Hablar de Román es hablar de entrega, de pasión y de garra. Es hablar de humildad, de frescura y de cercanía al aficionado. En tiempos de un esotérico oscurantismo de las figuras, el torero valenciano emerge como agua bendita para poner sobre la mesa una agradable y torera personalidad.
Él mismo se define como una persona «risueña» y lo demuestra cada día. Pocas risas se ven en un callejón o en un patio de caballos antes de una corrida. Normal, el de los rizos apabulla, pero ahí se encuentra una de sus distinticiones: la sonrisa. «Nerviosa», pero al fin y al cabo una sonrisa. Siempre tiene una en la cara. "Tampoco es que sea la alegría de la huerta", dice.
Ir a ver torear a Román es saber que se va a ver a un torero totalmente entregado a la causa, aunque sepa usted que muy seguramente también vea al toro -si éste lo permite- lanzarse varias veces al caballo y arrancarse al torero desde 20 metros de distancia mientras le deja la muleta planchada y le hace elegir entre el paño y su femoral.
Así, el sábado lidiará a los bravos leoneses de Valdellán junto a Ismael Martín y David de Miranda en la que será la continuación de una temporada donde ha dejado ya su impronta en plazas como Madrid y Valencia.
– Lo primero, enhorabuena por su tarde en Madrid. Estuvo con mucha garra, como siempre. En Vic no hubo suerte, ¿no?
– Muchas gracias, Madrid fue una feria muy importante. En la primera tarde podría haber cortado una oreja y en la segunda dos de no haber fallado con la espada, ha sido muy importante para mí. En Vic no tuve mucha suerte, fue una corrida concurso en una plaza peculiar con todo lo del tercio de varas y fue sin más. No salió ningún toro del nivel de la plaza.
– Además, en Vic celebraba sus 11 años de alternativa. ¿Ha conseguido en este tiempo su objetivo vital en el toreo o aún le quedan cosas por hacer?
– Estoy muy orgulloso de lo que estoy consiguiendo y muy convencido de que falta mucho. Me faltan muchas cosas por conseguir, al final nunca terminas de hacer todo lo que quieres. Mi objetivo cuando empecé a querer ser torero era hacer el paseíllo en la plaza de toros de Valencia y ya lo hice hace tiempo, entonces poco a poco te vas marcando nuevos objetivos.
– ¿Sus corridas suelen ser con hierros que no son la ‘tonta del bote’, como se dice. ¿Cómo le afecta eso a nivel mental si además de usted lo que se espera siempre es una entrega total?
– Es verdad que yo nunca he puesto problemas a ninguna ganadería. Es más, todo lo contrario. Estoy abierto a lo que sea, aunque sí que quiero tener el trato que merezco, pero ya te digo que no tengo ningún problema en lidiar ganaderías. Justamente en Madrid llevo matando dos años seguidos Fuente Ymbro, que me encanta y he triunfado las dos veces. Yo estoy muy contento con las ganaderías que lidio.
–¿Y es ese tipo de toro, con el encastado, con el que mejor se ve o al menos el que siente que le viene mejor para su concepto?
– Yo siempre digo que al toro malo nadie le pega pases, lo importante es matarlo; al medio pegárselos de la mejor forma posible y sacarle lo máximo y al bueno tienes que torearlo muy bien. Lo realmente difícil es eso, torear bien al bueno. Por mi concepto me gusta el toro encastado, que se mueva y que galope, aunque como yo entiendo el toreo lo que quiero hacer no siempre se puede, pero siempre lo intento.
– Valdellán es una de esas ganaderías. Además, creo que nunca la ha lidiado. ¿Ha podido tentar allí antes de esta corrida? ¿Qué opinión le merece como ganadería?
– Valdellán es una ganadería que no conozco mucho. Sí que estuve tentando este año y tengo que decir que el ganadero me pareció un fenómeno, así que si los toros se parecen a él seguro que será una gran tarde.
– Me llama siempre la atención su cercanía al aficionado. Nunca pone una mala cara y siempre está sonriendo, incluso delante de la cara del toro.
– Muchas veces es sonrisa nerviosa, en el patio de caballos más. Yo soy una persona muy sonriente y muy risueña, suelo sonreír mucho pero tengo que decir que tampoco soy la alegría de la huerta. Tengo momentos, como todos, y hay veces que sonrío más y otras que sonrío menos.
–Queda poco menos de un mes para San Fermín y sé que le gusta mucho. ¿Le cuesta ya conciliar el sueño o aún no?
– Bueno, Pamplona es una feria que me encanta y es verdad que todavía falta un mes, así que todavía no lo tengo asumido, entre comillas. Sí que piensas en ello, claro, pero me parece que empezaré a prepararlo bien a partir de la semana que viene.