Jairo Álvarez se mostraba realmente emocionado ante la respuesta de su pueblo, Llama (Boñar), en la inauguración de un monumento a la minería que ayer se inauguraba dentro de las jornadas de la Asociación Cultural Santa Águeda, organizadas con sumo cuidado por el grupo que encabeza la activa Estefanía; y, por supuesto, dentro de las celebraciones de Santa Bárbara.
De hecho, el acto se abrió con la petición del alcalde, Pepe Villa, de un minuto de silencio por las últimas víctimas de la minería y los músicos interpretaron un himno de la patrona seguido con verdadera emoción por los numerosos vecinos presentes. «No queremos olvidar la tradición minera de este pueblo, con muchos trabajadores por las minas de la comarca; desde las de Veneros hasta las de Hulleras de Sabero o Casetas», señalaron.
Curiosamente Jairo, el creador del monumento, no es minero; mejor dicho, «no lo pude ser pues cuando yo comencé a trabajar ya no había minas en la comarca. Pero me encanta el mundo minero, su cultura, su forma de ser y vivir, su compañerismo, la solidaridad de las minas… Y se de lo que hablo pues aunque yo no pude ser minero, ya me habría gustado, sí lo mamé en casa, mi hermano mayor aún pudo trabajar algo, mi padre vivió la mina en toda su vida laboral y en las conversaciones de casa primaba la cultura minera».

Así, con este caldo de cultivo y esa herencia minera, fue como se gestó el tan espectacular como llamativo monumento a la minería, cargado de simbología, de detalles mineros, de guiños al oficio, incluida una sirena que, bromeó Jairo, «si no se puede usar en la mina que la toquen los miembros de la asociación cuando abran el bar».
A la emotiva y multitudinaria inauguración siguió un filandón minero, integrado en las jornadas culturales de la asociación Santa Agueda, en el que el creador del monumento estuvo acompañado por dos ex mineros, Carlos García ‘Kubala’ y el propio padre de Jairo, Juan Antonio, que recordaron algunos episodios mineros seguidos por “todo el pueblo”.
Jairo Álvarez realizó un minucioso y ameno recorrido por la historia de este monumento en el que lleva trabajando más de un año, desde que localizó en el monte una abandonada ventiladora, tapada por la maleza… «Bajarla fue una auténtica odisea, pero con la colaboración de la familia y algunos amigos, que cogieron más de una mojadora, al fin la colocamos en este lugar central del pueblo» y al que su padre añadió un detalle emotivo, que estaba justo enfrente de la casa de un familiar que había perdido la vida en la mina.
Ya estaba allí la ventiladora... «pero aquello quedaba muy soso, hacía falta algo más...». Esta frase la iba repitiendo Jairo cada vez que explicaba cómo fue añadiendo elementos, recordando que antes había sido fuente y debía seguir siéndolo, como no podía faltar en la mina un vagón, «que no se encontraban por ninguna parte hasta que Isa, mi mujer, me regaló dos». Y la aludida, muy cerca, sonreía recordando la cantidad de veces que Jairo ‘desaparecía’ para seguir trabajando en el monumento.

Como él «había querido ser minero pero no pude» hizo una visita que también marcó el futuro del grupo escultórico. «Visité el Pozo Sotón, en Asturias, y allí sumé nuevas ideas... aquello parecía que nunca se iba a acabar y se estaba acercando Santa Bárbara».
Y llegó Santa Bárbara y el monumento al minero y la minería estaba acabado, un aliciente incuestionable, singular y de enorme sentido estético e histórico estaba en su espacio central del pueblo. La cálida ovación con la que sus vecinos recibieron las palabras de Jairo, las veces que le interrumpieron para hacerlo, no deja lugar a dudas del orgullo de los vecinos de Llama por dejar encendida la llama eterna de la minería.
Más espectacular aún de noche.
