El maletín siempre va preparado en el maletero del coche. Un día toca una residencia de mayores; al siguiente, consulta en Cerezales del Condado o Villanueva; después, alguna jornada en León. Para Nathael Lago, la carretera forma parte ya de la consulta. Hace más de dos años decidió cambiar la seguridad de un trabajo estable en Ponferrada por una forma muy distinta de ejercer la podología, más cercana, más itinerante y, sobre todo, más humana.
No fue una decisión improvisada. Él y su mujer, Carmen Fernández, farmacéutica, apostaron por comenzar una nueva etapa en Vegas del Condado, donde ella asumió la farmacia de la localidad. Aquello obligó a reorganizar también la vida profesional de Nathael, que pronto descubrió que en el medio rural existía una necesidad creciente de atención podológica y, al mismo tiempo, una manera muy especial de entender la relación entre sanitario y paciente.
Su vinculación con la profesión viene de lejos. Formó parte de la primera promoción de Podología que salió del Campus de Ponferrada, una titulación que contribuyó a consolidar la formación universitaria de numerosos profesionales leoneses. Desde entonces ha desarrollado una amplia trayectoria clínica, siempre ligada al cuidado del pie, hasta llegar a un momento en el que decidió cambiar de rumbo para acompañar el proyecto familiar.
Hoy reparte su tiempo entre las residencias de mayores de la comarca, las consultas semanales en distintos pueblos de la ribera del Porma y su colaboración algunos días con la Clínica del Pie Esther Sanmartín, en León, además de contar con una clínica en Cistierna, una de las principales localidades donde desarrolla su actividad este profesional que cuenta con una cartera de clientes fieles, lo que se convierte en el mejor síntoma de su calidad. Son kilómetros y kilómetros de carreteras locales, pero también decenas de historias personales que han terminado dando un sentido diferente a su trabajo.
Porque, como él mismo explica, la podología rural tiene poco que ver con la de una gran ciudad. «Aquí muchas personas no solo necesitan que les cuides los pies; también esperan que te sientes un rato a hablar con ellas». En muchos casos, la visita del podólogo supone uno de los pocos contactos personales que mantienen durante la semana. Por eso cada consulta acaba siendo mucho más que un tratamiento: se convierte en una conversación, una revisión completa y un momento esperado por quienes viven solos o tienen dificultades para desplazarse.
Ese trato tan directo exige tiempo y vocación. Nathael reconoce que es una forma de ejercer la profesión que «te tiene que gustar mucho», porque cada paciente requiere una atención completamente personalizada. La confianza acaba formando parte del tratamiento y explica que, con el paso de los meses, las visitas dejan de ser las de un profesional sanitario para convertirse casi en las de alguien de la familia.
Paralelamente, continúa ampliando su formación. Actualmente está realizando el doctorado, convencido de que la investigación y la actualización constante son imprescindibles para seguir ofreciendo la mejor atención posible en una disciplina que ha evolucionado enormemente durante las últimas décadas.
También lo ha hecho la percepción social de la podología. Recuerda que durante años existía la falsa creencia de que el podólogo era simplemente un «callista». Hoy la realidad es muy distinta. La población conoce mucho mejor la importancia de la salud del pie para prevenir lesiones, mantener la movilidad y mejorar la calidad de vida, especialmente entre las personas mayores o quienes padecen enfermedades como la diabetes.
Sin embargo, todavía observa asignaturas pendientes. Una de las principales es el intrusismo profesional, una práctica que considera especialmente peligrosa porque pone en manos de personas sin la formación adecuada tratamientos que pueden tener consecuencias importantes para la salud de los pacientes.
A pesar de esas dificultades, no duda cuando habla del cambio que dio junto a Carmen Fernández. Encontró en Vegas del Condado mucho más que un lugar donde vivir. Encontró una comunidad que valora la cercanía, el tiempo dedicado a cada persona y una manera de ejercer la sanidad en la que el componente humano resulta casi tan importante como el conocimiento técnico. Y en Vegas, en toda la comarca, aprecian y valoran a este joven matrimonio que ha dado un nuevo aire a la farmacia del pueblo y que si por algo se caracterizan es por su trato humano. Sirva como ejemplo que Carmen decidió abrir durante toda la noche su farmacia la madrugada en la que las llamas devoraron la cercana localidad de Castro del Condado, para ayudar en lo que pudiera a vecinos y voluntarios que luchaban contra el fuego.
Al final de la jornada vuelve a guardar el instrumental en el coche y pone rumbo al siguiente pueblo. Mañana habrá otros pies que cuidar y otras historias que escuchar. Porque en el medio rural, Nathael Lago ha comprobado que un podólogo no solo ayuda a caminar mejor. Muchas veces también acompaña.
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