El último entierro del hombre que murió cuatro veces

Manuel Girón Bazán es la gran leyenda del maquis, los guerrilleros antifranquistas, hasta el punto de darle por muerto hasta cuatro veces / Ahora la ciencia ha documentado sus restos y la leyenda resucita una vez más

01/02/2026
 Actualizado a 01/02/2026
El guerrillero con compañeros en el Frente Republicano de Asturias. | ARCHIVO S. MACÍAS
El guerrillero con compañeros en el Frente Republicano de Asturias. | ARCHIVO S. MACÍAS

Muchas veces las historias se superponen y nos conducen a un lugar, a una persona. Mientras el director lee el artículo de Irene G. Lino sobre los represaliados leoneses en los campos nazis salta otra noticia: «Identificados los restos del mítico guerrillero antifranquista Manuel Girón con análisis genéticos». Y las une alas dos con el título de un libro: ‘El monte o la muerte’, en el que Santiago Macías cuenta la historia del citado guerrillero. 

- Puedes unir en el mismo suplemento las dos salidas que había, el monte (Manuel Girón) o la muerte (los 40 leoneses que sufrieron el horror nazi). Aunque la muerte fue muchas veces el destino final de los dos caminos. 

Ahí están, unidos. Primero los represaliados, después la leyenda de los guerrilleros, Manuel Girón Bazán, el claro ejemplo de un inolvidable pues son muchas las noticias que le ‘resucitan’ cada cierto tiempo a él, que se hizo legendario y controvertido en vida hasta el punto de ser «el único hombre al que mataron cuatro veces». Parece una metáfora, no lo es; y la identificación de sus huesos le lleva a su último entierro, después de pasar sus restos por el cementerio del Carmen, el de Montearenas y parece que algunos huesos por el sótano de un vecino que los rescató y escondió. 

La faceta legendaria de guerrillero, sobre todo en los montes de Cabrera, es más conocida, se ha escrito mucho, especialmente el ya citado libro de Santiago Macías, ‘El monte o la muerte’; pero sigue llamando mucho la atención sus ‘cuatro muertes’, fruto de esa persecución irrefrenable para acabar con la vida de un  guerrillero que se había convertido en un molesto grano en el relato franquista, que había logrado escapar de auténticas encerronas, redadas como la de Corporales... y había que acabar con él y tuvo que ser un infiltrado, Salvador Cañueto. Recuerda Macías la verdadera obsesión de su caza: «Para contar una muerte de Girón necesitaban un cadáver y Cañueto eligió a Elías Álvarez Carrera, un minero de las minas de Casaio con el que parece que había tenido algún encontronazo. Era un hombre sin ningún tipo de antecedentes, lo mataron y desfiguraron su cara para que pudiera pasar por Cañueto y hacerle más fácil comenzar una nueva vida con una nueva identidad pues oficialmente había muerto en el enfrentamiento con Girón, de ahí la idea de desfigurarle la cara ... A la mujer  de Elías le dieron un dinero y le dijeron que se olvidara de todo, qué remedio le quedaba».

Era una de las cuatro muertes. La primera fue en Castropodame, en 1940, después de un atraco es detenido un guerrillero y desplazan hasta el lugar a Emilia Girón, hermana de Manuel y José (que acabó en un campo nazi) y ella, para evitar nuevas torturas, aseguró que el muerto era su hermano, consciente de que realmente no lo era y creyendo que bajaría la presión sobre él.

En julio de 1945 la guardia civil tiene en la provincia de Zamora (Porto) un enfrentamiento con un grupo de maquis y uno cae abatido. Les parece Girón y le declaran muerto, no lo era «ni lo podía ser pues nunca estuvo en aquella comarca», explica Macías. Cuatro años más tarde (1949) se repite prácticamente la misma situación, esta vez en Sancedo, y caen abatidos dos guerrilleros. Y nuevamente se repitió un engaño pasado, una hermana de Manuel le identificó para evitar más problemas y, nuevamente no era; dándose una curiosa circunstancia que apunta el propio Macías: «Manuel llegó a leer su muerte en la prensa». 

Y la cuarta ya fue la definitiva, la real, en las cercanías del Puente de Malpaso, a manos de un infiltrado, Salvador Cañueto. Era el 2 de mayo de 1951 y esta vez tardaron veinte días en mostrarlo, «como un trofeo», dice Macías, «a la entrada del antiguo cementerio del Carmen en Ponferrada».

Y ahí arranca una nueva etapa que desemboca en la identificación de sus restos gracias a las pruebas genéticas, en las que se apunta que «faltan algunos huesos», lo que lleva a Macías a defender una teoría de la que «estoy completamente seguro» y a reivindicar a un personaje, Alfonso Yañez. «Fue la primera persona que me habló de Girón; Yañez había nacido en 1921 en Ponferrada en el seno de una familia especialmente castigada por la represión franquista. Custodiaba con celo un secreto en la bodega de su casa, en la carretera de Molinaseca, y había conseguido un permiso (en 1979, aún sellado con el águila franquista, aunque no se hicieron las obras hasta 1983) para trasladar los restos del guerrillero desde el cementerio del Carmen al de Montearenas y hasta el lugar donde él recordaba que habían enterrado a Girón (y al cabreirés asesinado a su lado, Elías) llevó a un operario municipal con una máquina excavadora, que descubrió un amasijo de huesos que la propia máquina propició en su falta de cuidado».  

Imagen girón alfonso
El permiso de traslado de los restos en 1979 (con el águila franquista). | ARCHIVO S. MACÍAS

Unos huesos fueron al sótano de Yañez, otro a un cajón en el que estuvieron hasta 1997 cuando un sobrino de Girón adquirió un nicho en el cementerio de Montearenas y allí enterró los restos que ahora, después de cuatro muertos, ha identificado la ciencia como los de Girón «aunque faltan algunos» que Macías tiene muy claro dónde están: «Entre los que recogió Yañez, que eran seguramente los de Elías y algunos de Manuel, como es lógico en aquel amasijo. Él sería hoy el hombre más feliz de saber que habían sido identificados los huesos de su amigo, aquellos por los que él luchó con gran valentía, pero desgraciadamente falleció en 2009 y antes de ese momento me había regalado toda la documentación que obraba en su poder».  

Cuatro muertos, tres entierros y varias resurrecciones ¿ésta será la última? Parece que igual no, Macías apunta una pista: Hay unas fotos de 1951 en las que Girón aparece ‘tipo Che’ tras su muerte. Existen, las he visto, y algún día aparecerán, son la gran metáfora de la vida de este guerrillero. 

La anterior y reciente resurrección de la leyenda de Girón había sido el 7 de julio de 2022 cuando una joven familiar de los Cañueto (el infiltrado y su hermano) dejaba en la puerta de la Iglesia de Santa Eulalia u ramo de flores y una carta en la que pedía perdón por los actos cometidos por sus familiares: «Estas flores son para el hombre y le mujer, cuyos nombres desconozco, vecinos de Santa Eulalia de Cabrera, que en los años 50 fueron torturados y asesinados a manos de mi abuelo Benjamín Rodríguez Cañueto, y su hermano pequeño, José. Ambos emigraron a Sevilla como una forma de huida, imagino». 

Los hechos a los que se refiere formaban parte de la trama para infiltrarse y murieron «los vecinos Antonio León Carrera y Carmen Ballesteros Rodríguez. En aquel caso, la connivencia de las autoridades franquistas fue tan evidente que aquellos crímenes jamás fueron investigados», señala Macías y por ellos pedía perdón. 

Resume Macías este último hallazgo y el recuerdo de Yañez con una expresión, por la que pide excusas: «En 1979 hubo muchos cojones y poca ciencia; y ahora que hay mucha ciencia hay pocos...». 

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