiendina de la avenida San Mamés sirve de local de marquetería, de escenario para clases de pintura y de espacio creativo para su regente cuando no encuentra el tiempo suficiente en su propio hogar

11/08/2026
 Actualizado a 11/08/2026
https://youtu.be/-lN0gY8DVHw

Apenas hay espacio libre en la tiendina que ocupa uno de los locales de la avenida San Mamés. El acogedor estudio de Bellas Artes adquiere con el carácter suave de su regente la característica de pintoresco, llevándolo a la categoría privilegiada que concede a los lugares un bautismo más cercano.  

Y es que es seguro que quienes por aquí se pasan lo hacen a ‘donde Susana’ y no tanto a su nombre oficial. Tan seguro como que Susana Valdés, a todos ellos, les recibe con los brazos abiertos en un descanso de su tarea de marquetería que, por qué no, es un arte en sí mismo. «Es entre artesanía y un poquito de arte», considera la regente: «Ya no es solo venir y enmarcar simplemente, sino aconsejar al cluente qué color le puede quedar bien dependiendo de los tonos que tenga... Y hacer un poquito de todo».

El espacio donde Susana trabaja, imparte clases y crea cada uno de los días de su vida. FERNANDO OTERO
El espacio donde Susana trabaja, imparte clases y crea cada uno de los días de su vida. | FERNANDO OTERO

No es la única función que desempeña el establecimiento, que hace las veces de escenario para un taller de pintura. Que es, también, el lugar desde el que Susana pinta cuando no encuentra el tiempo necesario en su propio hogar. «La diferencia es que aquí estás a cinco cosas a la vez y atendiendo a los alumnos», explica la leonesa: «En casa estás más tranquilo; estás tú solo y puedes estar dos o tres horas sin interrupción».

De sus pupilos le gusta que «estén concentrados, que se relajen, que no tengan el concepto del tiempo». A su modo de ver, «los problemas se quedan fuera de la puerta y, en cuanto entran para adentro, ya no existen». 

Habla desde uno de sus ‘rinconines’. Así define Susana a los espacios que, sin contar con demasiadas dimensiones, le prestan la oportunidad de olvidar «el concepto del tiempo», siempre a caballo entre la enseñanza y la creación. «A ver, soy artista porque soy artista», dice sin darse demasiada importancia: «Pero soy muy sencilla; me gusta ser sencilla y ser una de ellos, una compañera más». 

Uno de los cuadros realizados por Susana en su taller. FERNANDO OTERO
Uno de los cuadros realizados por Susana en su taller. | FERNANDO OTERO

Muestra con entusiasmo los estores que son lienzo para dedicatorias y dibujos hechos por su alumnado y confiesa que eso es, precisamente, lo que más le gusta de este taller: «Tenemos una vinculación muy bonita que no trata tantro de profesor-alumno, sino de compañeros artísticos y creativos». El suyo propio –su taller– está en su casa y por eso tiene Valdés el corazón algo dividido: tangencialmente atravesado por un arte que la rodea en todas sus atmósferas. Allá donde vaya Susana hay paletas, colores, pinceles y superficies que se transforman en carboncillo, acuarela o técnica mixta. 

«Para mí es muy natural... Es que es mi forma de expresarme, yo siempre necesito un lápiz», revela la artista, que no tarda en volver a esos aprendices que son, al mismo tiempo, compañeros. «En cuanto abres la mente creativa, se expande muchísimo y tengo buena suerte de que mis alumnos me sigan el rollo», apunta: «Me encanta porque, además, ellos muchas veces me sacan de dudas sobre técncias que no se me habán ocurrido... Es súper divertido; es un ambiente que chispea».

Las chispas se intuyen simbólicas en sus resultados. Se palpan en este ambiente recogido en el que ya casi no cabe ni un alfiler. Todo por cortesía de una artista que lo es humildemente, mostrando en silencio sus obras en un espacio que es punto de venta y también galería. Y tan local de marquetería como de clases de pintura manejando la destreza del «quita y pon». En un espacio que es, sobre todo, un taller de talleres.

El espacio, dadas sus facetas, podría considerarse un taller de talleres. FERNANDO OTERO
El espacio, dadas sus facetas, podría considerarse un taller de talleres. | FERNANDO OTERO

 

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