Las podas son fundamentales para las plantas. Lo saben bien quienes se dedican a ello, especialmente aquellos que trabajan con árboles, perales y manzanos del Bierzo adscritos a los sellos de calidad, y que cada año se enfrentan a este trabajo que es vital para lograr la cosecha deseada.
La comarca cuenta con unas 800 hectáreas de frutales, unas 550 de pera conferencia, 90 de manzana reineta y el resto de otras variedades de manzanas, que cada año requieren de cortes y limpiezas precisas para que los frutos vuelvan a brotar con salud y con los tamaños adecuados que requiere el mercado.
Una labor que se prolonga durante meses, con el objetivo de abarcar toda la extensión, y en la que trabajan muchas personas que, cada vez, necesitan más conocimientos.
“Es uno de los procesos más importantes, por no decir el más importante. Es el inicio de la campaña”, explica el presidente de la ABAAsociación Berciana de Agricultores, Dani Franco, quien subraya que la poda es clave tanto para la cosecha actual como para las futuras.
Con la poda se eliminan ramas secas, se dejan las nuevas y se da forma al árbol para que las frutas broten en las mejores condiciones. “El árbol se renueva”, añade. No es una tarea sencilla y requiere aprendizaje progresivo.
Franco desmonta algunos mitos: “Hay quien dice que hay que podar según la luna, pero yo digo que hay que hacerlo cuando se puede”. Eso sí, recuerda que lo ideal es actuar cuando el árbol está en parada vegetativa, sin movimiento de savia.
Sin embargo, las condiciones climáticas no siempre lo permiten. Este año, el adelanto del calor ha provocado que los árboles comiencen a brotar antes de finalizar la poda. “Los que tenemos mucha extensión no tenemos más remedio que seguir”, reconoce.
Trabajo técnico
La poda es un trabajo altamente técnico que requiere experiencia y criterio propio. “Cada agricultor tiene su estilo”, asegura Franco, aunque insiste en que hay conceptos básicos imprescindibles, como diferenciar las yemas de hoja y de fruta.
“Eso es principal. La de hoja es más puntiaguda y la de fruta más redondeada”, explica.
A partir de ahí, entra en juego la previsión: imaginar cómo crecerá el fruto, su exposición al sol o la carga del árbol. “Si hay demasiadas frutas, serán más pequeñas”, apunta.
El mercado ha obligado a cambiar las técnicas: “Ahora se buscan frutos más grandes. Consumimos por la vista”, señala, lo que ha llevado a realizar podas más cuidadas y selectivas.
Además de dar forma, la poda permite eliminar ramas enfermas, como las afectadas por el fuego bacteriano.
El proceso continúa en verano con el clareo manual, eliminando exceso de fruta para asegurar calidad. “La clave empieza en la poda”, insiste Franco.
Las herramientas
Las herramientas también han evolucionado. Hoy predominan las tijeras de batería, más eficientes que las manuales o de aire comprimido.
A ellas se suman serruchos y productos de desinfección, especialmente importantes ante enfermedades.
Franco lanza un mensaje claro: “La agricultura ha cambiado mucho”. Por eso anima a perder el miedo al campo, destacando que es un trabajo bien remunerado y cada vez más tecnificado.
Los trabajos de poda finalizan en abril, aunque este año han sufrido retrasos por las intensas lluvias y las dificultades para acceder a algunas fincas.
“El tiempo siempre manda”, concluye Franco, recordando que el sector está acostumbrado a adaptarse a condiciones cambiantes.