Una tierra de León... y de comediantes: "Cuando no hay dinero, las cosas se construyen con humildad"

Jiménez de Jamuz da este domingo el pistoletazo de salida a la vigésimo quinta edición de su certamen nacional de teatro aficionado

30/10/2026
 Actualizado a 30/10/2026
Imagen de una de las funciones celebradas en una edición anterior del certamen de teatro aficionado de Jiménez de Jamuz. | ANTONIO DE LA FUENTE POSADO
Imagen de una de las funciones celebradas en una edición anterior del certamen de teatro aficionado de Jiménez de Jamuz. | ANTONIO DE LA FUENTE POSADO

Un certamen nacional de teatro en un pueblo de apenas 800 habitantes se traduce con las palabras de Toño de la Fuente en «una anomalía». «No lo podemos comparar con nada; es un hecho casi insólito», dice este agente de desarrollo: «Es un motivo de orgullo porque cuando empezamos hace 25 años no sabíamos el recorrido que podría tener».

Así, para explicar la longevidad del Certamen Nacional de Teatro Tierra de Comediantes de Jiménez de Jamuz, que este año alcanza su vigésimo quinta edición, De la Fuente se remonta a los orígenes de una iniciativa que, de alguna forma, refleja la identidad de la localidad. «Siempre ha tenido una vinculación histórica con el teatro», asegura el leonés, que hace alusión a «la primera referencia escrita de una obra representada por los jiminiegos»: ‘Las armas de la hermosura’ de Calderón de la Barca en el año 1890. Más remota, relata una anécdota que es buen ejemplo: «En el año 1878, un jiminiego fue a registrar el nacimiento de su hija al juzgado y, a preguntas del secretario de a qué se dedicaba, él dijo que era comediante». Aquel hombre era Tirso Mateos Claro y de él se descubrió después que, «con las tabas, con los huesos de los animales, hacía marionetas». 

Son detalles que muestran un pasado relacionado con las artes escénicas de las que Jiménez de Jamuz no ha querido olvidarse. Por eso, con el tiempo creó su propio grupo –Jiménez Comediantes– y, después, a instancias de Valentín Turrado Moreno –«una persona muy activa» en palabras de De la Fuente–, el certamen que hoy mantiene vigente esa histórica vinculación. 

Fue en el año 2001 cuando el pueblo tomó «un espacio diáfano» recientemente «remozado», el gimnasio ubicado junto a las antiguas escuelas, que terminó convertido en todo un teatro. Para ello, claro, hicieron falta un escenario y unas sillas; cedidos finalmente por el Centro Asistencial Nuestra Señora del Valle de La Bañeza. «Todo fue una cadena de favores», recuerda el trabajador del Ayuntamiento de Santa Elena de Jamuz: «La primera edición fue bien, la segunda también y, a partir de 2005, ya construimos nuestro propio escenario y compramos las sillas». El espacio fue erigiéndose «de una manera muy orgánica, como ocurre en los pueblos», pues –apunta De la Fuente–, «cuando no tienes dinero, las cosas se construyen con humildad y perseverancia». Ahora, desde este domingo y hasta el próximo 6 de diciembre, el certamen de teatro aficionado congregará en cada una de sus once funciones a un máximo de 200 personas, que no es poco decir.

«Tierra de Comediantes tiene el programa más extenso de los certámenes de teatro de la provincia», revela el leonés, apuntando algunas novedades de esta vigésimo quinta edición: «Normalmente presentamos ocho funciones más la obra de la gala de clausura, pero ese año, al ser una edición especial, llevamos once obras: ocho a concurso más tres invitadas». A ello se suma, además, la publicación de 500 ejemplares de una revista conmemorativa de Tierra de Comediantes, donde se recoge «a través de fotografías, artículos de opinión y curiosidades el devenir del certamen» en todos estos años. «Y luego hemos puesto una especie de lonas gráficas con textos junto a la verja del colegio, que es donde tenemos la sala de teatro», añade De la Fuente: «Es algo muy artesanal en una sala que no es grande y donde el público, una vez acaba la obra, puede incluso hablar con los actores».

El interior del gimnasio habilitado como un teatro.ANTONIO DE LA FUENTE
El interior del gimnasio habilitado como un teatro. | ANTONIO DE LA FUENTE POSADO


De las funciones y las entradas

La programación de este vigésimo quinto certamen arrancará este domingo, día 1 de noviembre. Desde las 19:00 horas, ‘La sombra del tenorio’ de la compañía burgalesa El Duende de Lerma dará el pistoletazo de salida a la programación, que seguirá durante los sábados –siempre a las 20:00 horas– y domingos –a las 19:00 horas– de las siguientes semanas hasta llegar a una última función el 6 de diciembre.

El 7 de noviembre será el turno de ‘El manual de la buena esposa’ del grupo de Alcalá de Henares Maru-Jasp. Al día siguiente tomará el relevo ‘Cuando deje de llover’ de los vallisoletanos de Tiramisú Teatro.  El 14 de noviembre el programa continuará de la mano de ‘La muerte y la doncella’ de La Garnacha Teatro, de Tormelloso (Ciudad Real). El día 15 acaparará la atención la obra ‘Los cuadernos de don Friolera’ de los asturianos de Langreo de Teatro Kumen.

Ya en el fin de semana siguiente, el sábado estará dedicado a ‘Pasión por Carmen’ de Carpe Diem Teatro (Tormelloso) y el domingo a ‘Tierra’ de los palentinos de Lapsus Teatro. El día 28, mientras tanto, será el turno de ‘En la luna’ de los alicantinos de Alpi Teatre y el 29 de ‘Claro y Clara no se aclaran’ de la compañía jiminiega Jiménez Comediantes.  En diciembre, el día 5, Artrote Teatro (Elche) se suma al certamen con ‘Radio Corazón’, una función que estará seguido del anuncio del fallo del jurado. Terminará la programación, ese mismo domingo, ‘Don Quijote en los infiernos’ de la misma compañía.

Las tres últimas representaciones son invitadas y, por tanto, no compiten en esta edición. Las entradas podrán conseguirse en distintas modalidades: para niños por un precio de 2 euros por función, para adultos por 4 euros y un abono por 40 euros para todas las funciones. 

Todo en el marco de un certamen que saca a relucir «la arquitectura que se va desarrollando en los pequeños pueblos cuando no se puede acceder a grandes subvenciones, ciclos o programas». Un certamen en el que trabajadores y cargos del Ayuntamiento hacen de taquilleros o, como el propio Toño de la Fuente, de acomodador, sacando lustre al pasado y la identidad de una tierra que siempre fue de comediantes.

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