El último videoclub de León: la 'casa' de Matilde Jáñez entre carátulas y recuerdos

La regente del Videoclub La Bañeza –probablemente el último de toda la provincia–, se niega a bajar la persiana del establecimiento en el que lleva trabajando más de tres décadas

01/05/2026
 Actualizado a 01/05/2026
Matilde Jáñez lleva más de tres décadas al frente del que probablemente sea el último videoclub de toda la provincia leonesa. | FERNANDO OTERO
Matilde Jáñez lleva más de tres décadas al frente del que probablemente sea el último videoclub de toda la provincia leonesa. | FERNANDO OTERO

Que «Mati es mucha Mati» lo saben bien los bañezanos. No hace falta conocerla mucho –nada– para que sus risotadas intermitentes y sus comentarios divertidos irrumpan en los oídos del receptor con la forma de sincera simpatía. 

«Perdona, hija, que parezco Marujita ‘La fantástica’», dice al descolgar y no sé muy bien a quién se refiere, pero me hace reír. Y continúa, sin parar, produciendo en quien la escucha una imagen hipotética que luce romántica: Matilde Jáñez moviéndose de un lado a otro, colocando las cintas que todavía adornan los estantes del que posiblemente sea el último videoclub de la provincia. «Está muerto completamente», revela y se le sigue oyendo sonreir: «Tengo una pequeña clientela que es la que lo mantiene porque tenemos una tienda de fotografía». Eso y «un vending de chuches» conforman el negocio de la calle Juan Carlos I Rey de La Bañeza

No sabe exactamente cuándo cogió las riendas del espacio: «Confundo junio y julio... No sé si es una enfermedad de alguien o sólo me pasa a mí». Son muchos años y lo que sí sabe Mati es que fue en 1993 cuando se puso a los mandos de un local cuya batuta adquirió de manos de sus antiguos jefes. Desde entonces, la leonesa vive rodeada entre carátulas. No piensa parar y, aunque podría jubilarse el próximo 27 de noviembre «por cotización y por edad», no tiene en mente el hacerlo. 

La decisión responde a motivos personales, pero también a razones más emotivas. «Me da muchísima pena dejarlo», confiesa. El sustantivo se aparece en varias ocasiones a lo largo de la conversación: cuando habla de su hija, la responsable de la tienda de fotografía, a la que –también– «le da muchísima pena, pero, claro, ella tiene otra línea de trabajo que no tiene nada que ver». O cuando reitera que le «da mucha pena, de verdad», al referir a quienes dicen que este, el Videoclub La Bañeza, es «el último de la provincia». 

«No sé si realmente es verdad que somos los últimos de la provincia», apunta: «En Internet pone que quedan unos cien en España; antes ponía 300, pero ya últimamente pone 100». En La Bañeza llegó a haber cinco, aunque Mati duda de si fueron seis. «Yo tenía una clientela más o menos fija y como tanto a mí como a las chiquinas que tenía trabajando conmigo nos gustaba tantísimo el cine, recomendábamos a la gente y la mayor parte llevaban lo que nosotras les ofrecíamos porque sabían que iban a ver una película de su gusto», rememora: «Yo siempre digo que nunca mentíamos, pero tampoco decíamos a veces toda la verdad». Vuelve a reir y ejemplifica: «Me preguntaban qué tal una película y yo decía ‘bueno, es de Van Damme, ya sabes... Como todas las de Van Damme’. No estábamos mintiendo, pero a lo mejor tampoco estábamos diciendo que era una castaña».

El interior del videoclub regentado por Matilde Jáñez.FERNANDO OTERO
El interior del videoclub regentado por Matilde Jáñez. | FERNANDO OTERO

Eran buenos tiempos; antes de la caída de los cines y del nacimiento de Internet. Antes de la aparición estelar de las plataformas. Y es que Matilde Jáñez lo ha vivido todo. «Viví la piratería, viví las descargas de Internet, que fue lo que más daño le hizo al videoclub», asegura: «Hoy día, también las plataformas, pero empezó por Internet. Yo ahora mismo le digo a la gente que hasta el móvil hace daño: llevan una película, me la devuelven al día siguiente y, cuando les pregunto qué tal, me dicen ‘¿sabes lo que me pasó? Que me puse al móvil, acabó la película y no me enteré’». Antaño luchaban contra el buen tiempo que los vecinos disfrutaban en el exterior, nunca ante la pantalla, y ahora contra un ente gigantesco que es intangible e inefable, pero compañero diario de la mayoría. 

A pesar de esa lucha tácita, Mati tiene claro que el futuro del local no pasa por los mismos derroteros. Es otra cosa que está clara: cuando no esté Mati en tienda, no habrá videoclub. Pero la «pena» a la que alude no la paraliza: la leonesa sigue disfrutando casi cada día del vaivén de sus clientes. Cifra a los recurrentes entre seis y una decena y explica que, en época de vacaciones, la gente va y viene y que, en verano, tiene «una clientela pequeña que viene siempre». «Los que vienen no tienen plataformas; eso es lo principal», relata: «Muchos no quieren pagarlas porque realmente no las aprovechan». 

No es el único perfil: también hay quien acude al videoclub en busca de películas más antiguas o títulos que todavía no pueden encontrarse en las plataformas. «O cosas que buscan y son muy caras», añade. La interrumpe una clienta y a Mati se le escucha saludar. «Se llama Hela y es una chiquina que viene porque le gusta otro cine», presenta y se dirige a ella: «No me estorbas, no te preocupes. Ahora te atiendo, que estoy haciendo una entrevista y ya estamos terminando». 

Es momento de colgar. No lleva más de diez minutos abierta y Mati, un lunes cualquiera de un mes cualquiera de cualquier año, ya ha dado la bienvenida a su primer cliente. Podría parecer que, en realidad, las cosas no van del todo mal en este videoclub. Eso o que no hay mejor reclamo, mejor campaña de publicidad, que la simpatía de Matilde Jáñez; la misma que lleva más de treinta años llenando de cine las pantallas de La Bañeza.

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