El bandolero de Omaña de nuevo "en busca"... para que cobre una herencia

Salvador Cañueto, conocido como ‘El bandolero de Omaña’, está en paradero desconocido desde que no regresó a prisión después de un permiso penitenciario. No se ha sabido nada de él y ahora resulta que se activa su búsqueda pero en este caso por un motivo feliz... para que cobre la importante herencia que le dejó su madre, Baltasara Cañueto

Fulgencio Fernández
11/12/2022
 Actualizado a 11/12/2022
Su detención causó verdadera expectación a la vista de la cantidad de noticias que venía protagonizando que iban haciendo de él una leyenda. | J.M. LÓPEZ
Su detención causó verdadera expectación a la vista de la cantidad de noticias que venía protagonizando que iban haciendo de él una leyenda. | J.M. LÓPEZ
El llamado ‘Bandolero de Omaña’, Salvador Cañueto Cañueto, vuelve a ser noticia varios años después de lo último que se supo de él, que disfrutó de un permiso penitenciario y no regresó a la cárcel, era el 15 de julio de 2010. Después desapareció y en estos doce años nada se supo de él. Incluso reportajes de prensa hablaron del escaso interés en buscarlo dada su condición de personaje entrañable que se había labrado, de interno (en Mansilla) tranquilo y trabajador, de no haber protagonizado delitos violentos y, sobre todo, que ya le quedaba muy poco tiempo para salir en libertad, menos de un año...

Ahora vuelve a ser noticia Salvador. Vuelve a estar "en busca" —no se si lo de "y captura" no sería exagerado— pero no es porque haya un arrepentimiento de su fuga y se reactive el interés en detenerlo, ni mucho menos, le busca un despacho de abogados de Cataluña —por encargo de su hermano Belarmino— para comunicarle que tiene una herencia para él e, incluso, hacerla efectiva de manera inmediata. "La parte más sustanciosa de la herencia es una casa con terreno, hasta 400 metros cuadrados, en la costa que tiene compradores; por lo que si Salvador acepta no habría mayores problemas". En tono distendido añade el abogado, después de haber leído reportajes de él en los que se habla de ‘el último bandido’, que lo que se trata es de que "salte de el último bandido a el último heredero".

Tiene sentido lo de ‘el último’ porque es el único que le falta por localizar para hacer efectiva la herencia de la madre de Salvador, Baltasara Cañueto, que es quien "le ha nombrado heredero en su testamento. Tiene otros tres hermanos (en realidad medio hermanos, solo de madre) que ya saben de la herencia, pero habría que comunicárselo también a Salvador, a quien tengo un interés especial en conocer después de lo que he leído y conocido sobre él pues parece que con los hermanos no tenía relación".

El testamento de su madre, Baltasara, que emigró a Inglaterra y dejó a Salvador en Cabrera, nombra heredero a ‘El bandolero de Omaña’ y le buscan para que lo pueda recibirEsa nula relación forma parte de la dura biografía de Salvador Cañueto, bautizado en su momento como 'El bandolero de Omaña' por haber sido en esta comarca en la que más ‘actuó’ cometiendo numerosos robos de escaso valor y sin violencia, pero en realidad Salvador es cabreirés, de la localidad de Marrubio, donde aún tiene algunos parientes y conocidos. Era aquella Cabrera que contó Carnicer en ‘Donde las Hurdes se llaman Cabrera’, incluso antes pues Salvador tiene ahora poco más de setenta años y Carnicer hizo el recorrido hace sesenta, en 1962.

Salvador fue lo que se llamaba ‘en aquellos tiempos’ (en los años 50) hijo de soltera, con el estigma social que eso suponía. Su madre, Baltasara, se casó después con Severino Cañueto y tuvieron otros tres hijos, pero no vivían en Cabrera pues emigraron a Inglaterra con lo que Salvador —que no fue muy bien aceptado por su padrastro— se quedó solo y comenzó a ganarse la vida desde los 12 años, como pastor primero y después llegó a tener algún ganado propio. Pero algo ocurrió que ‘desapareció’ y la siguiente secuencia es cuando comenzaron a ‘saltar’ las noticias de sus pequeños robos en Omaña, de donde le vino el apodo, y también en la provincia de Palencia, donde tenía otro apodo, 'El Latillas', dada su preferencia por las latas de conserva en los robos que realizaba, entrando en casas cuando estaban vacías, llevando comida —embutido, latas...— y convirtiéndose en una especie de lobo solitario en el monte, imposible de detener, pese a las denuncias que se iban sucediendo, más de cien.

Esta infructuosa persecución, las numerosas noticias en prensa, el escaso valor de los robos y, sobre todo, la ausencia de violencia creó una especie de leyenda que encontró perfecto acomodo en esa palabra, bandolero, que no deja de tener un aura de romanticismo y leyenda.

Cuando por fin fue detenido —por cierto, fruto de una verdadera casualidad, por un guardia civil de paisano que paseaba con su perro cerca del viejo molino de Ribas de la Valduerna, donde se había escondido,y reparó en los tres dedos de la mano que le faltaban al buscado ‘Bandolero de Omaña’.

Al ser detenido y encarcelado Salvador se fueron conociendo detalles que incidieron aún más en su imagen romántica del bandolero y se popularizó aquel dicho del detenido de las dos mentiras: "Ni era bandolero ni era de Omaña".

Su excelente comportamiento en la cárcel, su carácter pacífico ytrabajador, bien es cierto que algo solitario, seguramente fruto de la vida que había llevado, y que se fueron conociendo detalles sobre sus años en el monte le labraron el cariño de la gente. Se fue sabiendo que ya había pasado alguna vez por la cárcel al tener que buscarse la vida con pequeños robos, pero fuera de León pues contó que al irsede la de Cádiz (donde tampoco regresó de un permiso en 1999) llegó hasta León sin coger ningún medio de transporte, notenía dinero para pagárselo.

Entre las anécdotas que se fueron conociendo la que, sin duda, fue más comentada era una en la que fruto del cansancio cayó rendido. Fue en el año 2003, en la localidad omañesa de Piedrasecha, cuando fue sorprendido por un matrimonio debajo de su cama pues se había quedado dormido allí. El susto es fácil imaginarlo pero el hombre se fue sin ningún episodio violento, pero sí creando una sensación de inseguridad que desembocó en las numerosas denuncias y en que al ser juzgado se le fueran acumulando las penas, por lo que pasó bastantes años en la cárcel. Por ello, extraña aún más que no regresara cuando ya le quedaba muy poca pena por cumplir hasta el punto de que un funcionario de la prisión, ya jubilado, se mostraba convencido de que "no regresó para que se le acumulen más penas, seguramente tiene mejor vida en la cárcel que fuera de ella, pero no fue así, no apareció más". Un antiguo compañero en Mansilla tiene otra explicación, "le dio un viento (el de la libertad) y se fue sin preocuparse si le faltaba poco o mucho, le daba igual, otra cosa es que no le preocupe que le detengan pues en la cárcel era un tipo respetado y con trabajo en el economato de la prisión". Cuenta además con el antecedente de la otra vez que no regresó, en Cádiz, donde seguramente "también le dio un viento... de libertad".

En julio de 2010 Cañueto disfrutó de un permiso cuando le restaba menos de un año para cumplir su pena, pero no regresó a la prisión de Mansilla y no se supo más de élA ver si ahora un viento le lleva la noticia de que le buscan... para que cobre una herencia que le puede venir muy bien si, como se supone,la vida no será precisamente generosa con él y seguramente no tenga ningún tipo de cobertura. Al margen del detalle decomprobar que en el recuerdo de su madre, Baltasara, permanecía vivo aún después de emigrar a Inglaterra junto a Severino. Tiene tres hermanos de madre —Anita, Adela y Belarmino— que ya han solucionado la parte legal de la herencia, ahora falta la de Salvador, ‘El Bandolero de Omaña’, una verdadera leyenda en su tierra, hasta el punto de que en Cabrera se reivindica que el bandolero no es Omaña, es de Cabrera.

No despierta Salvador en la actualidad ningún recelo, más bien todo lo contrario y son muchos los que incorporan a Cañueto a esa nómina de bandoleros a los que se asigna la leyenda de que siempre estaban contra los poderosos y cerca de sus gentes. Entraba en el imaginario leonés de gente como Benito Perales, el bandolero de Picos, amigo de los pastores y lugareños pero abatido (en 1908) por cazadores, ante la imposibilidad de poder hacerlo la Guardia Civil.

Se cuenta de Perales, ‘El Rey de Picos’ y el último bandolero leonés hasta la aparición de Cañueto que compartía con Salvador su gusto por el anís y los dulces, también que se fugó una vez de prisión aunque Perales tuvo un mal final que para nada merece 'El bandolero de Omaña', que bien podría disfrutar de la herencia materna.
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