El Teatro Emperador recibió este martes una visita especialmente simbólica. Los participantes en el I Congreso ‘Teatros y cines en León y provincia’ tuvieron la oportunidad de acceder al interior del emblemático edificio justo el día en el que se cumplían 75 años de su apertura. Una efeméride redonda para volver a recorrer uno de los grandes escenarios de la memoria cultural y sentimental de la ciudad.
Los congresistas estuvieron acompañados durante la visita por los responsables del encuentro y por algunos de quienes trabajaron en el Emperador durante sus años de actividad. Ellos fueron los encargados de poner voz a los recuerdos que todavía permanecen entre sus paredes, compartir anécdotas y explicar algunos detalles del funcionamiento de una sala que durante más de medio siglo formó parte de la vida cotidiana de varias generaciones de leoneses.
El recorrido permitió conocer también algunas de las características contempladas para la restauración del inmueble y su futura reapertura. Un proyecto largamente esperado por la sociedad leonesa que, pese a los avances anunciados durante los últimos meses, continúa todavía sin una fecha concreta para el comienzo de las obras ni para que el Emperador pueda volver a levantar definitivamente el telón.
La historia del edificio encierra además una curiosa paradoja. El Emperador fue concebido inicialmente como un espacio dedicado «única y exclusivamente» al cinematógrafo e incluso su nombre fue elegido mediante una votación popular. Los primeros proyectos planteaban una capacidad cercana a los 1.378 espectadores, una cifra que da idea de la dimensión con la que fue imaginado.
Sin embargo, el proyecto fue evolucionando hasta convertirlo en un gran espacio híbrido, preparado tanto para las proyecciones cinematográficas como para las representaciones teatrales. Cuando abrió sus puertas, el 22 de septiembre de 1951, el Emperador era mucho más que una sala de cine. En su interior convivían el teatro, el auditorio, los palcos, el anfiteatro, una sala de fiestas, un salón de té, bares, oficinas, cabinas de proyección, camerinos y almacenes para los decorados.
Durante 55 años, el edificio acogió espectáculos, películas y numerosos momentos que quedaron unidos a la historia reciente de León. Su actividad terminó el 31 de octubre de 2006 y quiso la casualidad que la última película proyectada fuese ‘Cinema Paradiso’, una obra precisamente dedicada a la memoria de los cines y a las personas que construyen una parte de su vida alrededor de ellos.
Dos décadas después de su cierre, el Emperador volvió a recibir visitantes en una jornada cargada de recuerdos y simbolismo. Lo hizo en su 75 aniversario y de la mano de un congreso dedicado a estudiar y reivindicar el patrimonio teatral y cinematográfico leonés. Una visita excepcional a un edificio que León sigue esperando recuperar, aunque el calendario de su restauración continúe siendo, por el momento, la principal incógnita.
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