Un presidente para seis habitantes: "No había nadie más"

Juan Manuel González regresó de Madrid a la tierra de los abuelos, Truchillas, en Cabrera. La despoblación le llevó a asumir la presidencia de la Junta Vecinal, lleva 19 años, sabe lo que es luchar por su tierra y frente al olvido

17/08/2026
 Actualizado a 17/08/2026
Un Concejo abierto con todos los vecinos del pueblo y Juanma explicando y tomando nota de las propuestas, de las sugerencias.... | L.N.C.
Un Concejo abierto con todos los vecinos del pueblo y Juanma explicando y tomando nota de las propuestas, de las sugerencias.... | L.N.C.

Juan Manuel González Ramírez, nació en Madrid, pero nunca ha sentido que su historia comenzara allí. Su familia paterna hunde sus raíces en Truchillas, en el corazón de Cabrera Alta, y quizá por eso, cuando tuvo la oportunidad de conocer el pueblo más allá de las vacaciones de verano, descubrió algo que acabaría cambiándole la vida.

Por parte de padre, Truchillas; por parte materna, la provincia de Toledo. Durante años, el pueblo fue para él un lugar de veraneo. Agosto, unos días de descanso y regreso a la ciudad. Hasta que empezó a trabajar y sus visitas se hicieron más frecuentes, también durante el invierno.

Y fue precisamente el invierno el que terminó de conquistarle. "A mí la Cabrera me gusta en invierno", reconoce. La nieve, la leña en la cocina, las calles tranquilas y esa sensación de estar en un pueblo que en los meses fríos muestra su verdadera personalidad fueron haciendo crecer una idea que al principio parecía imposible.

Cada vez que se marchaba de Truchillas lo hacía con pena. Venía tres o cuatro días y, al regresar a su vida habitual, ya estaba pensando en cuándo volvería.

Hasta que un día tomó una decisión. "No me puedo ir todos los días con pena. Tiene que llegar un momento en el que me tenga que venir a vivir al pueblo".

Y se vino. De Madrid a Truchillas, pasando por un bar

La llegada definitiva no fue una aventura improvisada. Juanma sabía que para quedarse en un pueblo había que buscar también una forma de ganarse la vida. Antes había trabajado en Burgos y, finalmente, decidió apostar por la hostelería. Compró un local y puso en marcha un bar en Truchas, además de una vivienda.

"En Cabrera estamos igual que hace 50 o 60 años, pero en el siglo XXI;la carretera de Sanabria, por ejemplo, es una auténtica vergüenza su estado ¿quién va a venir?"

Durante cinco años estuvo al frente del negocio. Después llegaron los cambios personales, la separación y una nueva etapa profesional. Pero hubo algo que nunca cambió: su decisión de seguir viviendo en Truchillas.

"De venir al pueblo no me arrepiento", afirma con rotundidad. Su historia con la localidad tiene además una particularidad. Juanma lleva aproximadamente 19 años como presidente de la Junta Vecinal de Truchillas. No llegó al cargo después de una larga carrera política, sino casi por necesidad. Cuando fallecieron los dos vecinos que hasta entonces se encargaban de gestionar los asuntos del pueblo, ambos ya de avanzada edad, prácticamente no quedaba nadie que pudiera asumir la responsabilidad. "Me tuve que gestionar yo el pueblo porque no había nadie más". Y así comenzó una etapa que ya dura casi dos décadas. La de un presidente para seis vecinos

Hoy Truchillas tiene una cifra que resume mejor que cualquier estadística la realidad de la despoblación rural: seis personas viven en el pueblo durante el invierno. "Seis. Tantos como uno", dice Juanma entre la ironía y la resignación.

Pero detrás de esa cifra hay una realidad mucho más compleja. El problema no es solamente que haya menos habitantes permanentes. También ha cambiado la relación de quienes conservan sus raíces con el pueblo.

Juanma recuerda cuando las familias llegaban en julio y permanecían hasta después de las fiestas o incluso hasta Todos los Santos. Ahora, asegura, muchas personas llegan el 1 de agosto y se marchan el día 15. "Antes se llenaban los pueblos los cuatro o cinco días. Ahora vienen el jueves o el viernes y el sábado ya se van porque el domingo hay caravana".

Para él, la pérdida de población no puede explicarse únicamente por la falta de empleo. También tiene mucho que ver con el relevo generacional y con el abandono de las viviendas familiares.

"La comarca tiene recursos, pero que no siempre se han sabido aprovechar. Tenemos naturaleza, agua, montaña, caza, pesca, turismo y patrimonio... pero también mucho abandono"

Cuando desaparecen los abuelos, muchas casas quedan cerradas. Hermanos que no se ponen de acuerdo sobre qué hacer con ellas, propiedades que no se venden y viviendas que terminan deteriorándose mientras, paradójicamente, hay personas interesadas en instalarse en Cabrera. "Hay mucha gente interesada en comprar en Cabrera", explica. Pero las dificultades para acceder a esas casas hacen que muchas oportunidades de recuperar población se pierdan.

Lo tiene claro: "Cabrera sigue estando olvidada». Juanma no esconde su crítica hacia las administraciones. Considera que Cabrera continúa sufriendo un aislamiento que, en muchos aspectos, recuerda al de décadas atrás. "Estamos igual que hace 50 o 60 años, pero en el siglo XXI".

Reconoce que hoy existen servicios que antes eran impensables: electricidad, agua corriente, telefonía o, más recientemente, fibra óptica en determinadas zonas. Pero sostiene que la brecha con respecto a las ciudades continúa siendo evidente.

Un Concejo abierto con todos los vecinos del pueblo y Juanma

Su principal reivindicación para Truchillas tiene nombre propio: la carretera hacia Sanabria. "La carretera es una vergüenza como está", lamenta.

También reclama un mayor compromiso con las carreteras de la zona y critica que algunas actuaciones invernales, especialmente el uso de maquinaria quitanieves, hayan terminado deteriorando aún más determinados tramos.

Pero su reivindicación va más allá del asfalto. Juanma quiere que Truchillas y Cabrera sean conocidas, visitadas y valoradas por lo que tienen.

Y ahí aparece uno de sus grandes orgullos: el lago de Truchillas, su gran tesoro. El Monumento Natural del Lago de Truchillas es, para Juanma, uno de los grandes recursos de la comarca. Un espacio privilegiado que, a su juicio, podría tener mucha más promoción turística. "En los últimos años se han instalado señalizaciones que indican el camino hacia el lago desde distintos puntos de la provincia, algo que considera positivo. Pero cree que todavía queda mucho por hacer". "El lago de Truchillas tendría que estar mucho más promocionado".

También plantea mejoras sencillas que podrían hacer más cómoda la visita, como habilitar algún punto de agua durante el recorrido. No habla de grandes infraestructuras ni de transformar la montaña, sino de pequeños servicios que permitan al visitante disfrutar del entorno con mayores garantías. Porque, en su opinión, el gran problema de Cabrera es que tiene paisaje, naturaleza y patrimonio, pero carece de una estructura turística suficiente. "La pena que tiene aquí Cabrera es que no hay dónde dormir, no hay dónde comer, esa falta de servicios limita enormemente el potencial de la comarca.

Durante sus 19 años como presidente de la Junta Vecinal, Juanma ha tenido que gestionar un presupuesto limitado y aprovechar cada subvención disponible. Se han asfaltado calles, renovado instalaciones y acometido obras que, aunque quizá pasen desapercibidas para quien visita el pueblo unos días, resultan fundamentales para quienes viven allí todo el año".

Una de las actuaciones más importantes ha sido la renovación de la red de abastecimiento de agua. La antigua instalación, con tuberías de pequeño diámetro y problemas de presión, ha sido sustituida progresivamente durante varios años. "Hemos cambiado toda la instalación de fontanería de agua sucia y agua limpia desde el depósito hasta el final del pueblo".

También se han realizado actuaciones en el molino, el campanario, el alumbrado público o la antigua escuela, además de iniciativas culturales que en su momento permitieron mantener viva la actividad del pueblo.

La última gran obra ha sido el asfaltado de una pequeña circunvalación alrededor de Truchillas. El objetivo es poder dar paso a autobuses y vehículos pesados puedan pasar que de otra forma por las calles del pueblo sería imposible. "La actuación ha sido posible gracias a la combinación de fondos procedentes del entorno del Monumento Natural, el Ayuntamiento de Truchas y la propia Junta Vecinal".

Para Juanma, no se trata solamente de una obra de comodidad. En un pueblo con calles estrechas y casas prácticamente pegadas unas a otras, puede ser una cuestión de seguridad y de conservación del propio casco urbano.

Quien escucha hablar a Juanma de Truchillas descubre rápidamente que no habla del pueblo como un político, sino como alguien que ha recorrido sus montes y sus caminos durante años. Conoce las rutas, los puentes, los arroyos y las zonas donde el río ofrece mejores posibilidades para la pesca. Habla de la cascada de la Gualta, de los caminos hacia el lago y de las rutas que se han ido recuperando y señalizando.

La montaña también se ha convertido en escenario de actividades deportivas. Cada primavera, el Club de Montaña Teleno, de La Bañeza, organiza una carrera de montaña en el entorno de Truchillas, con la colaboración del Ayuntamiento y de la Junta Vecinal. Los recorridos han ido cambiando con los años, aprovechando distintos caminos y pasos de montaña.

A ello se suma la actividad cinegética, uno de los principales recursos de la Junta Vecinal. El coto de Truchillas es considerado de gran valor y en él pueden encontrarse especies como la perdiz pardilla o la cabra montés, además de otras especies cinegéticas.

Para una Junta Vecinal con tan pocos habitantes, estos recursos son fundamentales. Juanma observa Cabrera desde una perspectiva difícil de encontrar: la de quien nació en una gran ciudad, pero decidió abandonar esa vida para instalarse en un territorio rural que sus antepasados conocían mucho antes que él.

Por eso su diagnóstico resulta especialmente contundente. Cree que la comarca tiene recursos, pero que no siempre se han sabido aprovechar. Habla de naturaleza, agua, montaña, caza, pesca, turismo y patrimonio. Pero también de carreteras deficientes, falta de servicios, viviendas cerradas y ausencia de empleo."La situación es especialmente delicada para quienes quieren quedarse". Él mismo lo ha comprobado en primera persona.

Después de abandonar el bar, tuvo que desplazarse fuera de Cabrera para trabajar. Estuvo empleado en una empresa de sondeos hasta que sufrió un grave accidente laboral que le provocó una incapacidad. Ahora trabaja temporalmente en el Ayuntamiento de Truchas, atendiendo entre otros servicios la biblioteca, una de las pocas opciones que ha encontrado dentro de la comarca. "Si tuviera que trabajar tendría que marchar fuera y me da mucha rabia tener que marchar".

Es una de las frases que mejor resumen su relación con Truchillas. "Ahora quiero marcharme menos todavía".

La vida le ha obligado a adaptarse varias veces. Ha cambiado de ciudad, de profesión, de negocio y de circunstancias personales. Pero la decisión fundamental permanece intacta.

Incluso después del accidente, asegura que sus ganas de permanecer allí son todavía mayores. "Ahora, desde el accidente, menos todavía quiero marchar".

No idealiza la vida rural. Sabe perfectamente sus dificultades. Sabe que en Truchillas que son solamente seis los vecinos que permanecen durante el invierno y que mantener un pueblo con tan poca población requiere mucho esfuerzo. Pero también sabe lo que encontró allí: El paisaje que había conocido durante sus veranos. Encontró la nieve y las cocinas de leña que tanto le gustaban. Encontró los caminos, el río y la montaña. Encontró, en definitiva, una forma de vida que terminó sintiendo como propia. Madrid fue el lugar donde nació. Truchillas, el lugar que eligió.

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