Nada más poner un pie en Quintana y Congosto, la sensación de estar ante un escenario de posguerra se respira en cada esquina. Este pequeño pueblo de la comarca de la Valdería ha sido uno de los puntos más afectados por el incendio de Castrocalbón. Más de una semana después del inicio de las llamas, el olor a humo y el penetrante silencio se han adueñado de las calles del pueblo. Nada queda ya en Quintana y Congosto de la tranquilidad y la alegría estival que solían reinar en el municipio. Ahora, el sonido de desolación y tristeza resuenan en todos los lugares de un pueblo que tardará mucho tiempo en hacerse a la idea de la magnitud de la tragedia. Un antes y después para una comarca que ya venía luchando contra los efectos de la despoblación y que ahora tiene que hacer frente al impacto del que, según apuntan ya muchas fuentes oficiales, puede convertirse en el incendio más grande de la historia reciente de nuestro país.

Con todavía muy presentes en su memoria los recuerdos de las llamas y el sofocante calor que provocó el fuego, los vecinos relatan cómo fueron las horas previas a un desalojo que les obligó a huir a toda prisa de sus hogares. Sin la certeza de que el incendio no arrasaría por completo Quintana y Congosto, los vecinos acataron las órdenes de desalojo del municipio, no sin antes luchar "con todas sus fuerzas" por salvar el pueblo. Con el miedo aún en el cuerpo, los vecinos regresaron hace escasos días a la localidad para confirmar como cierto el peor de los presagios: el fuego había hecho añicos una parte importante de Quintana. "Cerca de 18 viviendas han sido dañadas", contabiliza un vecino en las inmediaciones de una de las construcciones más afectadas por el fuego. En su interior, se observa maquinaria agrícola valorada en miles de euros que ha quedado totalmente inoperativa. Solo el tiempo dirá si las ayudas que se están prometiendo compensarán las millonarias pérdidas que muchos vecinos ya han notificado a la Junta.
"Esto parece Bosnia"
Esta misma semana, los primeros técnicos de la Junta han llegado al lugar para evaluar la cuantía de los daños y marcar la hoja de ruta que se va a seguir en la zona para tratar de recuperar la normalidad lo antes posible. En principio, ya se han aprobado varios paquetes de ayudas de hasta 185.000 euros para la reconstrucción total de las viviendas afectadas por los incendios. Un primer paso para tratar de recuperar una normalidad que, desgraciadamente, nunca volverá a ser la misma en Quintana y Congosto. La muerte de Abel y Jaime, los dos jóvenes apresados por las llamas mientras trataban de salvar su pueblo, es una pérdida irreparable. "Las casas pueden volver, pero una vida humana nunca regresa", lamentan un grupo de vecinos que observan con pena la excavadora que este pasado jueves trataba de derribar las últimas paredes que aún quedan en pie de una casa calcinada.

Uno de los operarios destinados en la zona compara lo vivido en León con lo sucedido en Valencia hace meses con la Dana, en donde la empresa para la que trabaja ya estuvo presente tratando de ayudar en las tareas de recuperación. Dos zonas "marcadas por la catástrofe" que esperan con imperiosa necesidad el desembarco de unas ayudas "que no siempre llegan". "Todos sabemos lo que está pasando, pero nadie hace nada", critica. La sensación colectiva de que la tragedia se podría haber evitado si se hubiera actuado a tiempo sigue muy presente dentro de las quejas de los afectados, como así quedó claro en la manifestación que tuvo lugar en León el pasado lunes. Este operario zamorano cree firmemente que "desde los despachos no se puede gestionar el monte".
"Esto parece Bosnia". Así describía el desolador paisaje rural que ha dejado el fuego en su pueblo una vecina afincada en Gijón, pero con residencia en Congosto. La mujer, visiblemente apenada por todo lo sucedido, explica cómo fueron los instantes previos al desalojo. En cuestión de minutos, el fuego avanzó sin freno en dirección a la localidad. "Nadie pensaba que el fuego acabaría por llegar hasta Quintana", confiesa. Una auténtica pesadilla bañada en fuego que obligó a los vecinos a salir corriendo de sus hogares para salvar sus vidas.
Desolación en Genestacio
A escasos kilómetros de Quintana, Genestacio de la Vega fue otro de los pueblos de la comarca afectados por el fuego. Toda la vegetación que rodea a este municipio cercano a La Bañeza ha quedado totalmente calcinada y teñida de un color negro fruto del paso de las llamas por la zona. "Daría todo por salvar el monte", explica Jennifer, una vecina del pueblo que nos abre las puertas de su casa que, según cuenta, se salvó "de milagro" del fuego. "Estaré eternamente agradecida a mis vecinos", confiesa aliviada después de regresar a sus casa.

Pese a todo, las llamas han afectado a la parte trasera de su vivienda. Unos columpios y un invernadero se han llevado la peor parte. "Te da una impotencia terrible", admite a la hora de explicar las causas que hay detrás de un incendio que ya ha arrasado más de 55.000 hectáreas en todo León, una cifra que aún puede aumentar ante la aparición de nuevos focos. "Esto era un polvorín, mucho ha tardado en pasar", confiesa tras observar durante años como las tareas de prevención que han venido haciendo los habitantes del monte por siglos "ya no se pueden hacer". "Está todo lleno de una maleza que no te dejan limpiar", una crítica compartida por Jennifer y por muchos otros afectados que ahora buscan dar altavoz a sus quejas.