Cuando León se sentaba a la mesa del poder nacional

Los leoneses Rodolfo Martín Villa y Manuel Núñez Pérez fueron dos importantes ministros en la época de la Transición a los que Fernando Rubio fotografió, siguió y trató en su presencia en las campañas electorales como candidatos por León

22/06/2026
 Actualizado a 22/06/2026
Los dos políticos leoneses, ante una bandera de León. | FERNANDO RUBIO
Los dos políticos leoneses, ante una bandera de León. | FERNANDO RUBIO

Hace tan solo unos días que se celebró la entrega del galardón de Leonés del Año y entre los asistentes —como ganadores del galardón en alguna edición— destacaba la presencia de dos veteranos, ex ministros leoneses en la Transición: el más conocido Rodolfo Martín Villa y Manuel Núñez Pérez, que también ocupó ministerios y ostentó cargos de responsabilidad. Reparó en ellos Fernando Rubio, que los conoció y trató en la década de los setenta, que pudo ver de cerca a estos dos ex ministros hoy nonagenarios que mantienen una gran lucidez. «Habrá que hablar de ellos antes del descanso del verano», reflexiona Rubio.

- Habrá polémica, nos darán cera en las llamadas redes sociales. 

- Solo espero que no haya críticas extemporáneas ni fanáticas. Aunque me importa muy poco porque sólo demostrarían la ignorancia de los que, sin haber vivido aquellos años, opinan por personas o libelos interpuestos. Tuve la suerte de tratarlos y convivir con ellos y con sus familiares y comilitones en los inicios y puesta en marcha de esta democracia. Eso hace que mi archivo esté lleno de sus imágenes y me haya sido bastante difícil elegir tan solo unas pocas.

Recuerda Rubio a varios leoneses que tuvieron relevancia en la política nacional en el siglo XX, gente como Fernando Merino Villarino, Conde de San Bernardo, quien rigió los destinos del país como Ministro de la Gobernación entre 1910 y 1912 bajo el amparo de Canalejas; en los 30, en la dictablanda del General  Dámaso Berenguer sería el abogado y terrateniente Mariano Matesanz de la Torre, profundamente ligado a Grajal de Campos, quien ocupó la cartera de Economía; aparecen después la gestión técnica de Cirilo Cánovas en la agricultura de los años cincuenta y hasta la brillantez jurídica de Fernando Suárez González en el crucial Ministerio de Trabajo de 1975, a quien ya «dediqué en estas páginas mi respetuoso recuerdo», dice Rubio. Él fue, curiosamente, el primer Leonés del Año.

Y los siguientes en el repaso ya serían los citados Rodolfo Martín Villa y Manuel Núñez Pérez, de los que Rubio asegura que «no me tienen que contar lo que yo he vivido». 

Imagen Suarez y dos leoneses
Los dos políticos leoneses flanqueando al líder de su partido y presidente del Gobierno, Adolfo Suárez, ante una bandera de León. | FERNANDO RUBIO

Martín Villa y familia

Sobre el paramés Martín Villa, más conocido y también controvertido, recuerda Fernando cómo «en su caso  su presencia en mis carretes no solo respondía a la relevancia de sus altos cargos, sino a un arraigo familiar profundamente vinculado a la vida diaria y política de nuestra capital. Retratar a Rodolfo era, de alguna manera, prolongar la cercanía que ya existía con sus hermanos, Emilio y Luis Manuel, figuras activas y muy conocidas en la política local. A ello se sumaba el imborrable y afectuoso recuerdo de su hermana Teresa, cuya voz había acompañado a tantos leoneses como locutora en la inolvidable emisora La Voz de León antes de su prematura pérdida». 

Esas raíces compartidas creaban, reconoce Rubio, «una sintonía especial. Por eso, cuando el ministro regresaba a la provincia despojado del blindaje oficial de Madrid, el trato era de una naturalidad absoluta. Así lo dejé registrado en imágenes que hoy guardan una enorme carga emocional: el homenaje en su Santa María del Páramo natal o el momento en que recibió el galardón de Leonés del Año, arropado por los suyos y acompañado por uno de sus hijos. Era el estadista volviendo a ser el paisano, captado por una cámara que ellos sentían como propia». 

Núñez y la ruta de los pueblos

«Mi visor comenzó a familiarizarse con la silueta de Manuel Núñez Pérez en la primavera de 1977, cuando asumió el enorme reto de ser el cabeza de lista de la UCD leonesa en aquellas históricas elecciones constituyentes del 15 de junio», cuenta Fernando Rubio para recordar su primer contacto con el futuro ministro y añade cómo ese reto desencadenó «tener que echarme a la carretera y recorrer la inmensidad de nuestra geografía provincial, municipio a municipio. Fueron muchos kilómetros compartidos, de polvorientos caminos rurales y de mítines improvisados donde se explicaba la democracia a una ciudadanía que la estrenaba con timidez y esperanza». 

Dice Rubio que Manuel Núñez peleó cada voto pegado a la tierra, que hicieron muchos kilómetros juntos y «compartimos mesa y mantel, también confidencias de ruta y el cansancio de las jornadas con todos los miembros de aquella UCD leonesa», por lo que recuperar los negativos despierta en el fotógrafo «un poso de recuerdos imborrable». Y apunta un punto de conexión entre ellos:«Más allá de las siglas de la UCD y de la coincidencia en las listas electorales, el verdadero motor que unió a Rodolfo Martín Villa y a Manuel Núñez Pérez fue una profunda e inquebrantable amistad personal».

Y hay, inevitablemente, otro nombre que les une: Adolfo Suárez, el líder de su partido: «El vértice de esta crónica gráfica lo corona, sin duda, la presencia de Adolfo Suárez. Captar en un mismo encuadre a Martín Villa y a Núñez Pérez junto al Presidente del Gobierno no era una foto más; era el testimonio visual del protagonismo directo que León tenía en las decisiones que estaban cambiando el rumbo de España.

En esa instantánea que hoy rescato, el protocolo de Madrid se diluía en la complicidad de la campaña leonesa, mostrando la trastienda de una época donde la política se hacía de tú a tú, con una intensidad y una energía que el visor de mi cámara tuvo la fortuna de congelar para siempre».

Y concluye Fernando Rubio: «Yo estuve allí para verlo, para vivirlo, y para dejar constancia de que, cuando León se sentaba a la mesa del poder nacional, lo hacía con la cabeza muy alta y el orgullo de su tierra por bandera».

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