Julio Llamazares ha sido reconocido con el Premio Nacional de Narrativa por ‘El viaje de mi padre’, la obra en la que reconstruye el recorrido que su padre, Nemesio Alonso, tuvo que realizar desde León hasta Teruel durante la Guerra Civil. El galardón distingue uno de los libros más personales del escritor leonés, que convierte una historia familiar en el relato de toda una generación y, al mismo tiempo, en un viaje por la memoria reciente de España.
Es además un premio especialmente significativo por una circunstancia que el propio Llamazares ha repetido durante toda su trayectoria: nunca se presenta a concursos literarios. Siempre ha defendido que, si algún día recibía un galardón, tendría que ser uno al que no hubiera concurrido. El Premio Nacional de Narrativa responde precisamente a esa idea, ya que reconoce una obra publicada durante el año anterior sin que sus autores tengan que presentar candidatura.
‘El viaje de mi padre’ nació de una deuda que Llamazares arrastraba desde hacía años. Nemesio Alonso apenas hablaba de la guerra y, cuando lo hacía, sus hijos eran demasiado jóvenes para conceder a aquellos recuerdos la importancia que después adquirirían. Su muerte dejó preguntas sin respuesta y la sensación de que muchas historias se habían perdido para siempre. El escritor decidió entonces regresar a los lugares de la memoria y escuchar lo que todavía conservaban los paisajes.
Su padre tenía 18 años cuando fue enviado a la guerra. Junto a su compañero y amigo Saturnino, también estudiante de Magisterio y futuro maestro, se incorporó a Transmisiones y cargó con una pesada radio italiana. Desde la montaña leonesa emprendieron un recorrido que pasó por La Vecilla, Carrión de los Condes, Palencia, Venta de Baños, Valladolid, Aranda de Duero, Calatayud, Calamocha y otros muchos lugares hasta alcanzar el frente de Teruel. Después llegarían Castellón y la Sierra de Espadán, donde Nemesio estuvo a punto de perder la vida.
Casi 90 años después, Julio Llamazares volvió sobre sus pasos. Recorrió los mismos caminos durante los mismos meses del año, tratando de aproximarse incluso al frío, al calor y a las condiciones que soportaron aquellos dos muchachos. El escritor convirtió así el itinerario de su padre en su propio viaje, aunque entre ambos recorridos se extendiera casi un siglo de historia española.
El resultado va mucho más allá de una reconstrucción biográfica. ‘El viaje de mi padre’ cuenta la historia de España a través del tiempo, superponiendo el país de la Guerra Civil y el de nuestros días. Llamazares contempla los paisajes actuales, busca las huellas de lo sucedido y conversa con quienes todavía conservan relatos heredados de aquellos años. El pasado aparece de ese modo como una pátina que permanece adherida a los lugares, incluso cuando las trincheras han desaparecido y las viejas líneas ferroviarias han quedado abandonadas.
Saturnino resultó fundamental para reconstruir aquel itinerario. Sobrevivió dos décadas a Nemesio y pudo ofrecer a Llamazares detalles que su padre no había contado. Gracias a sus recuerdos, a algunos datos familiares y a la imaginación literaria, el autor recompuso el rompecabezas de un viaje que llevó a dos jóvenes leoneses a cruzar una España ensangrentada por una guerra que no habían elegido.
El libro es también un homenaje a Nemesio, a Saturnino y a toda una generación marcada por el conflicto y la posguerra. El padre de Llamazares perteneció al bando vencedor, pero regresó convencido de que en una guerra pierden todos salvo quienes la organizan y quienes hacen negocio con ella. Su propia familia fue un reflejo de aquella fractura: de cinco hermanos, tres combatieron en un bando y dos en el contrario, uno de ellos todavía desaparecido en alguna cuneta.
La concesión del Premio Nacional de Narrativa culmina la extraordinaria acogida que ha acompañado al libro desde su publicación. ‘El viaje de mi padre’ ha llevado a Llamazares a protagonizar numerosas presentaciones, ha ocupado durante semanas los primeros puestos de ventas y ha vuelto a confirmar su especial talento para un género, el de los viajes, que siempre ha considerado el origen de todos los demás.
El viaje obligado de un muchacho de 18 años se convierte así, casi nueve décadas después, en uno de los mayores reconocimientos de la literatura española para su hijo. Un premio al que Julio Llamazares nunca se presentó, exactamente como siempre había dicho que tendría que suceder.
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