Con un balón de fútbol y una media bola de bolo leonés pintada por él mismo con el santo de su pueblo, Cistierna. Así llega el sacerdote José Ramón Gago Bayón a su cita con este periódico para realizar un reportaje, en la iglesia de Garrafe de Torío, donde ejerce como párroco desde hace poco más de año, desde septiembre de 2025.
Los objetos elegidos para posar ante la cámara no son casualidad, sino que permiten entender buena parte de la personalidad de este cura, el más joven de la Diócesis de León a sus 28 años, que entrevistamos con motivo del Día de la Iglesia Diocesana, que este año lleva como lema ‘Dios cuenta contigo’ y que busca poner en valor la implicación de todas aquellas personas que hacen posible la actividad de la Iglesia.
El San Guillermo que este joven pintó en la media bola de uno de los deportes autóctonos más clásicos de la provincia representa bien su nuevo cometido en la Iglesia, ya que José Ramón ha sido elegido por el Obispado para poner en marcha la nueva Pastoral del Deporte, una iniciativa de la Conferencia Episcopal Española, que se está implementando poco a poco en todas las diócesis.
Con pasado en los aluches y el fútbol sala y una gran afición por deportes de raqueta, «como el Papa», José Ramón era el cura perfecto para desarrollar este proyecto, que tiene como objetivo «acompañar espiritualmente a los deportistas y evangelizar a través del deporte, que es una faceta más del ser humano y tiene un beneficio social y también para el propio cuerpo, para la persona», tal y como argumenta.
Boxeo, pádel, fútbol femenino...
Durante aproximadamente un año y medio, representantes de las distintas diócesis han mantenido reuniones en Madrid para definir los objetivos de esta nueva pastoral. Y ahora ha llegado el momento de trasladar ese trabajo al territorio y comenzar a desarrollar iniciativas concretas. Así, José Ramón ha comenzado a formar un equipo en el que participan personas relacionadas con disciplinas como el boxeo, el golf, la natación, el pádel o el fútbol sala femenino. Él es el único sacerdote del grupo, una circunstancia que considera especialmente positiva para dar protagonismo a los laicos en la actividad diocesana. Tampoco existe una edad límite. «Tenemos a una persona de setenta años que sale en bicicleta todos los días», añade el sacerdote.

Y José Ramón predica con el ejemplo. Entre misas, catequesis, encuentros con jóvenes y desplazamientos por los 22 pueblos que gestiona, entre los 15 de la unidad pastoral de Garrafe de Torío y otros siete en Villaobispo que comparte con otros sacerdotes, este joven cura también encuentra tiempo para ponerse las zapatillas de fútbol, coger una raqueta de pádel o acercarse a una bolera. «Allá donde hay un concurso de bolos, como este verano en Manzaneda, allí estoy», comenta. Y es que para él, la fe y el deporte tienen mucho en común. «En el seminario jugamos a fútbol todas las semanas. Y es que el cura tiene que hacer deporte, como cualquier otra persona, si quiere ser una persona humana plena. Al final lo que buscamos es el crecimiento integral de toda la persona», añade.
"En el seminario jugamos a fútbol todas las semanas. Y es que el cura tiene que hacer deporte, como cualquier otra persona, si quiere ser una persona humana plena"
José Ramón es uno de esos rostros que representan el presente y el futuro de una institución en proceso de renovación y que afronta el envejecimiento de sus sacerdotes, con la necesidad de encontrar nuevas formas de conectar con las generaciones más jóvenes, donde no sobran precisamente las vocaciones.
¿A fútbol, al bar o a misa?
La de este joven cura, sin embargo, despertó en él desde pequeño, en Cistierna. Todavía recuerda cómo le daba vergüenza reconocer ante sus amigos que iba cada domingo a misa junto a su abuela. «Cuando tenía ocho o nueve años, salir a jugar al fútbol con los amigos de allí del barrio, pero cuando llegaba la hora de misa les decía que marchaba a ayudar a mi tío al bar. Me daba un poco de vergüenza decirles que iba a misa porque ellos no iban», reconoce entre risas.
La realidad era que dejaba el balón, por un momento, para acercarse a la iglesia, donde ya participaba como monaguillo. «Mi madre, mi abuela, mis tíos... Todo ello ha contribuido a que yo fuera creciendo en la fe desde pequeño», explica. A ellos suma los profesores del colegio y a los sacerdotes que fue encontrándose durante aquellos años, especialmente a don Avelino, el párroco que le animó a ayudar por primera vez en misa y que todavía continúa su labor en Cistierna.
Su labor como joven de fe e integrado plenamente en la comunidad parroquial no se tradujo inmediatamente en una entrada en el seminario. José Ramón también tenía –y tiene a día de hoy– inquietudes académicas y artísticas, por lo que comenzó estudios universitarios con el doble grado de Historia e Historia del Arte. Su intención era convertirse en profesor. Sin embargo, como suelen decir los curas, Dios tenía otros planes para él. Así, estando todavía en la Universidad, su participación en las convivencias del grupo diocesano ‘Gente CE’ –dirigido a los adolescentes– terminó por acercarle al seminario.
Su papel en la Pastoral Juvenil
En ese grupo, del que hoy es el responsable y que forma parte de la Pastoral Juvenil, conoció a otros jóvenes, sacerdotes y seminaristas que le ayudaron a dar forma a una decisión que llevaba tiempo madurando. «A mi familia y a mis amigos más cercanos no le extrañó porque yo estaba todo el día en la iglesia», asegura. «Tengo amigos que son ateos o que no van a misa, pero siempre ha habido respeto por mi vocación y estuvieron en mi ordenación», destaca.
El 11 de mayo de 2025, con 27 años, José Ramón Gago fue ordenado sacerdote en la Catedral de León, convirtiéndose en el primer vecino de Cistierna que alcanzaba el sacerdocio en más de dos décadas. Un año y medio después, alterna su labor en la Pastoral del Deporte y en la Pastoral Juvenil con su papel principal como párroco de Garrafe de Torío donde afirma que la acogida de los vecinos ha sido muy positiva y que los parroquianos agradecen su disposición a impulsar nuevas iniciativas.
«La gente casi ahora adora que el cura sea joven, porque estamos tan acostumbrados a ver sacerdotes mayores que, al ver a alguien joven, con vitalidad y ganas de hacer cosas, se extraña», comenta. Y es que llega con iniciativa, porque ya está preparando un belén en Ruiforco dedicado al municipio, con elementos de la ribera del Torío, como edificios singulares o el tren de Feve, que además será benéfico a favor de Cáritas.
Los vecinos, los que cuidan las iglesias
Con 22 pueblos que atender como párroco, José Ramón alaba la labor de los vecinos, «que son quienes cuidan realmente de las iglesias y sin su apoyo, esto se nos vendría abajo», y explica que en Garrafe y Villaobispo la gente está acostumbrada a coger el coche para ir a comprar a León y, por tanto, también a misa. «Convoco en un sitio y la gente no le cuesta mucho desplazarse. Todos los pueblos les visito una vez al mes y luego vamos teniendo celebraciones rotativas por todos los pueblos. La Semana Santa la tuvimos en el Santuario de Manzanera. La Navidad la vamos a tener en Ruiforco. Y tuvimos la segunda asamblea parroquial, que es algo que también estamos empezando a hacer la Iglesia, para poner en común cómo ha ido el año en Pedrún del Torío», señala este joven párroco.
De forma paralela a su labor al frente de la nueva Pastoral del Deporte, como responsable grupo Gente CE, José Ramón también lleva el deporte por bandera. Explica que este grupo está compuesto por 35 jóvenes que participan en encuentros organizados cada quince días, a los que acuden adolescentes procedentes de distintos puntos de la diócesis. Las jornadas incluyen momentos de oración y catequesis, pero también juegos, futbolín, tenis de mesa, fútbol sala y baloncesto.
Se trata de crear un ambiente en el que los participantes puedan compartir inquietudes, hacer amistades y vivir su fe sin que todo gire exclusivamente alrededor de las celebraciones religiosas. Además, la diócesis ha recuperado los campamentos en La Vecilla, una experiencia «muy positiva» este verano.
"Si un joven ve a un sacerdote triste, que no tiene ilusión por lo que hace, va a decir: ¿para qué me voy a meter en ese tipo de vocación?"
José Ramón considera que este tipo de iniciativas son fundamentales para el futuro de la Iglesia, tanto para guiar espiritualmente a los laicos en su vida y en su profesión, como para generar vocaciones. «Al joven le tiene que atraer la vida de un sacerdote. Si ve a un sacerdote triste, que no tiene ilusión por lo que hace, va a decir: ¿para qué me voy a meter en ese tipo de vocación? Pero si encuentran sacerdotes con un testimonio de vida que les atraiga, eso sí ayuda», reflexiona.
¿Le queda tiempo libre? «Poco», se ríe. «Y el poco que tengo lo dedico a hacer deporte, a ir a fútbol, a los bolos... Y a estudiar, porque al final me terminé graduando en Historia del Arte y ahora estoy estudiando Geografía e Historia», explica. «Pero cada vez tenemos menos tiempo libre. Todavía estoy esperando las vacaciones, que no las he tenido desde hace más de un año», reconoce entre risas.
A sus 28 años, José Ramón Gago representa el sacerdocio juvenil de una Iglesia en renovación, que busca estar presente tanto dentro como fuera de las iglesias. Si ya lo decía Melendi, «me gusta el fútbol porque soy dios en casa por un día...» Y además con valores, porque el cura más joven de la Diócesis dice que celebra más «un gol del equipo contrario que del mío propio, porque igual lo mete alguien que es un poco más patoso y que había tirado mil veces a puerta y no había marcado ninguno». Eso ya es otra liga.
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