El Paseo de la Condesa: un rincón al que le sienta bien la cotidianidad

Ajardinado y pavimentado en el año 1975, la zona sigue siendo escenario de paseos, encuentros y juegos que mantienen vivo el entorno del río Bernesga

27/09/2026
 Actualizado a 27/09/2026
Son muchos los leoneses que han convertido el Paseo de la Condesa en una parte indispensable de su rutina diaria. | SAÚL ARÉN
Son muchos los leoneses que han convertido el Paseo de la Condesa en una parte indispensable de su rutina diaria. | SAÚL ARÉN

Es en una muestra de cercanía, en un asomo de familiaridad, de la condesa que bautiza una de las zonas más ‘paseables’ de la ciudad los leoneses hemos terminado obviando el apellido. La cotidianidad de este rincón ha ido dictando la costumbre de llamarlo, simplemente, el Paseo de La Condesa.

Es el de la de Sagasta y no el de otra condesa por el estrecho vínculo de la poseedora del título, Victoria Esperanza Dolores Mateo-Sagasta y Vidal, con la capital provincial. Hija de Práxedes Mateo Sagasta –articulista del denominado ‘turnismo’ junto a Antonio Cánovas del Castillo–, la Condesa de Sagasta contrajo matrimonio con el leonés Fernando Merino Villarino; figura influyente en la política leonesa y farmaceútico de renombre cuyo apellido aún hoy puede leerse en la consabida farmacia de la Calle Ancha. Fue la relación entre ambos la que motivó al mismo tiempo el comienzo de los amistosos lazos entre León y esta mujer noble, que conoció la ciudad en la segunda mitad del siglo XIX.

No es de extrañar que la Condesa de Sagasta paseara entonces por el paseo que hoy lleva su nombre, aunque con las diferencias que –seguro– presentaría en aquel momento el mismo espacio. Y es que el las aguas del Bernesga fueran únicas habitantes de este enclave hasta que, a modo de protección, fue mandado construir un muro que abarcaría toda la extensión del paseo, inicándose en San Marcos hasta dar finalmente con el Puente de los Leones. No tardaría en erigirse una segunda tapia para la misma distancia alumbrando así la zona que hoy disfrutan habitantes y visitantes y que, desde 1975, luce ajardinada y pavimentada.

El Ayuntamiento ha proyectado la construcción de una pasarela sobre el río. SAÚL ARÉN
El Ayuntamiento ha proyectado la construcción de una pasarela sobre el río. | SAÚL ARÉN

Cuenta el leonés de Vidanes, Julián Villacorta Caballero, en su proyecto ‘Personas y calles’ que «al actual Paseo, se le conoció hasta 1955 como Caño de la Salud y Carrera de San Marcos» y que, «en algún tiempo, se identificó esta vía como Condes de Sagasta». La única certeza sin embargo es que hoy en día no hay vecino que se precie que no conozca esta zona como el Paseo de la Condesa o, más escueta, La Condesa.

Se dice de su homónima que llegó a ejercer el papel de una gran mecenas del arte. Igual por ello León ha querido rendirle homenaje a través de los matices artísticos que llenan de encanto el lugar. Lo primero con lo que se topa el transeúnte en la zona alta, a modo de carta de presentación, es con una obra que, quizá por tratarse igualmente de una forma vegetal de calendario, pasa algo desapercibida. Es el Monumento a los Reyes de León que, al tiempo que recuerda la declaración de esta urbe como ‘Cuna del parlamentarismo’ por la Unesco, rinde homenaje a los monarcas que antaño gobernaran estos lares. Lo hace a través de una vegetación que supera al conjunto de todo el parque abierto en términos de variedad. 

No muy lejos de esta especie de monumento selvático, se erige magnámico el templete de música que es seña de identidad del paseo y hace frente, precisamente, a la escultura de un arpa cuyas manos estáticas parecen dispuestas a hacerla de pronto sonar. Son multitud las tardes de verano que el Ayuntamiento de León saca a bailar a los mayores de la mano de su ‘Mayorteka’. Así, un miércoles estival a las siete de la tarde suena al ‘No rompas más’ de Coyote Dax con la voz de un músico que disfruta de un público entregado que se mece con ahínco. «Jolines tú, ¡qué bien se ha bailado eso!», se le oye declamar: «Gracias por ser tan marchosos y marchosas». Y continúa el paseante dejando atrás una melodía de Los del Río que recita «vente conmigo a la fiesta, la fiesta de mi ciudad».

El detalle es sugerente si se tiene en cuenta que habrán sido muchos de todos esos mayores bailarines los que acudieron en su juventud a la llamada festiva de las viejas ferias de San Juan, que hacían del entorno de esta especie de olimpo melódico todo un escenario para la celebración. Hoy quedan los vestigios de aquellos tiempos encarnados en las gentes que llenan de ritmo, a golpe de pasos y movimientos sincronizados, el sitio, que sigue adelante colorido entre rosaledas y castaños. Entre cipreses y cedros. Entre abetos, chopos y plátanos híbridos que se convierten en refugio inexorable para cualquier pardal.

A las rosaledas se suman cipreses, chopos, castaños, plátanos híbridos y todo tipo de variedades vegetales. SAÚL ARÉN
A las rosaledas se suman cipreses, chopos, castaños, plátanos híbridos y todo tipo de variedades vegetales. | SAÚL ARÉN

En una forma plástica de tributo a Maese Nicolás es como se presenta la pieza que desde noviembre de 2025 luce un aspecto renovado, fruto de las labores de mantenimiento y limpieza impulsadas desde la Concejalía de Desarrollo Urbano. Se trata de la ‘Ventana de luz’. Es obra del cántabro Ricardo Echegaray Fraile y, realizada en acero inoxidable, fue la ganadora del certamen de escultura ‘Ciudad de León’ convocado en 1982 por el Consistorio y la Diputación. A ella se suma, al final del paseo, el monumento a la Camara de Comercio e Industria de León.

Su presencia concede al lugar una estética museística que, aun así, no deja a un lado las comodidades que deben encontrarse en un lugar para la tranquilidad. Son numerosas las fuentes de agua potable, como también lo son los bancos que aportan un aspecto hogareño a un espacio que tiene también su propio baño público. Todo en una suerte de esbozo de la personalidad de quienes moran esta zona, cuya edad media supera habitualmente la de quienes transitan por Papalaginda, como si el Puente de los Leones hiciera las veces de brecha generacional para delimitar dos parques que, juntos, constituyen uno de los más amplios de toda la capital leonesa.

De perfiles más variados son los oriundos en la parte baja del paseo. La ribera del Bernesga no entiende tanto de brechas generacionales y transcurre entre un parque y otro sin apenas percibir el cambio. Por aquí continúan sus recorridos los ciclistas –por el carril bici habilitado– y corredores, sus paseos los ancianos y los niños, su pequeña travesía los animales siempre acompañados de sus dueños. Todo junto a un río para el que el gobierno municipal tiene proyectada una nueva pasarela. Todo junto a un río que es responsable de la bajada de temperaturas por esta zona tan agradable en días de calor.

Llegando a su término, llama la atención el mural dedicado al pueblo gitano afincado en la ciudad. A su lado, cada 8 de abril, celebra la comunidad el Día Internacional del Pueblo Gitano con la lectura de un manifiesto y otros actos que sirven para conmemorar la fecha y sacar lustre al pasado vetusto al que se remontan los orígenes de la etnia romaní. 

El carril bici habilitado en la zona baja del paseo, en la ribera del Bernesga. SAÚL ARÉN
El carril bici habilitado en la zona baja del paseo, en la ribera del Bernesga. | SAÚL ARÉN

No es el único punto de congregación del Paseo de la Condesa. Justo por encima, habiendo dejado atrás ya las escaleras, cobran protagonismo los campos de billar romano, petanca y bolos leoneses a los que cada día, desde hace varias décadas, acude Javier, que se hace cargo mantener las instalaciones cuidadas y limpias.

– Éramos ciento y pico– recuerda la cifra de jugadores que antaño solían pasarse por este rincón.
– ¿Ahora no sois tantos?
– Ahora la mayoría están bajo tierra. 

La respuesta es contundente, pero no tanto su gesto. Tampoco hay tristeza en sus palabras; si acaso, algo de nostalgia. Lo que a este minero jubilado que invirtió sus horas de actividad laboral en Santa Lucía de Gordón entristece verdaderamente es la falta de curiosidad de las generaciones venideras por el deporte autóctono. En ese discurso se embarca al sacarle el tema del relevo generacional. Cuenta, eso sí, que corren mejores tiempos para la petanca; que «todos los días van a jugar».

Javier acude cada día a este paseo de la capital provincial para cumplir con su cometido. Lo hace tranquilo, bajo los efectos de la calma que produce este lugar. Lo hace contento, también, como contento enseña las herramientas necesarias para entregarse a la práctica del deporte local a cualquiera que muestra el más mínimo asomo de interés. Lo hace cada día, desde hace varios años, como tantas otras gentes que han hecho de este espacio una parte indispensable de su rutina. Y es que al Paseo de la Condesa no puede sentarle mejor la cotidianidad.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído