De la mantequera leonesa a la parda alpina, ¿y viceversa?

Los años 70 del pasado siglo, la década de Fernando Rubio, fueron los de la casi desaparición de la raza mantequera leonesa ante la irrupción de la parda alpina, con el viento a su favor

27/10/2025
 Actualizado a 27/10/2025
La parda alpina fue promocionada como la más adecuada. | FERNANDO RUBIO
La parda alpina fue promocionada como la más adecuada. | FERNANDO RUBIO

Ya estamos en la época de las ferias de ganado; ya fueron las de Villablino, Boñar, Cármenes, Lugueros, Lillo... pronto será la de Riaño de noviembre, Vegacervera.... Y estas celebraciones, cómo no, tuvieron gran vigor en los años 70. Y ganado, que ahora empieza a escasear y muchas han ‘virado’ a citas multisectoriales. 

Esa evolución le provoca la primera reflexión a Fernando Rubio: «Fíjate que cuando abordamos cualquier tema de la década de los 70 siempre encontramos su gran influencia en el cambio de la sociedad. En el caso de la parda alpina, en el centro del tema de esta semana, supuso la casi desaparición de una raza autóctona, la Mantequera Leonesa. Ese casi olvidado nombre de raza bovina, trajo a mi memoria aquellos rulos de amarilla mantequilla de mi niñez y adolescencia, aquella mantequilla de Boñar que se guardaba en un recipiente con agua y que tenía un sabor único untado sobre un poco de pan y espolvoreado con azúcar. Es un viaje a los recuerdos de infancia y, hablando de Boñar, tienen que surgir los Nicanores o los cercanos Lazos de San Guillermo».

Pero ése es otro asunto, una derivada gastronómica que nos aleja de esa sucesión entre mantequera leonesa y parda alpina. Curiosamente también ha sido noticia reciente ese iniciativa para recuperar ‘la mantequera’ por diferentes ganaderos leoneses; uno de ellos, Flor y Bene, en La Sobarriba, fueron premiados en el Día de la Mujer Rural por el éxito de la recuperación que busca, de alguna manera, desandar un camino anterior, que documenta Rubio: «Antes de la masiva introducción de razas foráneas a mediados del siglo XX, la provincia de León albergaba una rica herencia zoogenética centrada en la Raza Bovina Mantequera Leonesa. Esta raza autóctona ocupaba históricamente las vastas áreas de montes y pastos del Norte y Oeste provincial. Su importancia económica era considerable, estimándose su población en 100.000 efectivos hacia 1900, distribuidos, además de la provincia de León, el norte de Palencia y Burgos hasta la Sierra del Caurel y Ancares en Lugo».

La Mantequera Leonesa fue la base de la industria láctea tradicional de la provincia. Su principal aptitud productiva radicaba en la elaboración de mantequilla, ya que producía leche con una excepcional riqueza grasa, característica altamente valorada en la época. Es fundamental notar que esta raza ya había sido objeto de programas de mejora genética local, cuyo origen se sitúa en el entorno de la Escuela Sierra-Pambley en Villablino, un proyecto activo entre 1883 y 1936 bajo la tutela de profesores como Juan y Ventura Alvarado. 

Pero llegó en los 50 y 60 la épica desarrollista, la de la búsqueda de la máxima productividad, la de la promoción de la importancia sin respeto a las razas autóctonas y... «se impusieron razas bovinas cosmopolitas especializadas en altos volúmenes de producción láctea. Las dos principales razas introducidas fueron la Frisona y la Parda Alpina (derivada de la Parda Suiza), las cuales eran vistas como la clave para modernizar las explotaciones y reemplazar las razas locales consideradas de bajo rendimiento».

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La parda alpina gozó de todo tipo de citas oficiales para su promoción contando con la bendición de organismos de toda "la oficialidad". | FERNANDO RUBIO

Olvidando, por ejemplo, que la Mantequera Leonesa estaba adaptada y especializada en la calidad de la grasa láctea para la mantequilla, y la Parda Alpina se introdujo para aumentar drásticamente el volumen total de leche, «priorizando la cantidad sobre la adaptación regional o la especialización histórica. La Parda Alpina ya había sido objeto de importaciones previas a principios del siglo XX con la intención de mejorar las razas autóctonas mediante cruces» y así la promoción institucional de la Parda tuvo su hito fundamental en 1971, «en la década de Fernando Rubio como fotoperiodista», quien recuerda cómo «La adopción de la Parda Alpina en León no fue un proceso orgánico, sino el resultado de una campaña concertada y legitimada por las principales instituciones políticas, científicas y económicas de la provincia. Este esfuerzo alcanzó su punto álgido con la celebración de un evento internacional en la capital leonesa.

La celebración de la ‘VII Conferencia Europea de Criadores de la Raza Parda Alpina’ en León en 1971 constituye un hito crucial. Este evento, de alcance continental, simbolizó la relevancia institucional y la prioridad política que se otorgaba a esta raza foránea en el esquema de desarrollo regional de León. «La conferencia funcionó como una plataforma de legitimación científica y política, solidificando la decisión de convertir la Parda Alpina en el eje de la zootecnia leonesa. Demostró, además, el compromiso financiero y logístico de la Diputación Provincial y de otras entidades colaboradoras». El presidente de la Diputación entre 1971 y 1979, Emiliano Alonso Sánchez-Lombas , hizo de la promoción activa de la Parda Alpina; también se sumó Antonio del Valle Menéndez, figura destacada de la elite empresarial leonesa (de la Hullera Vasco Leonesa); la Facultad de Veterinaria ofreció el aval científico, con un pionero clave en la validación técnica fue Santos Ovejero del Agua (1906-1983), un destacado veterinario con un amplio historial académico y profesional, incluido el estudio de la higiene animal y la lechería. La evidencia de su apoyo a la raza se encuentra en publicaciones específicas sobre ‘La raza parda alpina’. Completando el círculo el apoyo económico de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de León. 

Así, recuerda Rubio: «la mantequera leonesa quedó relegada a la producción de carne, reconvirtiéndose en una raza nodriza para la cría. Si bien carecía de un gran desarrollo muscular comparado con razas especializadas en carne,  era apreciada por la calidad de su carne y su capacidad maternal. El periodo que va de 1980 a 2012 es crucial para entender el destino de esta raza por la ausencia de Libro Genealógico Oficial»...

Por suerte, en el Censyra no desapareció la raza y así arrancó otro camino, el de la recuperación que sigue por buen camino... aunque queda camino.

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