La historia de Pepa, una cierva que apareció en La Vecilla junto a unas pocas ovejas del dueño de uno de los bares del pueblo, Javi, no acaba de tener un final feliz que sería que “Pepa pudiera tener sus papeles en regla”.
La historia es una montaña rusa. Primero Pepa se hizo amiga de Javi, le acompañaba hasta el bar... pero llegó una denuncia ante esta irregular “pareja de hecho” pero sin papeles. Javi recurrió las denuncias, una asociación animalista —Empatía— conoció la situación y se puso a trabajar en una salida legal y satisfactoria. La iniciativa más llamativa que pusieron en marcha fue una recogida de firmas para que la Junta de Castilla y León ‘legalizara o regularizara’ la situación de la singular pareja. Más de treinta mil firmantes (31.460 exactamente) hacía creer en un desenlace feliz, pero en la página de firmas ha aparecido un anuncio: ‘Recogida de firmas cerrada’.

Y es que en la asociación conocieron que Javi es cazador, algo que nunca ocultó, y por coherencia con sus postulados se han apeado del barco de lograr lo que sería la solución buscada: concederle a Javi la condición de Núcleo zoológico; algo por lo que el hostelero de La Vecilla anuncia que seguirá peleando en solitario, pues el cariño que le ha cogido a la cierva está muy por encima de su condición de cazador o no.
En el pueblo hay reacciones de todo tipo; en la más reciente han tirado de humor y han colocado una señal “de cierva suelta” en las inmediaciones del Bar El Cruce, que regenta Javi, a semejanza de algunas que hubo por la provincia de ‘Gallinas sueltas’ que se podían ver, por ejemplo, en Burón y Babia, coincidiendo con aquellas noticias de gallos que molestaban a turistas que buscaban la paz del mundo rural. ¿Paz?