La situación agraria en el contexto internacional no pasa por sus momentos más tranquilos. La aprobación de la Comisión Europea para dar comienzo a las colaboraciones con Mercosur ha abierto un debate público interesante en el que Asaja tiene mucho que decir, al igual que su balance de su 40 aniversario, la modernización del regadío en la provincia o el futuro de la remolacha tras el cierre de la Azucarera en La Bañeza.
– Asaja cumple este año su 40 aniversario y el balance imagino que sea necesariamente positivo.
– Sí, es un balance positivo porque hace cuarenta años no había nada y nuestra organización fue creciendo desde el primer día y durante muchos años fue y es la principal organización agraria de la provincia, donde las organizaciones tienen un gran peso y aquí prácticamente todos los agricultores están asociados. Nosotros tenemos más o menos el 50%, por los servicios que damos, por los socios que tenemos y porque hemos ganado todas las elecciones agrarias con mayoría absoluta desde 1997, pues, evidentemente, eso es un éxito. Y claro, el éxito de una organización hay que medirlo por lo que nosotros le aportamos a los agricultores y a los ganaderos y eso cada uno lo dirá y lo valorará a su manera. Aquí trabajamos actualmente 25 personas. El único que se dedica a la política agraria soy yo, los demás se dedican a trabajar para dar servicios fiscales de tramitación de ayudas, de seguros agrarios… La esencia de la organización son los éxitos que nosotros conseguimos y hemos conseguido en materia de política agraria y yo creo que han sido muchos y que quizás los hayamos vendido mal, porque es verdad que ahora hay una generación de jóvenes que lo primero que preguntan es qué hemos hecho y te hacen responsable de lo malo que tiene este sector.
– ¿Con qué se quedaría de todo lo que ha vivido en estos 40 años?
– Yo me incorporé con cargo de responsabilidad en junio del 86 y voy a cumplir los 40 años aquí dentro de tres o cuatro meses, así que yo, que de una manera u otra he estado ahí con la máxima responsabilidad, me tengo que quedar con lo bueno que haya ocurrido en el sector, porque no puede ser de otra manera. El sector clarísimamente se ha modernizado y es más productivo y competitivo de lo que era, las fincas y las vacas producen más y todo está más tecnificado. ¿Y cuál es la parte mala? Pues hombre, lo malo es que por el camino se han quedado las personas y explotaciones porque el sector se ha estrechado muchísimo, es decir, producimos más pero con muchísimos menos y eso es lo que a mí me gustaría que no hubiera ocurrido, me gustaría ver los pueblos llenos de gente y llenos de agricultores y hoy tenemos pueblos vacíos con muy pocos agricultores. Tenemos una agricultura que exporta al conjunto de España y León produce productos agrícolas o ganaderos que salen al exterior en un mercado globalizado.
– Hace días conocíamos que Huesca había desbancado a León como el principal fabricante de maíz, ¿volverá León alguna vez a liderar esa estadística?
– La verdad es que no puedo discutir ese dato porque lo tendría que mirar, pero estaríamos hablando de unas distancias ínfimas y posiblemente Huesca en su estadística tenga producciones y rendimientos más altos y con menos hectáreas tiene mayor producción que León en un año determinado, pero esto no va a ser algo fijo porque nuestra superficie de maíz varía de unos años a otros. Todavía estamos introduciendo nuevos regadíos como en la superficie de Payuelos y es potencialmente productora de maíz, por lo que sin ninguna duda León va a seguir siendo la principal provincia productora de maíz de España, independientemente de que puntualmente Huesca nos supere. Ninguna provincia a medio plazo va a superar a León en la producción de maíz.
– Las obras de modernización son fundamentales para el desarrollo del sector primario en la provincia.
– Sí, todo lo de la modernización de regadíos es mejorar lo que tenemos para producir más, mejor y ser más competitivos. Ha sido un acicate impresionante en la provincia y hoy nadie lo discute porque todas las comunidades de regantes quieren que se haga la obra, pero vamos al ritmo que nos permiten los presupuestos del Estado y de la Junta. Vamos despacio, pero el dinero público es el que es y nosotros estamos satisfechos con la inversión que se ha hecho en los últimos años en modernización de regadíos. La otra parte es el desarrollo de nuevos regadíos, que en León lo asociamos con Riaño y particularmente con Payuelos. Por desgracia, hace muchos años que se cerró Riaño y desde que se hicieron las primeras obras públicas lamentamos que fuera con retraso, pero ya podemos decir que se está cerrando el mapa: ya hay acuerdo político para actuar en lo que no está hecho y estamos hablando de que en tres o cuatro años está todo terminado y eso ha sido un gran avance. Estamos haciendo 40.000 hectáreas de nuevos regadíos que cuando nosotros nos incorporamos a la Unión Europea era un secano malo que producía poco y mal.

– ¿Esas son las principales inversiones que quedan pendientes aquí en la provincia en materia agrícola?
– Sí y lo que queda es fundamentalmente la zona de Castrotierra de Valmadrigal y Vallecillo, que ya está encargada por el Estado la empresa pública Traxa y será una cuestión de dos o tres años. ¿El tema de la modernización? Ya vamos muy por encima del 50%, pero todavía queda. La obra más importante que queda y que está bastante retrasada son todos los regadíos del Esla desde Villalobar hasta Benavente. Ahí no se ha actuado nada, son unas 30.000 hectáreas y en la parte de las vegas del Órbigo también queda bastante por modernizar. Queda todavía una parte importante, pero no ha ido mal.
– ¿Se está sacrificando el campo en Europa en favor de acuerdos comerciales con zonas que no cumplen las mismas exigencias sanitarias y medioambientales?
– Hemos tenido que cambiar el discurso de las fronteras y exportaciones porque la vida evoluciona y uno no puede estar anclado siempre en lo mismo. Siempre defendíamos los aranceles, que lo que venga de fuera que no nos haga competencia porque si no hay aranceles ni barreras nos arruinan. Ese era nuestro discurso. ¿Por qué lo hemos cambiado? Porque Europa y particularmente España ha cambiado, nosotros somos un país en este momento excedentario en la producción de alimentos, producimos más de lo que consumimos y si producimos más de lo que consumimos la única forma de seguir produciéndolo es sacándolo fuera y para eso hay que abrir fronteras. Por eso lo que no podemos es decir es que nos las abran para exportar, pero que nos las cierren para importar. Nuestro discurso ahora tiene que ser la globalización, que queremos salir fuera a vender lo que tenemos y tenemos que ser más eficientes que los demás para producir todavía más de lo que estamos produciendo. Pero ese discurso va contra nosotros si en otras partes del mundo producen con otras normas más laxas de las que tenemos aquí, por lo que eso de la globalización nos vale, pero a la vez queremos introducir ese elemento de que lo que entre en Europa y en España se produzca en aquellos países con las mismas normas y exigencias que tenemos aquí. Esto está en el debate y ya se hablado en el Consejo de Ministros de Agricultura en Bruselas porque Macron, que está muy presionado por los agricultores, ha sacado una norma por su cuenta en la que los alimentos que ven que entran en Francia de terceros países, se van a someter a un control para comprobar que efectivamente se han producido con las mismas normas de calidad que se exigen en Europa. A lo mejor eso es un gesto político y no va a ningún lado, yo creo que esa decisión la tiene que tomar Europa, que no va a ser fácil ejecutarla pero en eso es en lo que estamos, en que haya una globalización donde cada uno compita con sus fortalezas y sus debilidades, pues nosotros aquí tenemos más tecnología y en Argentina por ejemplo tienen más hectáreas. Bueno, nosotros aquí tenemos la mano de obra más cara, allí más barata, o que nuestros trabajadores son más currantes que los de allí, lo que sea, pero que las normas desde el punto de vista medioambiental, desde el punto de vista de la salud pública, que sean las mismas. No puede ser que aquí nos retiren medicamentos o nos retiren productos sanitarios porque perjudican al medioambiente o lo que sea y sin embargo, en aquellos países lo que se ha dejado de utilizar aquí, que es efectivo, lo utilicen allí y después nos vengan los productos para aquí.
Es lo que se llama un poco las cláusulas espejo en nuestro argot. Ese es el discurso, que es uno que en este caso nos lo ha copiado también el gobierno español porque el ministro Luis Planas durante estas legislaturas ha hablado mucho de esto, pero después no se lleva a cabo. Se comparte, pero no se ejecuta. Por lo tanto, España clarísimamente es un país exportador de alimentos, tenemos una balanza comercial agroalimentaria positiva y mejorando cada año y comiendo la merienda a grandes potencias como Francia, que ha querido vivir de las rentas y se ha estancado un poco.
– En un sector que siempre tiene que conjugar las incertidumbres en todos los sentidos, una de las cuestiones principales entre los agricultores y los ganaderos es Mercosur, ¿cómo crees que puede afectar esto a los profesionales leoneses del campo y cuál es la postura de Asaja?
– Volvemos a lo mismo, ¿cómo me posiciono yo si por un lado estoy diciendo que los mercados tienen que ser globalizados? Bueno, pues nuestra postura está clara: si estamos a favor de la globalización estamos a favor de Mercosur, lo único que está pidiendo todo el sector agrario europeo y no nos está siendo fácil conseguirlo son esas garantías de que se apliquen esas cláusulas espejo para que las normas sean homologables.
Si eso fuera así nosotros no tendríamos ninguna objeción, pero no estamos viendo que haya garantías de que vaya a haber unas normas homologables en cuanto a la producción.
– ¿Es motivo suficiente la reducción del 22% de la financiación a la PAC para volver a salir a las calles? ¿Cómo afronta eso el sector?
– Bueno, esta reducción ha sido una de las principales críticas que hemos hecho al marco financiero plurianual que está pendiente de aprobarse y a la reforma de la PAC que se presentó en el mes de junio en Bruselas. Ya el día que se presentó estuvimos manifestándonos en Bruselas, yo estuve allí como es lógico, y en el día 18 de diciembre que hubo una reunión de consejos de jefes de gobierno y se debatieron estas cosas también estuvimos allí manifestándonos. A nivel europeo hemos dado respuesta ya en dos manifestaciones en los últimos seis meses en Bruselas a todo el paquete de lo que se propone y en particular a esta reducción de presupuestos. La presidenta Von der Leyen presentó hace unos días una carta a los ministros de Agricultura y de Economía haciendo algunos cambios en ese marco financiero plurianual y ofreciendo un paquete de 45.000 millones de euros más para la PAC. En definitiva, algo se está moviendo a favor de lo que estamos reclamando. Por lo tanto, a tu pregunta es una gran preocupación. Estamos respondiendo a la medida de nuestras posibilidades y de nuestras obligaciones con protestas que seguramente las habrá también aquí en el ámbito más doméstico. Yo estoy seguro que eso vamos a conseguir mejorarlo, pero bueno, vamos a ver hasta dónde lo mejoramos.
– Es decir, que aquí puede haber tractores por las calles en breve.
– Sí, yo creo que las va a haber. Primero, a ver cómo lo cuento. En este momento, parece que una movilización la puede convocar cualquiera. De hecho, hace dos años hubo una experiencia de que alguien se juntaba en una cafetería y convocaba una tractorada y al día siguiente estaban en León. Bueno, eso podrá seguir ocurriendo y todos los ciudadanos somos muy libres de hacer lo que creamos conveniente conforme a las normas que tenemos. Yo primero parto de que el sector se defiende desde las organizaciones y tenemos la suerte de tener un sector organizado y tenemos que defendernos desde las estructuras que tenemos. Creo que hay que movilizarse cuando hay razones de peso para ello y no independientemente de que llueva o haga sol. Y que hay que hacerlo, además, en los momentos más convenientes porque la movilización permanente no existe. Uno sale un día, hace ver a la ciudadanía y al poder político su descontento y ese es el objetivo, que se vea que hay un descontento por algo y que se pide un cambio de política. Eso siempre es algo puntual, nadie se moviliza permanentemente. Eso es lo que no tiene sentido y lo que no se entiende. Por lo tanto, la respuesta es que yo creo que este momento en el que se está negociando la PAC y negociando el marco financiero por sí solo es una razón muy de peso para que haya movilizaciones. Y yo creo que las va a haber. Creo que se deben de convocar a nivel nacional y en eso estamos. Y cuando se convoquen a nivel nacional, León, que tiene un peso agrícola importante y unas organizaciones muy bien estructuradas e importantes, nos pondremos de acuerdo todas y haremos algún acto de protesta importante. Repito, porque es un momento en el que, políticamente, nuestra actuación puede hacer cambiar las cosas para mejor, no porque toque o no porque sea el mes de enero y febrero y no sea una cosa que hacer, pues lo venimos a que nos vean los tractores por León. Cuando convoquemos las organizaciones, las cuatro organizaciones que hay en la provincia de León, cada una con su peso, lo haremos porque vamos a entender que podemos conseguir mejoras en el sector.
– ¿Cuál sería el balance de Asaja de la actual Consejería de Agricultura y qué demandan para la próxima legislatura?
– Es difícil enjuiciar esta legislatura porque el actual consejera entró a la mitad y antes hubo otro que no tenía mucho que ver con ella. Es cierto que es el mismo ejecutivo, pero provienen de dos partidos políticos distintos con consignas hasta ideológicas distintas. En materia de gestión política yo creo que no ha habido nada relevante, pero tampoco han hecho nada especialmente negativo. En cuanto a la gestión política, la gestión de las ayudas y al funcionamiento administrativo, nosotros creemos que es mejorable, pero también es la consejería que mejor funciona en toda España y para nosotros es mejorable. Estamos permanentemente insistiendo en las cosas que no van bien, pero nos cuesta mucho avanzar en ese sentido. Tenemos que ser más exigentes y vemos lo que no funciona, lo decimos, lo criticamos y lo exponemos, pero a veces es verdad que se nos puede tapar la boca con algo tan simple como que los demás lo hacen peor. Y eso es verdad. Es decir, la consejería que más pronto tramita las ayudas y hace los pagos, históricamente, es la de Castilla y León. Por lo tanto, si somos más afortunados que otros, pues vale, pero nosotros trabajaremos para que se gestione todavía mejor los servicios que se nos dan. Después, es verdad que hemos contado con la consejería como aliada, hasta ahora, para defender una postura común con respecto a la PAC y no podemos discrepar. Hemos firmado un documento conjunto con todas las organizaciones y estamos de acuerdo, pero claro, es fácil para una consejera estar de acuerdo con el sector cuando son cuestiones que no decide ella y las decide un comisario que está en Bruselas, pero otra cosa sería ponernos de acuerdo para cuestiones que sí fueran de su competencia, que eso a lo mejor sería más difícil porque, al final, la consejera se debe a un gobierno y un gobierno se debe a un partido. Es evidente que, en este momento, tanto al PP como al PSOE les está costando hacer una crítica al marco financiero de la UE y a la reforma de la PAC. ¿Por qué? Porque de una forma u otra ambos grupos políticos están cogobernando en Europa.¿Y quién critica a Europa? Pues los extremismos que no están en la gobernabilidad: los de la extrema derecha y los de la extrema izquierda. Son los únicos que están criticando la gestión. Ya nos gustaría a nosotros que no hubiera ese marcaje político y que pudieran decir lo que nos interesa a los españoles sin pensar que le deben esa fidelidad a la presidenta.
– ¿Notan más interés político en tiempos de precampaña? Hace unos días se vio, por ejemplo, a Santiago Abascal vestido de campo en Extremadura.
– Vox ha visto en el campo un granero de votos y esto se ha descubierto en los últimos años. Esa es la realidad y por eso cuando ha entrado en los gobiernos ha pedido las consejerías de agricultura. Si alguna vez entra en el gobierno nacional va a pedir el Ministerio de Agricultura porque entiende que en el sector agrario hay mucha gente, fundamentalmente muy jóvenes, que simpatizan con su ideología y esa situación la conoce el PP aquí. Tanto ellos como el PSOE saben que su rival en el campo es clarísimamente Vox y ellos sabrán qué es lo que tienen que hacer para atraer a un electorado que se le fue. No sé cuándo ni por qué, pero se le fue. Y yo creo que uno de los cometidos que le ha encomendado Mañueco a la nueva consejera es revertir esa situación, que imagino que se habrá empeñado en hacer las cosas bien, pero no sé si conseguirá algo.
– El sector de la remolacha en León, después del cierre de la azucarera de La Bañeza, está condenado a desaparecer. ¿Cree que puede resucitar de alguna manera en alguna otra materia las instalaciones de la azucarera?
– Yo creo que las instalaciones de la azucarera van a quedar como las de Veguellina, que ahí no se va a hacer nada ni por parte de la empresa ni de una tercera empresa. Es obvio que va a ser así y con la remolacha yo creo que la cuestión no es si va a desaparecer en León, porque yo creo que si desaparece en León es porque desaparece en toda España y aquí no tenemos mucho más riesgo de que desaparezca que en otro sitio. Pero si el cultivo se sostiene por sí solo, yo creo que nosotros vamos a ser tan competitivos y más que cualquier otra provincia para seguir sembrando remolacha. La cuestión va a ser esa. Si la industria española, las dos industrias que existen, una es una cooperativa y otra es una industria privada, pues la cuestión será si tendrá capacidad para poder competir en el mercado global y ofrecer a los productores un precio competitivo. También dependerá de si hay voluntad política para seguirla apoyando. La remolacha se está sosteniendo artificialmente con dinero, tiene una ayuda por encima de otros cultivos que es absolutamente desproporcionada y sin esa ayuda no se sembraría en ningún sitio de España. Por lo tanto, digamos que es un cultivo que se sostiene a base de subvenciones públicas y la decisión de si va a ver remolacha o no va a seguir dependiendo de si se va a seguir manteniendo una ayuda tan excepcional a este cultivo. Si no fuera por eso, no se sembraría absolutamente nada.
– ¿Y por qué hay ese interés en mantener ese cultivo?
– Porque durante muchísimos años firmábamos acuerdos interprofesionales, y fuimos capaces de convencer a todo el mundo de que la remolacha era un cultivo social y que alrededor de la remolacha había mucho más que remolacheros. De aquella había labores que se hacían a mano, había obreros para sacar la remolacha, las fábricas tenían un montón de empleados, en campaña trabajaba mucha gente, los camiones andaban todo el día por la carretera transportando remolacha… Era un cultivo social y no se podía caer, pero claro, en el momento en que van cerrando fábricas eso tan social se ve más lejos. En León eso se explicaba bien cuando había una azucarera o dos y muchos empelados, pero cuando ya no hay azucarera y en Castilla y León solo quedan dos, eso ya se explica mal. Aun así, seguimos vendiendo ese mensaje y por eso está tan subvencionado, no porque si no producimos aquí el azúcar nos íbamos a morir de hambre, porque si no el azúcar vendría de otro sitio. Además, hoy cualquier consejero o ministro no quiere ser el responsable de cerrar el sector y pone el dinero público que le haga falta para que no digan que él cerró el sector cuando gobernaba. Es lo mismo que lo del lúpulo, que en León mueve 4 millones de euros, es decir, nada, y aun así nadie querría que desapareciera el lúpulo porque le apuntarían con el dedo como a un traidor. Además, estamos haciendo el informe de final de año y el sector agrario y ganadero va a facturar este año casi mil millones de euros. Hay cultivos que por lo que sea tienen un impacto en la política agraria y esa es la película de la remolacha, nada más. Y te lo digo yo que la tengo. Es una vergüenza la subvención que me dan por sembrar remolacha. Si me la quieren seguir dando seguiré sembrando, pero claro, con ese dinero podemos poner aquí lo que tú quieras. El maíz sería rentable y si a mí me dan 1.000 euros por hectárea en cualquier cultivo que siembre, vamos, capitán general. Sin embargo, con remolacha no lo soy. La siembro, pero bueno, se está sujetando exclusivamente con subvenciones.
– ¿Cómo se explica que León lidere la incorporación de jóvenes al campo a pesar de la incertidumbre del sector?
– Bueno, aquí hay dos noticias buenas. La primera es que en los últimos años hay interés por incorporarse al sector y la segunda es que nosotros lo lideremos. La Junta da datos de la gente que solicita incorporarse y es una cifra en torno a 80-100 jóvenes al año. A nosotros nos parece suficiente y nos gustaría más, pero el sector no da para más y creo que estamos estirando bastante la cuerda. El objetivo tiene que ser que se incorporen en una explotación bien dimensionada, le vean rentabilidad y no se arrepientan. Esto se ha convertido en una profesión cómoda: si tengo 70 años y salud, pues en vez de jugar la partida me voy con el tractor, por eso no hay sitio. Aun así es menos rentable, pero socialmente está bien vista.