"Cabrera tiene futuro si dejamos de verla en blanco y negro"

Iván M. Lobo, ingeniero industrial, empresario e investigador de la tradición, lleva más de dos décadas dedicado a documentar y divulgar el patrimonio cultural de Cabrera

José Manuel Roces
10/08/2026
 Actualizado a 10/08/2026
La pasión de Iván M. Lobo por defender la investigación de campo le ha llevado a recorrer, metro a metro, no solo la Cabrera, también otras comarcas. | L.N.C.
La pasión de Iván M. Lobo por defender la investigación de campo le ha llevado a recorrer, metro a metro, no solo la Cabrera, también otras comarcas. | L.N.C.

Graduado en Ingeniería Industrial y empresario, Iván Martínez Lobo ha compatibilizado siempre su actividad profesional con una intensa labor de investigación y divulgación del patrimonio cabreirés. Ha impulsado numerosas iniciativas culturales, desde exposiciones de pintura y fotografía hasta festivales, jornadas y semanas culturales, además de colaborar en la creación del Museo de Labranza de Cabrera, en La Cuesta. 
 
– La primera es obligada. ¿De dónde nace su interés por las tradiciones?
– En casa de mi abuela se reunían las vecinas para rezar el rosario y, cuando terminaban, comenzaban a contar historias. Aquellas conversaciones me fascinaban desde muy pequeño. En Cabrera llamamos serano a lo que en otros lugares son los filandones o calechos. Allí escuchaba leyendas, cuentos, recuerdos y relatos que me ayudaban a comprender por qué hablábamos como hablábamos, por qué los lugares tenían determinados nombres y por qué hacíamos las cosas de una determinada manera. Lamentablemente, esa transmisión oral prácticamente ha desaparecido. Hoy somos los investigadores quienes intentamos registrar y conservar esa memoria que forma parte de nuestra identidad colectiva.

– Lleva más de veinte años divulgando el patrimonio cabreirés. ¿Queda mucho por contar?
– Muchísimo. Cabrera continúa siendo una de las grandes desconocidas de León, aunque al menos ya no se habla de ella con los prejuicios de hace décadas. La comarca conserva un patrimonio excepcional precisamente gracias a su aislamiento histórico. No solo hablamos de tradiciones o cultura inmaterial, sino también de un patrimonio arqueológico, geológico y natural extraordinario. Un ejemplo evidente son los canales romanos y las antiguas explotaciones mineras del suroeste leonés, apenas presentes en las campañas de promoción turística, pese a que constituyeron una infraestructura minera de enorme importancia para el Imperio romano. De hecho, junto con Las Médulas, obligaron al traslado de una legión para proteger estas explotaciones y fueron uno de los motivos que dieron origen a la ciudad de León

– ¿Es optimista respecto al futuro de la comarca?
– Soy un soñador y siempre he pensado que las utopías sirven para caminar. Sin embargo, la historia reciente invita al pesimismo. Ya en los años setenta un informe de Cáritas proponía trasladar a la población y convertir la comarca en una reserva natural. Más tarde llegaron promesas políticas que nunca se materializaron: el patronato anunciado por Martín Villa, inversiones comprometidas por distintas administraciones o proyectos de desarrollo que acabaron olvidados. Hubo una iniciativa especialmente interesante: un plan de desarrollo participativo elaborado en el Ayuntamiento de Truchas con la colaboración de numerosos vecinos. Apostaba por un modelo basado en el patrimonio arqueológico, la valorización de los canales romanos, una industria pizarrera más sostenible y una ganadería de calidad. Tanto el Estado como la Junta prometieron financiarlo, pero el dinero nunca llegó. Aun así, sigo convencido de que la situación puede revertirse si existe verdadera voluntad.

– ¿De quién depende esa voluntad?
– Principalmente de los propios cabreireses. Tenemos una tendencia a situarnos siempre en los extremos: o se está completamente a favor o completamente en contra de cualquier asunto. Esa forma de entender la realidad impide avanzar. Yo defiendo la industria pizarrera porque genera empleo, pero también creo que debe evolucionar hacia modelos más sostenibles y eficientes. Del mismo modo, considero imprescindible proteger el patrimonio natural, pero eso no puede hacerse eliminando actividades como la ganadería extensiva; ambas deben convivir. La vida no es blanca o negra. Está llena de matices. Cuando entendamos eso podremos impulsar un desarrollo verdaderamente transversal. Lo más frustrante es que muchos de esos planes ya existen. Están redactados y guardados en cajones. Solo falta que las instituciones decidan ponerlos en marcha. 
 
– Suele decir que para conocer una comarca hay que descubrir el paisaje y también el paisanaje. ¿Qué quiere decir con ello?
– Muchas veces los visitantes contemplan el territorio como si observaran un documental o un zoológico tras un cristal. Conocer un lugar implica también hablar con quienes viven allí, comprender cómo piensan, cómo trabajan y cuáles son sus costumbres. Todos los museos etnográficos terminan pareciéndose si nadie explica el significado de los objetos que contienen. Nuestros mayores conservan un conocimiento inmenso sobre el territorio y estamos dejando que desaparezca. Siempre he defendido que las administraciones deberían impulsar iniciativas para registrar esa sabiduría popular, una especie de misiones pedagógicas a la inversa: no para llevar cultura al medio rural, sino para recogerla, conservarla y transmitirla antes de que sea demasiado tarde.

– ¿Puede la cultura generar oportunidades de desarrollo para Cabrera?
– Sí, siempre que se entienda como parte de un proyecto global. La cultura mueve en Europa más recursos económicos que sectores tan importantes como la industria química o la automovilística. Eso no significa que una comarca pueda vivir exclusivamente de su patrimonio cultural, pero sí que puede convertirse en un elemento clave dentro de un ecosistema económico más amplio. La cultura debe complementar a la industria pizarrera, a la ganadería, al turismo sostenible y a la conservación del patrimonio natural. Todas esas piezas deben funcionar juntas. Por eso sigo insistiendo en la necesidad de desarrollar proyectos transversales. Cabrera posee recursos suficientes para construir su futuro; solo hace falta la voluntad de ponerlos en marcha.

– ¿Cómo ha cambiado su forma de investigar desde aquellos primeros años?
– Muchísimo. Al principio uno simplemente escucha y toma notas, pero cuando empiezas a investigar de verdad descubres que existe toda una metodología científica detrás del trabajo de campo. Con el tiempo entiendes que una entrevista requiere preparación, sensibilidad y técnica. Hoy realizaría de forma muy distinta muchas de las encuestas que hice hace veinte años. Los cursos organizados por la asociación El Teixu sobre recogida de tradición oral han ayudado mucho a profesionalizar este tipo de investigaciones.

 

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Lo más leído