La Negrilla no tenía cita para la manicura: su uña pintada vuelve al color original

Han sido días intensos para la escultura de Amancio González, que ha recuperado su piel inmaculada de bronce gracias a la Concejalía de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de León

13/08/2026
 Actualizado a 13/08/2026
El antes y después de la limpieza de la Negrilla de Santo Domingo. | L.N.C.
El antes y después de la limpieza de la Negrilla de Santo Domingo. | L.N.C.

Agitada es la vida sencilla de la Negrilla, que, aun yaciendo estática en pleno centro de la capital leonesa, se ha visto sometida a varios cambios -en lenguaje artístico, intervenciones- durante los últimos días. Primero fueron las gafas para el eclipse de Carlos Cuenllas, que llamaron la atención de los viandantes con su color verdoso, poniendo un toque colorido a la simpática estampa. Después, como abriéndose la veda y esta vez sin pedir permiso, el único leonés verdaderamente inmortal y con piel de bronce, se convirtió en maniquí para un intento de manicura que acabó tiñendo de rojo una de sus diez uñas.

La escultura que habita la plaza de Santo Domingo no había pedido cita con ninguno de los muchos manicuristas que ejercen su destreza en locales de distintos y numerosos rincones de León. Pero hubo algún aficionado que se aventuró a macular esta obra que es fruto del genio creativo de Amancio González.

Esperaba el escultor que no fuera spray el utensilio escogido, una vez al tanto del oprobio acometido contra su querido 'retoño', tan querido también por todos los leoneses. "Pobre Negrilla", se lamentaba entonces, pero no duró mucho su lástima. El servicio de limpieza y restauración de esculturas de la Concejalía de Desarrollo Urbano del Ayuntamiento de León -indican desde el mismo- obró su magia y, con la uña de vuelta a su color natural, el artista de Villahibiera, seguro, respira ya aliviado.

El hecho en sí podría parecer no demasiado noticioso. Y si lo es, es por la personalidad consabida de una obra que ya es seña de identidad de la ciudad; hecha por un autor que, de un modo u otro, ha llevado -y lleva- la provincia a no pocos lugares de todo el mundo. Deja por ello esta corta odisea un mensaje: hay que respetar el arte y, más aún, el que habita y hace habitables nuestras calles.

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