José Manuel Roces es asturiano pero casi ni se acuerda pues lleva muchas décadas afincado en León, y leonés se siente. Y enamorado de Cabrera, la comarca leonesa que conoció como pescador y le enganchó más allá de sus ríos, hasta el punto de comprarse una casa allí, conocer a sus gentes, valorar su cultura y forma de ser, admirar a los cabreireses.
Roces sintió la necesidad de escribir lo que sentía cuando fue abuelo; y nació El abuelo Manuel, un libro que abrió la puerta a otra vocación, la de escribir, que le permitía una fórmula mágica para reunir sus pasiones y poder devolver a esa comarca leonesa la acogida que encontró ¿Y qué mejor forma de hacerlo que contando las historias de los cabreireses?, unas vidas que le fascinaron, a pesar de la dureza de muchos momentos pero también de la emoción de aquellos irreductibles vecinos.
Primero fue ‘El bandolero de Omaña’, una cabreirés que no era no bandolero ni de Omaña. Después conoció, y contó, la historia de ‘una cabreiresa indultada’ en la procesión del Perdón de la capital leonesa pues jamás debía haber entrado en la cárcel quien aceptó una condena para librar a sus hijos.
Y este martes (a las siete y media de la tarde) en la Sala Región del Instituto Leonés de Cultura presenta una nueva incursión en un género que le viene como anillo al dedo para lo que busca, la biografía novelada. Se titula ‘Una cabreiresa emigrante y los sueños rotos’, y en e acto estará acompañado de otra mujer cabreiresa, de Iruela, autora del prólogo: Isabel García Rodera. «Y también estará la protagonista de la obra, Balbina, que seguramente no querrá hablar; y la acompañará su hija Mercedes y su yerno, afincados en Canadá pero que han querido venir a acompañarla, para que veas la admiración y cariño que deben sentir por ella».
- ¿Cómo te llega la historia de Balbina García, como ves que ahí puede haber una novela?
- La verdad es que sí sumas todos sus elementos: mujer, cabreiresa, emigrante y, de alguna manera, engañada... ya ves que hay una novela. Pero el origen está en una llamada que me hace la propia Balbina, la protagonista , que había leído todos mis libros y también quería contar su historia.
Roces veía una biografía con mimbres de novela, pero debía conocer la historia más a fondo. «Me reuní con ella para hablar y la historia me gustó. Había sido ya desde su nacimiento en Cabrera una luchadora nata y esa lucha la llevó a la emigración. En París trabajó muy duro, tenía tres trabajos: la portería de un lujoso edificio, dependienta en una charcutería y asistenta en una casa del matrimonio Truco, que, dice ella, era donde más dinero ganaba.

Pese a ello, pese al dinero, tampoco esta vez lo era todo y aunque le había ido muy bien en ese aspecto con su marido... «Él se prejubiló muy pronto y vino para España, primero esporádicamente y después cada vez más tiempo; dejándola allí sola incluso cuando tuvo que superar un cáncer de páncreas».
Precisamente este apartado, de su soledad en tierra extraña, en París, y enferma, es lo que más impactó a Roces y ocupa buena parte de la novela. «Es impresionante cómo esta mujer, Balbina, con muy pocos recursos sociales y conocimientos legales y sin el apoyo de nadie se tuvo que enfrentar a la traición, tanto económica como sentimental. Y cómo salió adelante».
Ése es precisamente ‘el alma de la novela’, la narración de cómo «afrontó la lucha de esta mujer por salir adelante en aquellos tiempos duros; cómo consigue todo lo que se propone trabajando muy duro para, al llegar al final de su vida laboral, cuando regresa a España, se da cuente de que no solo ha sido traicionada en sus sentimientos si no también en sus dineros, cometiendo el error de no haberlo denunciado».
Al menos ante la justicia pues la novela también debe ser para ella una especie de desahogo, con la alegría añadida de haber encontrado su lugar en el mundo. Para entendería es muy significativa la frase que cierra los apuntes que ha ido tomando en su cuaderno, cuando antes de cerrarlo de manera definitiva le susurró a Roces:
- ¡Aún queda tanto por vivir!
A buen seguro que sí. Lo merece.
