Parafraseando al famoso cuento de Monterroso quedaría: «y cuando amaneció... los mayos estaban allí». Y allí era Jiménez de Jamuz, que luce en diferentes rincones del pueblo sus históricos mayos, diferentes a los habituales, convertidos en una trabajada representación de una escena de la vida tradicional, personajes, costumbres o lo que se le ocurra a los vecinos, pues los mayos también van por barrios, que se reúnen, idean, escriben, trabajan justos y cierran el ciclo con una cena de hermandad que, bromean muchos de ellos, «eso es lo importante, lo hacemos por la cena»;aunque saben que no es del todo cierto, que disfrutan de las concurridas cenas pero también «llevamos un mes haciendo cosas, reuniéndonos, hablando... que es de lo que se trata, de que nos juntemos y, de paso, mantener una tradición, que nos han legado nuestros antepasados».
Y que ha hecho de Jiménez de Jamuz... Jiménez de los Mayos o el pueblo de los mayos. «Es otra seña de identidad más, como que somos pueblo de alfareros, de Tierra de Comediantes o nuestra Pasión Viviente, que este año cumplió su 50 aniversario», señala José, uno de los entusiastas de estas tradiciones, aunque, como todos, tiene que sumar sus fuerzas a su barrio;que cada cual debe trabajar en el suyo. «Antes había concurso, premios para los mejores, y eso motivaba», señala María, autora de una de las letras (poemas)del mayo de su barrio;aunque hay quien cree que es mejor que no haya premios, «para que no haya piquillas».

Aunque para entusiasmo, nadie lo duda, el de Ángeles, una vecina de la plaza, de 93 años, que coloca su propio mayo, el único individual. «Es muy sencillo el de este año;un árbol frutal y una mujer recogiendo la fruta», que ella misma hace y coloca. «No me hagas fotos, que mira que pinta tengo... qué dirá la gente si me ve».
- ¿Y por la noche?
- Me acuesto.

Si pasabas por Jiménez el día 31 de abril nada indicaría que es el pueblo de los mayos. Apartir de media tarde comienzan a abrirse puertas de portalones, a sacar ‘muñecos’ y tablas, martillos, puntas, tablones, hasta formar la tarima sobre la que se coloca una escena, con uno o dos personajes, como mucho tres, y un poema que lo explica, que escriben los propios vecinos pero no firman, al ser un trabajo colectivo, aunque ellos conocen bien la autoría ... «Llevamos un mes dándole vueltas, reuniéndonos, que es lo importante...», dicen los vecinos de El Cueto mientras comienzan a montar su mayo. «Las mujeres son las que hacen el fuerte del trabajo, los muñecos, los poemas... nosotros lo bruto, montar hoy», reconoce uno de los vecinos. «Yhoy la cena», rematan, recordando que todos los grupos que colocan su obra por la noche lo celebran juntos.
- Antiguamente se hacía la cena y al acabar, después de las doce de la noche, montábamos el mayo para que al amanecer estuvieran colocados y los vecinos iban a ver qué han hecho en cada cale o barrio. Ahora los montamos por la tarde y así no tenemos que andar levantándonos con prisa de las cenas;explican.
Curiosamente hay una especie de código por el que cada grupo no va a visitar al resto, a ver su trabajo, a saber de qué van, a ‘espiar’, bromean. Así se mantiene igualmente el secreto.

Esta situación ha propiciado este año una curiosidad, dos grupos han dedicado el mayo al mismo tema. Curiosamente dos grupos vecinos, que nada sabían unos de los otros. Los de el barrio de El Cueto han titulado su trabajo ‘Noche al fresco’ y allí al lado, en la Avenida de El Cueto, se ha instalado otro con título prácticamente igual:‘Noches al fresco’.
Pese a ello, María, que me da la impresión que algo —o mucho— tiene que ver con la letra del segundo de ellos explica:«El tema es el mismo, lo que contamos es diferente. El del Barrio es más un recuerdo, de cuando salían al fresco de la calle, incluso de cuando comían las sopas allí. El nuestro, el de la Avenida, es más reivindicativo, por decirlo de alguna manera. También recordamos esa tradición, pero lamentamos que ya no es lo mismo, no se sale al fresco, y pedimos que vuelva la costumbre que tanto disfrutamos de niñas», dice recordándolo con una amiga y sus hijos —Mateo, Fabio, Aitor—a los que quieren inculcar la pasión por estas viejas costumbres: «Por eso, en el Mayo del Cueto / hoy queremos recordar / que la gente salga al fresco / como se hacía tiempo atrás. // Que todo el mundo las vea / que las saluden al pasar / y que vuelva al barrio entero / la alegría de conversar». Por cierto, María dice que ‘el fresco era sobre todo «de mujeres».
El otro poema, como explicaban, tiene tintes de añoranza. «¿Qué habría sido del verano / sin esas noches al fresco?/¿Qué habría sido de nosotros /sin esas charlas y juegos?».

Muchos aspectos de la vida diaria y personajes están en los mayos. Además de los citados, en el de la Plaza y la Fuente se recuerda a Tierra de Comediantes y, con él, a los títeres del Tí Tirso;en el Barrio de la Ermita, donde llegaron a hacer una torre de piedra y madera, se lo dedican al Tasador, «de la urz» que es oro puro en un pueblo alfarero:« «Si el barro es el tesoro / de este pueblo del Jamuz / para calentar los hornos /oro puro es la urz». Y no falta el Nazareno de la pasión viviente, protagonista del mayo del Barrio de la Carretera/Las Lomas:«Cincuenta años de historias /y la ilusión compartida / de las calles que vibran / de la emoción encendida».
Dos personajes son protagonistas en los mayos. El de la tradición de comedias está dedicado a Ti Tirso:«Tirso Mateo Claro / no era de noble cuna /hijo del hambre nació /huérfano de la fortuna. //Cuando no había trabajo / en el campo o el alfar /se echaba al camino solo / por las ferias del lugar /con sus cabriolas y bailes / sus marionetas modestas / a los niños y mayores / les hacía grandes fiestas».
Y el Barrio de Cantarranas se acordó del Tío Marucha, el retejador;mientras en un tercero de La Plaza el protagonismo es para El tonelero... La vida hecha mayo, arte e identidad de Jiménez.
