‘Palilleiras’ que tejen palabras hermosas

El crítico literario escribe sobre la novela de Nerea Pallares, 'Punto de araña'

José Ignacio García
29/08/2026
 Actualizado a 29/08/2026
Nerea Pallares es la autora de 'Punto de araña'. | LIBROS DEL ASTEROIDE
Nerea Pallares es la autora de 'Punto de araña'. | LIBROS DEL ASTEROIDE

Hace casi dos años por estas fechas, me encontraba en Cantabria, acogido en casa de los mecenas que alentaron mi primera novela (después de pasarme media vida tratando de vivir del cuento), cuando se falló uno de esos premios noveleros que convocan los grandes sellos editoriales, y que generalmente están negociados y concedidos de antemano. Horas antes de que se proclamara la identidad de la persona agraciada con el galardón, le dije a Jesús Herrán, estandarte de Valnera: te apuesto una cerveza a que le dan el premio a una autora que no llegue a los cincuenta años.

A eso del mediodía, saltó la noticia. Me equivoqué por unos meses con la edad de la novelista elegida, hice un comentario jocoso al respecto y cometí dos errores de los que me arrepentí inmediatamente, pero que me sirvieron para intentar medir más mis reflexiones mordaces a partir de entonces. Primero, no precisé en esa aseveración que no soy un misógino que, por sistema, está en contra de las mujeres escritoras, sino que la editorial en cuestión llevaba varios años buscando una sucesora convincente para uno de sus buques insignia, fallecida demasiado pronto, posiblemente en el mejor momento de su carrera y cuando sus datos de facturación eran más favorables para la empresa. Después, quise convertir mi premonición en un chascarrillo y lo compartí en una red social, sin tener en cuenta el alcance ni las consecuencias de mi inexacta apreciación, ni las dentelladas y zarpazos que me iban a lanzar algunas mujeres enfurecidas, que me condenaron al cadalso de la descalificación y el insulto, sin conocerme de nada, ni saber la admiración que siento por infinidad de escritoras que he reunido en numerosas antologías y libros recopilatorios, que he publicado cuando era director de una colección de narrativa, que he invitado a participar en las ferias que coordino y a las que, en bastantes casos, en este o en otros medios escritos o hablados, he reseñado y destacado con mi personal estilo, eso sí. 

Afortunadamente, las aguas volvieron a su cauce, y salí indemne de aquel resbalón, si acaso con la moral algo magullada porque, a pesar de mi edad otoñal, sigo siendo un ingenuo que cree en la bondad de la inmensa mayoría de la gente, en la justicia y en que casi nadie hace daño a los demás de forma gratuita, y menos si no los conocen de nada.

Desde entonces, he perseverado en la línea que me dicta mi conciencia. No volví a enjuiciar ese premio de marras, que -por cierto- el año pasado recayó en un hombre, y he seguido eligiendo y elogiando a numerosas autoras que están entregando novelas más que interesantes a sus editoriales. De hecho, la cosecha de los últimos meses no ha podido ser más fructífera. Y así, en nuestra Comunidad, la vallisoletana Elvira Mínguez ha conseguido el premio Primavera, El Ateneo de Valladolid, publicado por la editorial palentina Menoscuarto, ha premiado a Isolda Patrón Costas y, arrimando el ascua a una sardina más cercana, la marca leonesa Eolas, que comanda Héctor Escobar, ha apostado por novelas valoradas por crítica y lectores, y rubricadas por autoras próximas, como Elisa Martín Ortega, la bejarana Yolanda Izard o nuestra paisana Cristina Fanjul, que con su novela 'La isla de Garibaldi' acarició el último premio de la Crítica de Castilla y León.

Y si ampliamos el mapa, y lo extendemos a la cartografía del territorio nacional, la situación no cambia, pues la literatura publicada por mujeres en nuestro país atraviesa un estado de salud envidiable. Aunque me ha llamado poderosamente la atención el olfato -y la pizca de fortuna- que ha tenido en los últimos meses Libros del Asteroide, una de las editoriales independientes y heroicas que más admiro, por la calidad innegociable de su catálogo.

Ya he hablado por tierra, mar y aire del inesperado y merecido pelotazo editorial que ha supuesto el descubrimiento literario de Lucía Solla Sobral, que, con su ópera prima, 'Comerás flores', ha superado esa cifra mítica de los cien mil ejemplares vendidos, y los que quedarán por venderse, porque las mareas de ventas se envalentonan y engordan en forma de progresión geométrica, y no dejarán de surgir avalistas y recomendadores de boca a oído para la excelente novela de la autora asturiana.

Pero cuando parecía difícil tropezar dos veces con la misma piedra (en este caso para bien), Asteroide explota más el filón y nos descubre a Nerea Pallares, una autora gallega que está deslumbrando con su primera novela, titulada 'Punto de araña'. Y no es para menos, porque Nerea, conocida hasta ahora por sus libros de relatos, ha escrito una obra corta, pero intensa y cálida como un buchito de queimada.

Asegura la página promocional de la editorial que el tiempo estimado de lectura para sus menos de ciento ochenta páginas es de cuatro horas y diecinueve minutos. Ya les aseguro yo que no es así. Porque nadie que disfrute de la literatura, de la magia y de los sentimientos podrá zamparse la novela de un tirón, y porque sus densas páginas -donde conviven en buena armonía la lengua castellana y la gallega, junto a expresiones en inglés o en latín- han sido escritas para paladearse despacio, como una ración de percebes regada con un albariño.

Se ambienta la trama en Camariñas, en el corazón de la Costa da Morte. Allí, un grupo de mujeres palilleiras, hartas de verse sometidas a la voluntad de los hombres, recurren a tres ancianas arañas para revertir la situación. Y, a partir de ahí, la narrativa, las letanías, una salmodia de conjuros, el lirismo de muchos pasajes y una metáfora global sobre el poder de las palabras se amalgaman y, junto a ingredientes que tienen que ver con los mitos y leyendas de la tradición oral gallega o con los de la Grecia clásica (el hilo de Ariadna, la labor de tejer y destejer de Penélope en su telar), enredan al lector en una tela de araña de la que resulta imposible desligarse, con una serie de acontecimientos trágicos que tienen lugar alrededor del día de la virgen del Carmen, patrona de la gente del mar, y que son referidos con voces muy distintas por sus personajes, en un entramado coral sin protagonistas particulares, pues las auténticas paladinas son las mujeres como género, que defienden su dignidad y sus derechos, y las palabras, que son el hilo y el motor del mundo.

Así como cuesta describir el sabor y la textura que deja en la boca y la garganta un buen orujo, y es mejor catarlo para percibir su aroma de fuego y su esencia de terciopelo, lo mismo ocurre con esta novela. Nerea Pallares acaricia las palabras, las hace crecer, aseda lo dramático y borda los diálogos. Pero lo mejor es que ustedes caten esta novela, breve en apariencia, pero brava e inmensa como el océano, apacible a ratos, tormentosa por momentos, pero conmovedora en cada sílaba, en cada aliento que destila vida y sabiduría en el enredador arte de contar.

Las ‘palilleiras’ de Pallares, como Penélope, tejen y destejen la vida y las palabras en un mundo que con frecuencia nos deja mudos ante el horror. La literatura española actual florece de palilleiras que tejen historias con palabras hermosas.

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