"Mi memoria es la memoria de la nieve. Mi corazón está blanco como un campo de urces". Este primer verso de 'Memoria de la nieve’ (1982) es seguramente una de las citas más repetidas de la literatura actual. Tal vez con aquel otro de ‘La lentitud de los bueyes’:"Yo vengo de una raza de pastores que perdió su libertad cuando perdió sus ganados y sus pastos". Hay grandes escritores, poetas de larga militancia en el género de los que es complicado encontrar un poema que repita el gran público. Y Llamazares tan solo publicó estos dos libros de poesía... su idilio con los lectores se fraguó pronto. Y se consolidó, hasta ese Premio Nacional que acaba de recibir, y en él tiene sentido lo de recibir pues ha repetido una y cien veces que jamás se presentará a un premio. Otra cosa es que se lo den. Y depende quien pues es de sobra conocido que ha renunciado a algunos que le quisieron dar, pero la coherencia es uno de sus mandamientos y tal vez buena parte del misterio del idilio de lectores y Llamazares, que muchas veces va más allá de la propia literatura.
"En los años de Gorete los cuentos servían para decir lo que los periódicos y la radio callaban"
"El mundo rural como tal, como lo recordamos y lo vivimos, ya no existe en la actualidad"
En estos dos poemas de sus dos primeros libros ya aparecen algunos de los elementos fundamentales de su obra, la memoria y la nieve, que vienen a ser uno pues muchas veces ha explicado que la nieve es la metáfora de la memoria. Yotras muchas ha confesado que "la mejor novela de cada uno es su memoria. En mi caso la nieve es la materia de la que se nutren los recuerdos, resplandeciente y efímera, que aparece y se destruye, como un iceberg que surge resplandeciente y brillante y que en cuanto le da la luz del sol, se derrite, se destruye. Por eso la llevé pronto al título de uno de mis libros, Memoria de la nieve".
"Aquellos vecinos de Vegamián que tuvieron que irse son los desterrados del siglo XX, los sin tierra. En el éxodo de aquellos paisanos veo similitudes con la historia de los judíos"
"La visión del valle de Vegamián cuando desembalsaron fue como encontrarme ante el cadáver de mi pueblo y eso te marca, aunque solo hubieras vivido allí dos años"
Y cuando acude a estos recuerdos suele repetir una de esas frases suyas que parecen sorprendentes pero él la cree firmemente por lo que simboliza: "Lo mejor que he escrito es la dedicatoria de Escenas de cine mudo: A mi madre, que ya es nieve. Todo lo que cuento en sus páginas se va a convertir en nieve, un polvo blanco y helado que se destruye con el paso del tiempo".

Ylo ha ido demostrando paso a paso, novela a novela ese juego novela, memoria, nieve lluvia amarilla, Luna de lobos, El río del olvido, Distintas formas de mirar el agua... y el galardonado 'El viaje de mi padre', que no solo es un viaje a la memoria de su padre, el maestro don Nemesio, también una vieja deuda que le llevaba golpeando muchos años de manera implacable como si se la debiera a un fondo buitre.

Yen ese viaje a la memoria, donde arranca todo, está Vegamián, el pueblo donde nació, ahogado bajo un pantano, que de alguna manera le marcó aunque explica que apenas tiene recuerdos y vivencias en aquel pueblo, al que de alguna manera ha regresado en ‘Distintas formas de mirar el agua’. "El regreso es algo muy complicado. Todos conocemos gente, tenemos amigos, que han pasado la vida soñando con regresar a su pueblo, a su infancia... y cuando lo logran se dan cuenta de que no es el mismo lugar, que no son exactamente de allí, hasta el paisaje es diferente, casi son unos extraños. En mi caso ni era posible el regreso como tal pues nos fuimos con tan solo dos años pues al comenzar las obras mi padre pidió otro destino y nos fuimos a Olleros, un valle minero, el de Sabero, otro mundo. Lo que sí tengo claro es que aquellos vecinos de Vegamián que tuvieron que irse son los desterrados del siglo XX, los sin tierra. En su éxodo veo similitudes con la historia de los judíos. Cuando expulsaron a los sefardíes muchos se llevaron la llave pensando que volverían;en Vegamián muchos vecinos cerraron la puerta y se llevaron la llave sabiendo que jamás volvería a aquella casa, pero es como un símbolo".
"En las historias de mi infancia los maquis eran como héroes"

Antes de este libro reciente había regresado Llamazares cuando vaciaron el pantano, en 1983, para su relato de El Filandón, la película de Chema Sarmiento, allí sí reconoce un golpe de realidad diferente. «Iba con Sarmiento, ni sabíamos que habían vaciado el pantano y el avistarlo, al salir de la curva vimos el fantasma del valle de Vegamián;una especie de paisaje del fin del mundo, mudo, sin sus colores naturales, ni tan siquiera había pájaros. Aquella visión del valle de Vegamián fue como encontrarme ante el cadáver de mi pueblo y eso, indudablemente, te marca, aunque solo hubieras vivido allí dos años. Es como si la primera vez que ves a tu padre lo que ves son los restos mortuorios que van a enterrar".
De ahí a Olleros de Sabero —Escenas de cine mudo—, los veranos y vacaciones en La Matica —El río del olvido—y las conversaciones como telón de fondo en la huerta de don Nemesio, con un tema que le enganchó, los maquis, los Arias, la historia de Gorete, a quien pudo conocer, Eufemiano El Topo de La Mata... de lobos. Lo ha dicho muchas veces, "los maquis son los grandes olvidados de la llamada transición".
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