Después de unos viajando por el mundo de los sucesos viene bien desintoxicar saltando al de las fiestas. Y no las hay más tradicionales que las de San Froilán, llenas de viejos ritos repetidos que, sin embargo, dice Fernando Rubio «están en constante evolución». Para comprobarlo nos lleva, como cada semana, de viaje a los años setenta, los suyos, los de las cantaderas, en los que ni siquiera en fechas era igual...
«Es curioso que en 1970, el año de mi inicio en la prensa leonesa, la ceremonia de Las Cantaderas se celebrara el 15 de agosto, con la peculiaridad de que no hubo ni Cantaderas ni Sotadera. El hecho de coincidir con las vacaciones oficiales (algo desconocido en la antigüedad) deslució el acto y propició que se replanteara un cambio de fecha». Quién lo iba a decir, pero es sabido que para muchos las vacaciones son lo primero.
Este ‘despropósito vacacional’ tuvo otras derivadas, pues las fechas centrales de agosto son propicias a todo tipo de celebraciones —eso sigue igual— y así lo recogía la prensa de la época, como recuerda Fernando: «El Diario de León publicó un artículo titulado: «¡Qué barbaridad! Absurdo cóctel de Cantaderas y Majorettes», que hacía referencia a la actuación anacrónica de ambas danzantes en el mismo espacio, la plaza de San Marcelo».
Así fueron los setenta una década de cambio de fec has buscando la más apropiada. En 1972 se trasladó la celebración al 29 de junio, dentro de las Fiestas de San Juan y San Pedro. Un año después, en 1973, en esa misma fecha y por primera vez en la historia, una mujer, María del Carmen Arias Feijoo, teniente de alcalde, actuó como síndico municipal defendiendo las posiciones del Ayuntamiento leonés, a las que se opuso el canónigo Epigmenio Berzosa. En 1976, volvió a celebrarse el 15 de agosto, coincidiendo con la Asunción... Hasta que, «en 1979, el año de mi despedida de la prensa leonesa y conocido como el ‘año de los tres alcaldes’, la celebración se hizo coincidir con las Fiestas de San Froilán. En 1986, Juan Morano consideró que la ceremonia ganaría mayor vistosidad y relevancia si se integraba en las Fiestas de San Froilán, que congregan a un mayor número de leoneses y visitantes en la ciudad». Y el tiempo le ha dado la razón.

Ha hablado Rubio del año de los tres alcaldes, que los hubo en medio de una gran turbulencia política. Lo inició Óscar Rodríguez Cardet, que venía de la etapa anterior; después llegó el fugaz paso de Gregorio Pérez de Lera (PSOE), que sería descabalgado pocos días después de San Froilán y llegó al sillón municipal Juan Morano, desde el 21 de octubre.
Entre los ritos de estas fechas, muy seguidas por los leoneses, destaca la singularidad y controversia del mito del tributo de las 100 doncellas... Dice Rubio que «ésta es la fiesta de la liberación del humillante y vergonzoso tributo de las 100 doncellas (50 nobles y 50 plebeyas) que, de tomar el mito por verdadero, hubiera supuesto la entrega de más de 5.000 vírgenes del reino asturleonés durante los 61 años (783 al 844) que estuvo en vigor. Esto es significativo, teniendo en cuenta que la población del reino asturleonés se estima como máximo en 100.000 almas, de las que unas 2.000 residían en la ciudad de León».
Entre las muchas descripciones, reflexiones... hay una reciente, de 2022, de una mujer, nuestra colega Susana Vergara, realmente bella y comprometida, bajo el título de ‘ La rebelión de las Cantaderas’: «Nunca se doblegaron ni se convirtieron al Islam. Esa fue su rebelión. Y ellas, las auténticas Cantaderas No las que se celebran este domingo, el primero antes de San Froilán, en el claustro de la Catedral sino mujeres que fueron entregadas siglo y medio después de la leyenda para satisfacer a Almanzor Fueron dadas como oferta por sus propias familias para apaciguar al temido califa Eran plebeyas, hijas de reyes, novicias o monjas. Del Reino de León las llevaron a pie hasta Córdoba, como esclavas, para integrar el harén y ser ‘esposas secundarias’, concubinas del califa Ni su padre ni sus hermanos negociaron para ellas un estatus superior. Fueron oferta, el tributo cumplido de las Cien Doncellas Algunas no olvidaron nunca León. Casi ancianas, regresaron al viejo Reino, donde fueron repudiadas por sus familias y sus conventos. Entonces, pidieron justicia, que no clemencia, al rey».

Fernando Rubio indaga en las fechas más significativas de esta tradición de cuestionada veracidad: «Según la leyenda medieval popularizada por cronistas del siglo XIII como Lucas de Tuy (Chronicon Mundi), el tributo tuvo su origen en el reinado del rey asturiano Mauregato (783-788). (...)El pago, que experimentó interrupciones (como la del rey Alfonso II el Casto, 791-842), fue reclamado con vehemencia por los musulmanes ante la supuesta debilidad de su sucesor, Ramiro I (842-850). (...) La versión más difundida narra que el rey Ramiro I se negó al pago y desafió a las tropas musulmanas. El enfrentamiento culminó en 844 con la milagrosa aparición del Apóstol Santiago a caballo (Santiago Matamoros) en la Batalla de Clavijo, lo que aseguró la victoria cristiana y el fin del yugo...».
Y bueno parece cerrar el repaso, nada exhaustivo, con una cita de un grande de la literatura, Lope de Vega que en ‘Las famosas asturianas’ (c. 1612), muestra la cobardía de los hombres al permitir el pago del vil tributo en una frase de uno de los nobles:
- ¿Qué importan cien mujeres si por negarlas mueren cien mil hombres?
Esta actitud se contrapone más adelante en la obra, donde las propias doncellas, como la valerosa Doña Sancha, alzan la voz, prefiriendo la muerte a la entrega, y desafían a los hombres a luchar, oponiendo a los moros la idea de que «cien doncellas / son cien chuzos y cien lanzas».
Y la historia continuará.
