Valdepiélago: donde las piedras aún susurran libertad

Montuerto, Aviados y Otero narran la historia de un valle que fue tierra de realengo y símbolo del autogobierno durante más de tres siglos

26/06/2026
 Actualizado a 26/06/2026
Restos de la fortaleza erigida en Montuerto. | AYTO. VALDEPIÉLAGO
Restos de la fortaleza erigida en Montuerto. | AYTO. VALDEPIÉLAGO

Existen lugares donde la historia no duerme bajo tierra, sino que permanece suspendida sobre las montañas. Valdepiélago es uno de ellos. Sus castillos, hoy convertidos en ruinas o transformados en palacios, siguen contando la historia de un valle que hizo de la libertad una de sus mayores señas de identidad.

La historia del municipio montañés está ligada a la Real Encartación de Curueño. Tras siglos bajo la jurisdicción del obispo de León, a finales del siglo XVI pasó a ser territorio de realengo. Sus vecinos adquirieron la condición de nobles, obtuvieron jurisdicción propia, pudieron elegir a sus autoridades y quedaron exentos de impuestos y del servicio militar, un privilegio que se mantuvo durante trescientos años.

Fortaleza de las conspiraciones

Suspendido sobre el camino que conduce al puerto de Vegarada, el castillo de Montuerto vigilaba desde las alturas el paso natural entre montañas. A sus pies todavía sobreviven vestigios de la antigua calzada romana, como si el Imperio hubiera dejado marcado para siempre el sendero.
Pero las piedras de Montuerto esconden historias aún más antiguas y turbulentas. Algunas fuentes sostienen que entre estos muros la reina Jimena de Navarra, esposa de Alfonso III el Magno, conspiró junto a sus hijos para destronar al monarca y dividir el reino entre los tres herederos. Una intriga palaciega digna de las grandes epopeyas medievales.

Con el paso de los siglos, Alfonso IX entregó la fortaleza como parte de la dote de doña Berenguela, y más tarde pasó a manos del comunero leonés Ramiro Núñez de Guzmán, señor de Toral de los Guzmanes y Aviados durante el reinado de Carlos I.
 

El bastión inexpugnable

Si existe una fortaleza legendaria en Valdepiélago, esa es la de Aviados. Levantada a finales del siglo XI sobre una impresionante roca caliza prácticamente inexpugnable, llegó a ser considerada uno de los castillos más sólidos y seguros del antiguo Reino de León. Tres recintos amurallados abrazaban un poderoso torreón rectangular que dominaba todo el paisaje.

Entre sus muros encontró refugio la reina Urraca I durante algunos de los episodios más convulsos de su agitado reinado. Más tarde sufriría la destrucción ordenada por Pedro I el Cruel y el desmoche impuesto por los Reyes Católicos, pero jamás perdió su carácter de símbolo del poder señorial.

Vista de los restos del castillo en Aviados. AYTO. VALDEPIÉLAGO
Vista de los restos del castillo en Aviados. AYTO. VALDEPIÉLAGO

A finales del siglo XIII pasó a formar parte de la antiquísima casa de los Guzmanes. La historia quiso, sin embargo, que cambiara de manos durante la Guerra de Sucesión Castellana. En 1467, el pretendiente Alfonso confiscó los dominios de Gonzalo Núñez de Guzmán y entregó Aviados a Diego de Quiñones, conde de Luna.

El destino volvió a girar cuando los Quiñones apoyaron a Juana la Beltraneja y los Guzmanes se alinearon con Isabel la Católica. La victoria de esta última devolvió el castillo a sus antiguos propietarios, demostrando que las piedras también participan en las guerras de los hombres.

El castillo que desafió al tiempo

Mientras Montuerto y Aviados sobreviven entre ruinas cargadas de leyenda, en Otero de Curueño el pasado continúa levantando orgullosamente la cabeza. Allí se alza el castillo-palacio de los Álvarez de Acebedo, conocido popularmente como la Casona de los Tovar, una construcción privada que conserva intacta buena parte de su esplendor renacentista.

Su historia comienza con María de Ordás, quien al contraer matrimonio con un miembro de la familia Álvarez Acebedo en el siglo XVII terminó otorgándole la identidad con la que ha llegado hasta nuestros días. Sin embargo, sus orígenes se remontan a mediados del siglo XV.

La Casona de los Tovar, en Otero de Curueño. AYTO. VALDEPIÉLAGO
La Casona de los Tovar, en Otero de Curueño. AYTO. VALDEPIÉLAGO

El edificio mantiene un robusto torreón heredado del antiguo castillo medieval y una capilla propia dedicada a la Santísima Trinidad. En su fachada sobresale un extraordinario conjunto de seis escudos heráldicos, acompañado por molduras, rosetones y balcones que hablan del prestigio de quienes habitaron sus salones.

 

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