La vida en los refugios de Picos de Europa, contada desde dentro

El director asturiano Álex Galán recorre durante un año los refugios del Parque Nacional para retratar en un documental el día a día de sus guardas, el esfuerzo que hay detrás de los servicios que ofrecen y como está cambiando la montaña

10/09/2026
 Actualizado a 10/09/2026
Álex Galán, director, junto con David Rodríguez Muñíz, director de fotografía. | NUNATAK PRODUCCIONES
Álex Galán, director, junto con David Rodríguez Muñíz, director de fotografía. | NUNATAK PRODUCCIONES

Los refugios de montaña son una pieza esencial para entender los Picos de Europa. A través del Anillo de Picos, cada vez son más los montañeros que recorren estas instalaciones, pero detrás de cada refugio hay una realidad que pocas veces se conoce: la de quienes viven y trabajan en ellos. Esa es precisamente la mirada que ha querido recoger el director asturiano Álex Galán en su nuevo documental, un proyecto que recorre durante un año los refugios del parque para mostrar su día a día.

– ¿Quién es Álex Galán y qué hay detrás de sus documentales?

– Soy de Asturias, tengo 38 años. Soy director de cine y de documentales. Me intereso sobre todo por la exploración de la naturaleza humana y por cómo los seres humanos habitamos territorios naturales en zonas aisladas o remotas.
Eso me llevó a realizar documentales por lugares como Mongolia, Kirguistán, Siberia o Groenlandia. Empecé a dedicarme a los documentales por la intención de acercarme a comunidades humanas que viven en entornos salvajes. A partir de ahí fui adaptando una mirada cinematográfica a todo esto.

– Ya habías trabajado anteriormente en Picos de Europa. ¿Por qué decidiste centrar ahora un documental en sus refugios?

– Desde hace varios años intento dejar registradas muchas de las formas de vida en la montaña de la Cordillera Cantábrica. Hace unos años grabamos El Reino de los Pastores, sobre la trashumancia en Picos de Europa, y Jalladizu, sobre la tradición en los puertos de Onís y Cabrales.
Ahora me apetecía alejarme de la cultura del pastoreo para acercarme a la cultura de la montaña. Decidí que los guardas de los refugios eran quienes mantenían algunas de las historias más auténticas de lo que es vivir en un mundo de roca y caliza.
El proyecto surge de una conversación con Kris y Pablo, los guardas de Collado Jermoso, que me proponen contar una historia enlazada a través de los refugios del Anillo de Picos.

– ¿Cómo está siendo el rodaje y qué implica convivir con los guardas?

– El documental trata sobre la vida en los refugios de Picos de Europa durante las cuatro estaciones del año. Comenzamos el invierno pasado y continuaremos hasta el próximo.
Estamos visitando todos los refugios y el proceso consiste en pasar mucho tiempo con ellos, no solamente subir, ir al bar y escaparse, sino subir y habitar los refugios con los guardas.
Estamos grabando los trabajos que hay detrás de lo que la gente ve, pero también cómo comen, cenan, duermen y se relacionan. Estamos intentando contar toda la intrahistoria que hay detrás de los refugios.

Para retratar el día a día, el director asturiano ha convivido con los guardas. | NUNATAK PRODUCCIONES
Para retratar el día a día, el director asturiano ha convivido con los guardas. | NUNATAK PRODUCCIONES

– Muchos guardas consideran que algunos visitantes ven el refugio como un hotel. ¿Qué quieres mostrar sobre ese trabajo?

– Parte de la motivación del documental era contar las condiciones en las que viven y trabajan los guardas, porque no hay que olvidar que esa gente está trabajando.
Hay una secuencia muy importante sobre los porteos y las diferentes maneras de subir las provisiones. En Cabrones, Jermoso y Urriellu vemos cómo se hace con helicópteros, mientras que en Vegabaño se baja a caballo a Valdeón a comprar los quesos, o en Vega de Ario y Vegarredonda se utilizan caballos y mulas.
Grabar todo eso era importante para que la gente vea el esfuerzo que hay detrás.

– ¿Crees que las nuevas comodidades hacen que los refugios pierdan su esencia?

– Las quejas de que algo cambie tienen que ser porque realmente estropeen algo, no porque haya una novedad. Que puedas tomar una caña en Collado Jermoso, o que te hagan una pizza, ¿a qué afecta eso al espacio?
Creo que tiene que haber un equilibrio entre conservar las cosas con la esencia que verdaderamente tiene un entorno y el quejarse con los avances. Los refugios siguen teniendo que dar una cobertura y un servicio a la hora de realizar rescates o atender a gente que llega con necesidades.

– En esta ocasión también recorres la vertiente leonesa. ¿Qué diferencias estás encontrando respecto a Asturias y Cantabria?

– Sí que noto la diferencia. Ves Cangas de Onís y hay una masificación muy grande de gente, y ves Valdeón o Cordiñanes y hay muchísima menos.
El Valle de Valdeón me parece que está más intacto y mantiene su identidad un poco más. Es más bonito visitar una zona que esté tranquila. Pero los hosteleros de Valdeón me dirán que ya quisieran tener la afluencia que tiene Cangas de Onís para que sus negocios vayan mejor.
Todo el tema de cómo el turismo puede estar afectando a las identidades de un territorio es complejo. En Picos de Europa, sin embargo, la identidad de la montaña sigue existiendo como antes. Puedes seguir yendo a refugios no guardados como Vega Huerta, dormir al aire libre o ir a un refugio y tomarte una cerveza. Eso depende de ti.

– También vais a mostrar los rescates y el trabajo del Greim y del 112. ¿Qué papel tendrán?

– Nos interesa hablar de la labor del Greim y del 112, porque si hablamos de cómo es posible habitar y vivir en un mundo de roca, también es importante saber cómo solucionar los problemas que puedan surgir.
Vamos a grabar maniobras de rescate y prácticas, tanto en helicóptero como a pie de terreno, y también queremos mostrar que los refugios dan esa cobertura.

"Si se prohibiese llevar cámaras o teléfonos móviles, mucha gente no haría la actividad"

 

 

Las redes sociales también están cambiando la forma de vivir la montaña. ¿Qué crees que estamos perdiendo?

– Estoy convencidísimo de que si a las personas en ciertas actividades se nos prohibiese llevar cámaras o teléfonos móviles, hay un porcentaje grandísimo de gente que no haría la actividad.
Para mí siempre ha sido vivir para contarlo. Primero vivirlo y luego contarlo. Y eso siempre por delante.
Cuando tuve que ir a grabar a Mongolia, me tiré dos meses allí antes de grabar nada para conocer a las personas. Cuando tuve que grabar Salvajes, el documental sobre el conflicto del lobo, estuve dos años conociendo a la gente y después grabando. Entonces para mí siempre es vivir y luego contar.
Eso es algo que está cambiando mucho. Ahora la gente es vivir y contar en directo. E incluso es menos importante vivir, pero más importante que quede bien contado.
Eso no es que vaya a perjudicar más o menos al entorno, sino que está perjudicando a la propia persona. Está quedándose sin la experiencia y, al final, todo se superficializa.

–Uno de los momentos más especiales ha sido acompañar a Ereba, la hija de los guardas del Refugio Jou de los Cabrones, en su primer viaje en helicóptero para ir allí. ¿Cómo lo viviste?

– Fue uno de los momentos más especiales de lo que llevamos de grabación. Era la primera vez que se subía al helicóptero con apenas dos meses y fue un momento muy delicado.
Fue casi más especial cuando aterrizó en Cabrones. Cuando se fue el helicóptero y se quedó todo en silencio, Naiara miró a su hija, le dio un beso y le dijo: "Ya estamos en casa".
Me pareció especialmente bonito ver cómo ese refugio tan aislado en medio de las rocas, para Naiara es casa y ahora mismo para ese bebé va a ser casa.
También me quedo con los momentos cenando con los guardas después de que hayan terminado los turnos de las cenas. Cuando todo se queda en silencio y nos quedamos cenando y charlando, eso es lo que me llevo como experiencia vital.

Momento en el que Ereba, hija de los guardas de Cabrones, llega al refugio por primera vez. | NUNATAK PRODUCCIONES
Momento en el que Ereba, hija de los guardas de Cabrones, llega al refugio por primera vez. | NUNATAK PRODUCCIONES

– Para terminar, ¿con qué mensaje quieres que se quede el espectador y cuándo podremos ver el documental?

– Lo fácil sería que la gente se quede con el esfuerzo que cuesta subir las cosas allá arriba, para que entiendan por qué las cosas valen lo que valen.
Yo con lo que me gustaría que se quedase la gente es con la capacidad que tienen las personas que viven y habitan los refugios no solo para trabajar, sino para disfrutar de ese entorno.
Cuando Tomás, el guarda de Urriellu, se levanta todos los días y hace la misma foto del Pico Urriellu, que ya ha visto miles de veces, pero aun así sale, lo ve y le conmueve de verdad. Para mí ese es el mensaje. No vayamos a la montaña solamente a llevarnos paisajes, sino también a llevarnos un poco esa naturaleza humana que tienen los que viven allí.
El documental se seguirá grabando hasta diciembre y después comenzará la edición. El estreno será en 2027, primero en festivales de cine y después en salas de cine y televisión. La primera emisión televisiva será en TPA, que es una de las partes que colabora para que el documental pueda existir.

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