La Asociación de Castañicultores Tres Valles, que agrupa a productores de Vega de Valcarce, Balboa, Barjas y Trabadelo, afronta una nueva etapa después de que su hasta ahora presidente, José Luis Peña, haya puesto fin a casi once años al frente de la organización. No lo hace, asegura, por falta de ganas de trabajar, sino por el convencimiento de que el esfuerzo de los productores no ha encontrado durante todo este tiempo el respaldo institucional que considera necesario.
«Después de 10 años, creo que demostrando apuestas y trabajo, he notado y reclamo el apoyo de instituciones de todo tipo», explicaba Peña antes de poner su cargo a disposición de la asociación. La situación ha terminado por llevarle a apartarse de la primera línea de una organización que nació con unos 25 socios y que todavía mantiene entre 25 y 30 productores dedicados a la venta de castaña, además de otros seis asociados que no comercializan su producción "la verdad es que no se ha ido nadie", dice.
En total, Tres Valles reúne alrededor de 50 hectáreas de sotos, una superficie que, según Peña, no ha conseguido crecer durante estos años. Y ahí sitúa uno de los principales problemas para garantizar el relevo generacional. «Si no puedes ofrecer nada, la gente se cansa», sostiene.
Once años de reclamaciones
Durante su etapa al frente de la asociación, Peña asegura haber reclamado de forma reiterada un plan específico de apoyo al sector del castaño en la zona. Una demanda que, a su juicio, cobra todavía más sentido después de años de plagas, enfermedades, malas campañas y abandono de los sotos "pero sentimos que estamos abandonados como asociación. Yo siento esa falta de apoyo", resume ahora.
Entre las necesidades que plantea se encuentran cuestiones muy concretas para los productores, como disponer de maquinaria para limpiar los sotos, triturar la madera o realizar trabajos de poda, además de recursos para hacer frente a las enfermedades que han afectado al castaño durante los últimos años.
Peña lamenta que incluso propuestas planteadas directamente a las administraciones no hayan terminado de materializarse. Entre ellas, un convenio con el Ayuntamiento de Vega de Valcarce para poder disponer de maquinaria municipal que facilitase los trabajos de limpieza de los sotos.
También dirige sus críticas hacia la Mesa del Castaño, de la que considera que no se han atendido suficientemente las necesidades específicas de los productores de esta zona, y hacia unas ayudas que, según explica, no siempre han tenido en cuenta la realidad de pequeñas agrupaciones como Tres Valles.
«Nadie nos ha dado nada», resume al hacer balance de estos años.
La asociación llegó a registrar en 2016 una producción cercana a los 50.000 kilos de castañas y tenía entre sus objetivos alcanzar los 100.000 kilos. Hoy Peña reconoce que resulta difícil saber hasta dónde podría llegar la producción, precisamente por la falta de cuidados y el deterioro de algunos sotos.
«Necesitamos que las instituciones den valor al castaño, porque ese valor no se puede perder», reclama. Y ese valor, insiste, no se limita a la producción agrícola. Los sotos forman parte del paisaje y del patrimonio de los pueblos, pero también pueden desempeñar un papel en la prevención y propagación de los incendios forestales, especialmente en un territorio donde el abandono de las superficies rurales se ha convertido en una preocupación creciente.
La petición de los castañicultores es, por tanto, que las administraciones no se limiten a actuar cuando llegan los problemas, sino que exista una planificación continuada para mantener los sotos en condiciones.
«No se está apostando por ello. Llevamos 10 años intentándolo», sostiene Peña, que considera que hacen falta «más decisión y planes de ejecución reales».
La paradoja de esta nueva etapa es que el sector afronta un escenario que podría ser algo más favorable. Peña apunta que este año se prevé una buena campaña y que los castaños muestran signos de recuperación después de las plagas que han condicionado las últimas temporadas. Pero esa mejoría no se está traduciendo todavía en un repunte de la actividad.
«Les da miedo», explica al hablar de los jóvenes que podrían incorporarse al sector. La incertidumbre sobre la rentabilidad, la falta de medios y la ausencia de garantías sobre el futuro hacen difícil que las nuevas generaciones apuesten por el cuidado de los sotos. Por eso, para Peña, la palabra clave es precisamente futuro. «Los jóvenes no van a apostar por un sector que no saben si tiene ese futuro», advierte.
La nueva gestora
Tras la salida de Peña, la asociación ha quedado en manos de una gestora encabezada por Balbina Mancebo Quiroga, que deberá afrontar ahora el reto de mantener viva la organización y decidir sus próximos pasos. Peña es vocal en ella con la intención de ayudarla en lo que necesite.
Una de las primeras propuestas pasa por sentarse con los compradores de castaña para conocer qué posibilidades tiene la producción de la zona y buscar fórmulas que permitan poner en valor la castaña de los Tres Valles.
Peña confía en que la asociación pueda seguir adelante, aunque considera imprescindible que haya nuevas personas dispuestas a asumir responsabilidades. En su despedida de la presidencia insistía precisamente en la necesidad de incorporar «gente nueva, joven y con ilusión para seguir apostando». Porque, pese al hartazgo, no considera que todo el trabajo realizado durante estos años haya sido en vano. «El trabajo está ahí y el futuro, creo que también. Debería», señalaba.
Y deja una última reivindicación que resume el espíritu con el que afrontó su etapa al frente de los castañicultores: que cuidar el castaño deje de verse únicamente como una actividad productiva y se entienda también como una forma de conservar el territorio, mantener vivo el medio rural y proteger el monte.
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