El creciente número de accidentes y rescates en la provincia ha vuelto a poner el foco en la seguridad en la montaña y en la forma en la que muchas personas se acercan hoy a este entorno. Son muchas las personas que se inician en el mundo de la montaña gracias a ver publicaciones en las distintas redes sociales, lo que ha abierto el debate sobre la preparación con la que se afrontan algunas salidas y el desconocimiento y la desinformacón de los usuarios que solo se acercan a este entorno por un 'selfie'.
Para analizar esta realidad, conversamos con Anselmo Vidal García, conocido en redes como Avigamo, miembro del Grupo de Rescate e Intervención en Montaña de la Guardia Civil en Sabero. Forma parte del Greim desde 1993 y se define como “montañero en lo personal y rescatador en lo profesional”. Desde su experiencia, reflexiona sobre la masificación, el papel de las redes sociales, los errores más frecuentes y la necesidad de recuperar una formación progresiva antes de adentrarse en la montaña.
- ¿Quién es Avigamo?
- Avigamo es el personaje que creé hace muchos años para participar en redes sociales y en mi canal de YouTube. Sale de mi nombre, Anselmo Vidal García: "Aviga" por las primeras sílabas de mi nombre y apellidos, y “mo” por montaña. Tampoco me compliqué mucho. Al final fue curioso porque es un nombre fácil de recordar y bastante conocido dentro del mundo de la montaña. Cada vez que participo en algún evento o aparece algo relacionado con este ámbito, mucha gente me reconoce por ese nombre.

- ¿Cuál es tu relación profesional con la montaña?
Soy guardia civil de montaña prácticamente desde que entré en la Guardia Civil. Empecé en el GREIM en 1993. En realidad, de pequeño no tenía claro que quisiera dedicarme a esto. Yo quería ser bombero, como muchos niños de aquella época. La Guardia Civil se cruzó en mi camino por una alineación de astros y la montaña también. Me enteré de que existía esta especialidad cuando estaba en la academia y me presenté casi más por la idea que tenía de lo que era la montaña que por conocer realmente el trabajo. Al principio no sabía muy bien dónde me estaba metiendo, pero terminó convirtiéndose en mi vocación y en mi afición.
- ¿Las redes sociales han cambiado la forma en la que la gente descubre rutas o actividades de montaña?
- Sí, totalmente. Antes se consultaban guías, libros o mapas impresos, que ahora quedan un poco en esa parte más bucólica del montañero clásico. Hoy, mucha gente que se inicia en la montaña lo hace a través de redes sociales, vídeos o rutas compartidas en plataformas como Wikiloc. Se ha perdido bastante esa entrada más progresiva, a través de clubes de montaña o de personas con experiencia que te iban enseñando poco a poco. Y por eso se cometen errores: porque se llega directamente a la actividad sin conocer bien lo que hay detrás.
- ¿Crees que la gente se está saltando etapas en su aprendizaje?
- Indudablemente. Y no pasa solo en la montaña. Hoy se banaliza mucho todo el aprendizaje que hay detrás de cualquier actividad. Ves un vídeo de alguien haciendo una ruta espectacular, pasándolo bien y contando cuatro chistes, y automáticamente piensas: “Yo quiero hacer eso”. Pero no tienes en cuenta toda la experiencia previa que ha podido seguir esa persona. En la montaña eso es importante, porque no conoces cómo va a responder tu cuerpo ante una dificultad física ni tu mente ante una situación técnica, de exposición o de gran altitud. Ahí es donde aparecen muchos problemas.
"Hay mucha información y muy poca formación. La gente ve muchos vídeos, descarga rutas y piensa que ya sabe ir a la montaña, pero hay conocimientos que solo se adquieren poco a poco, saliendo al monte y aprendiendo de la experiencia"
- ¿Ha aumentado el número de accidentes por culpa de las redes sociales?
- Ha aumentado mucho el número de accidentes, pero no sé si se puede atribuir únicamente a las redes sociales. También hay que tener en cuenta que hoy hay muchísimos más practicantes de montaña. Ya antes de la pandemia se notaba ese crecimiento, pero la pandemia fue un punto de inflexión, casi como un disparo generalizado. Si hay más personas practicando, estadísticamente también es normal que haya más accidentes. Lo que sí es cierto es que las redes ayudan a que la gente descubra rutas para las que quizá no está preparada y se anime a hacerlas.
- ¿Hay zonas que se hayan masificado por ese efecto llamada?
- Sí. En León, por ejemplo, está el Gilbo, en la zona de Riaño. Es una cima relativamente sencilla y muy espectacular visualmente, porque recuerda al Cervino. Antes de la pandemia podías subir tranquilamente y no encontrarte prácticamente a nadie. Ahora es raro el día que no suban 200 personas. Eso es todo redes sociales.
"La pandemia fue un punto de inflexión. Ya había cada vez más gente en la montaña, pero a partir de entonces se produjo un crecimiento enorme y muchas zonas empezaron a masificarse"
- ¿Las redes maquillan la dificultad real de algunas rutas?
- Uno de los problemas que veo es que se banalizan las dificultades. Hay pasos en los que una persona quizá pasaría agarrándose bien, fiándose mucho o incluso montando una cuerda, pero en redes se muestran de una forma mucho más sencilla, solo por salir bien en la foto o en el vídeo. La gente tiende a imitar lo que ve. Puede pensar que no parece tan difícil como le habían dicho y animarse a ir sin tener en cuenta que quien aparece en el vídeo quizá tiene mucho nivel o, directamente, se está jugando el tipo por un selfie.
- ¿Los creadores de contenido tienen responsabilidad?
- Creo que cada uno es responsable de lo que hace. Otra cosa es que alguien grabe un vídeo en una zona complicada y diga que no hace falta llevar cuerda o material, porque ahí sí estaría incitando a otros a meterse en un peligro. Pero si una persona se la juega para hacerse una foto o grabar un vídeo, para mí la responsabilidad principal es de quien decide imitarlo. Hoy en día cada uno tiene la libertad de hacer las cosas como considere, siempre que no incite a los demás a cometer actos que puedan suponer un riesgo.
- ¿También pueden utilizarse las redes de forma positiva?
- Sí, claro. Yo cuando grabo una ruta intento hacerlo de forma didáctica. Muestro los puntos donde puede haber peligro y los pasos de dificultad tal como son. Si estoy sufriendo en un paso, lo enseño. No intento pasarme riendo por un sitio complicado para quedar como un machote. Creo que si la gente dedicara unos minutos a mostrar realmente la dificultad de una actividad, sin maquillarla, ayudaría mucho a las redes sociales y a la comunidad montañera. También es verdad que no es fácil, porque grabar en montaña implica esfuerzo, pensar en cómo contarlo y, muchas veces, sacar la cámara justo en el momento más complicado.
"La montaña sigue siendo la misma de siempre. Lo que ha cambiado es la forma en la que la gente llega a ella y la velocidad con la que quiere hacer cosas para las que antes necesitaba años de aprendizaje"
- ¿Cuáles son los errores más frecuentes en los rescates?
- La mayor parte de los rescates que tenemos son de senderistas. Muchos accidentes se producen simplemente por una mala pisada o un tobillo torcido. Si dejamos a un lado ese gran porcentaje, aparecen otros casos: personas que han sobrevalorado sus fuerzas, que no han previsto bien la ruta, que no han consultado mapas, que no saben cómo salir de allí en caso de perderse o que descargan una ruta en el móvil pero no saben manejar bien el GPS. También estamos viendo casos de extranjeros que se meten en zonas de Picos de Europa sin estar familiarizados con el terreno y sin interpretar bien la dificultad real.
- En ocasiones se critica que algunos rescates tengan un coste público cuando la persona iba mal equipada o sin experiencia. ¿Qué opinas?
- Creo que hay mucha información y muy poca formación. Una persona puede ver muchos vídeos y pensar que sabe ir a la montaña, pero no saber que tiene que llevar ropa de abrigo, agua suficiente o material adecuado. Sales con sol y en media hora puede entrar la nube y necesitar hasta un plumas. Eso no siempre se sabe si nadie te lo ha enseñado. La formación se adquiere poco a poco: un día te quedas corto de agua y aprendes que la próxima vez tienes que llevar más; otro día pasas frío y aprendes qué ropa necesitas. El problema aparece cuando alguien parte de cero y de repente quiere hacer una ruta de seis u ocho horas en Picos de Europa sin conocer esos aspectos básicos.
- ¿Se está perdiendo la figura del montañero más clásico frente a una montaña más de postureo?
- Muchos sí. Ahora mismo parece que si subes a una montaña y no lo publicas, es como si no la hubieras subido. Ya no solo es algo personal, también tiene que ver con la propia comunidad. A veces tienes que demostrar con una foto o con una publicación que has estado allí, porque si no parece que tu palabra no vale. Las redes empujan a grabarlo todo y eso genera también muchas discusiones absurdas, porque siempre hay quien entra a cuestionar o a provocar.
- ¿Esto afecta solo a la gente joven?
- No, afecta a todas las edades. La gente joven suele tener más solvencia física porque muchos hacen deporte, van al gimnasio, salen a correr o andan en bici. En cambio, hay personas de más edad que quizá han sido más sedentarias y, si se inician de golpe en la montaña, tienen menos recursos físicos. Las pérdidas pueden darse en cualquier edad, pero los agotamientos, las pájaras y ese tipo de problemas suelen aparecer más en personas de edad más avanzada.
- ¿Qué recomendación darías a alguien que ve una ruta en redes sociales y quiere hacerla?
- Sobre todo, que coteje con otras fuentes y que no se fíe solo de una ruta. Si se descarga una ruta de Wikiloc, por ejemplo, lo primero es mirar quién la ha subido y qué experiencia tiene esa persona. Después, comprobar si esa ruta la ha hecho más gente y si coincide con otros recorridos. También hay que fijarse en la época del año, porque una ruta hecha en invierno con nieve, esquís o raquetas puede ser muy distinta en verano. A veces un camino que parece claro en una época puede convertirse en una trampa en otra. Si varias rutas coinciden en el mismo trazado, probablemente sea más fiable. Y si no, mejor buscar otra opción.
