Lo que debería ser un ir y venir constante de mochilas, botas de montaña y cámaras de fotos se ha convertido estos días en una imagen difícil de explicar. En plena segunda quincena de julio, cuando tradicionalmente comienza uno de los periodos de mayor actividad turística del año, la vertiente leonesa de Picos de Europa presenta una tranquilidad que inquieta a vecinos y empresarios de la zona.
La preocupación es especialmente visible en el Valle de Valdeón, donde hosteleros y residentes aseguran que la afluencia de visitantes está muy por debajo de lo habitual para estas fechas. Una situación que contrasta con la enorme proyección turística de un espacio natural considerado entre los más espectaculares de la Península Ibérica.
El alcalde pedáneo de Caín, Marino Pérez, reconocía este viernes su sorpresa ante una escena que resume el momento que atraviesa la comarca. “Solo había una persona en el pueblo preparada para hacer la Ruta del Cares”, explicaba, incapaz de entender cómo uno de los itinerarios senderistas más famosos de España puede presentar una imagen semejante en pleno verano.
La explicación, a juicio de muchos vecinos, está en el diferente tratamiento promocional que reciben las dos vertientes de Picos de Europa. Mientras Asturias ha convertido el acceso desde Poncebos en una potente marca turística, con una promoción constante y una amplia oferta de servicios, la parte leonesa continúa prácticamente en un segundo plano.
La consecuencia es que la inmensa mayoría de quienes recorren hoy la Ruta del Cares lo hacen comenzando en Poncebos. Caminan hasta aproximadamente la mitad del recorrido y regresan de nuevo hacia Asturias, sin llegar siquiera a descubrir el valle leonés ni los pueblos que conforman uno de los paisajes más singulares del noroeste español.
Los empresarios del sector consideran que esta dinámica perjudica gravemente a la economía local. Hoteles, casas rurales, restaurantes y pequeños negocios dependen en buena medida de la llegada de visitantes durante los meses estivales y contemplan con preocupación unas jornadas en las que las terrazas y los alojamientos están muy lejos de la ocupación que correspondería a un destino de semejante atractivo.
Entre los vecinos existe la sensación de que la promoción institucional resulta claramente insuficiente. Consideran que ni la Junta de Castilla y León ni la Diputación de León están realizando un esfuerzo comparable al que desarrollan otros territorios para dar a conocer una oferta turística que combina naturaleza, patrimonio, gastronomía y montaña en un entorno prácticamente único.
No deja de resultar paradójico que León cuente con una de las puertas de entrada a Picos de Europa más bellas y mejor conservadas y, sin embargo, siga sin recibir un flujo de visitantes acorde con el valor de sus recursos naturales. Mientras otros destinos consiguen atraer miles de turistas con paisajes mucho menos espectaculares gracias a una intensa estrategia de promoción y a una cuidada oferta de servicios, la vertiente leonesa continúa siendo una gran desconocida para buena parte del turismo nacional.
Los habitantes de Valdeón insisten en que no reclaman masificaciones, sino simplemente que quienes visitan Picos de Europa conozcan también el lado leonés del parque nacional. Porque, de seguir esta tendencia, el silencio que estos días reina en Caín dejará de ser una agradable imagen de tranquilidad para convertirse en el reflejo de una oportunidad turística que León sigue dejando escapar.
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