Avanzo por el pasillo de bancos vacíos de la nave central de la basílica de Nuestra Señora de la Encina ubicada en el corazón de Ponferrada. De frente, en la penumbra, destacan los reflejos dorados del magnífico retablo mayor de la escuela de Gregorio Fernández, fechado entre el año 1630 y 1640. Presidiendo el mismo, una hermosa talla de la Virgen titular del templo, la Virgen de la Encina, sentada en su trono mientras sostiene en sus brazos a un Niño Jesús.
La tradición nos dice que la imagen, oculta en el interior del tronco de una encina, fue hallada por unos caballeros templarios, cuando construían el castillo que domina la villa.
Parece una historia singular pero el hecho de encontrar una imagen de la Virgen en el interior de una encina se produjo con cierta frecuencia y, a modo de ejemplo, podemos referirnos al santuario de Nuestra Señora de La Encina en el municipio de Arciniega, copatrona de la provincia de Álava, y a la devoción por esta misma advocación en Baños de la Encina, en plena Sierra Morena, en la provincia de Jaén, en cuyo escudo luce una frondosa encina y sobre ella, la imagen de la Virgen.
Sin embargo, la competencia de una virgen gemela que incluso disputa su patronazgo sobre la hermosa tierra berciana se encuentra a escasa distancia, en el cercano pueblo de Campo. La Virgen de la Encina se encuentra en el templo parroquial de Nuestra Señora de Campo, extraordinario edificio renacentista con un campanario cuadrado de robustos muros y huecos para ocho campanas. Sus vecinos afirman que la imagen que veneran es la auténtica Virgen de la Encina, hallada por los caballeros templarios.

Hay vírgenes cuya advocación se ha extendido por todo el territorio español, como la Virgen del Pilar, e incluso que han traspasado océanos y asentado en América, como el caso de Nuestra Señora de Guadalupe, pero las vírgenes leonesas se encuentran firmemente enraizadas en nuestra tierra y el hecho de que tengan réplicas que extienda su devoción, me resulta extraordinariamente interesante.
Un caso singular de vírgenes gemelas lo protagoniza la Virgen Blanca, de la catedral de León. Es una talla hermosísima, en su origen policromada, pero que hoy, después de sufrir las inclemencias del tiempo, muestra sin rubor el blanco helado de la piedra caliza que resalta su belleza. Presidió la puerta principal de la Pulchra Leonina hasta mediados del siglo pasado en que fue sustituida por una réplica exacta, obra de Andrés Seoane y trasladada a la capilla central del ábside catedralicio.
La talla original, salvada de las borrascas de poniente, es de autor desconocido, aunque se conoce que fue patrocinada por el noble Diego López de Fenol, cuando aún se construía la nave central del templo.
Se da la circunstancia de que, en la actualidad, en virtud de esta duplicidad, la Virgen Blanca se encuentra vigilando los dos extremos de la catedral. Custodiando la cabecera, en la capilla central del ábside, la talla original, y presidiendo la fachada principal, la réplica realizada en 1954.

Siempre me ha llamado la atención la talla de la virgen románica ubicada en una de las capillas de la Colegiata de Nuestra Señora de Arbás, un templo hermoso y solemne, apoyado en una ladera siempre verde, al lado de la carretera N-630, aglutinando en su entorno las escasas viviendas del pueblo de Arbás del Puerto, lugar en el que me detengo cada vez que viajo a Asturias o me acerco al puerto de Pajares a admirar el hermoso paisaje que desde allí se divisa.
No es una talla antigua, aunque lo parezca. Se trata de una réplica fiel de la existente en el monasterio cisterciense de Santa María de Gradefes, realizada en época reciente por el escultor Andrés Seoane Otero, el mismo que talló la réplica de la Virgen Blanca de la catedral, y el autor de la escultura de San Jorge sobre la puerta principal del edificio Botines.
Durante la Guerra Civil la Colegiata de Santa María de Arbás fue saqueada y la imagen titular del templo fue incendiada y sus restos carbonizados guardados como una reliquia en la Basílica de San Isidoro. En su lugar se decidió exponer al culto, en una capilla situada al lado del presbiterio, la copia de la hermosa imagen coronada, con el Niño apoyado en su pierna izquierda, copia del monasterio de monjas cistercienses de Gradefes.
He dejado para el final el misterio de las vírgenes gemelas de la Virgen del Camino, patrona de la región leonesa y sus escasas imágenes siempre han llamado mi atención.
La Virgen del Camino es una advocación íntimamente ligada al Camino de Santiago, a su paso por León, como protectora de los peregrinos que escogían la ruta francesa para honrar las reliquias del apóstol en Santiago de Compostela, y por extensión protectora de los hombres ante las dificultades que presenta el tortuoso camino de la existencia. En todo caso no es una advocación que haya traspasado las fronteras de nuestra tierra, salvo las excepciones que se van a relatar.

La veneración a la Virgen del Camino cobró especial relevancia a partir del año 1505 en el que la Madre de Dios se apareció al pastor Alvar Simón en una pequeña aldea próxima a la ciudad de León, donde hoy se erige la Basílica de la Virgen del Camino. El pastor, al que la Virgen le pidió que se construyera un santuario en el lugar en donde cayera una piedra lanzada por su honda, refirió a las autoridades eclesiásticas a las que fue a dar noticia del suceso, que la Virgen aparecida tenía semejanza con la imagen de la Virgen del Camino que se veneraba en la iglesia de Nuestra Señora del Mercado, que entonces tenía la denominación de Virgen del Camino.
Estimo que ese es el motivo de la semejanza entre las tallas de Nuestra Señora del Mercado y de la Virgen del Camino, que muchos consideran gemelas, aunque examinadas con detenimiento observan notables diferencias. Así la talla original de la Virgen del Camino es la que se venera en la parroquia de Nuestra Señora del Mercado, anterior en varios siglos a la talla que se honra en la Basílica de La Virgen del Camino que, por voluntad de los leoneses, ostenta este hermoso título.
La catedral de León guarda otra valiosa imagen de la Virgen del Camino, pero quiero hablar de dos imágenes gemelas, que se encuentran alejadas de nuestra tierra y que resultan desconocidas para el público en general.

La primera se encuentra en Cádiz, en una pequeña ermita, sufragada al parecer por el noble leonés Gerónimo de Estrada, primer marqués de Casa Estrada, bautizado en la parroquia de San Martín en 1636. Con el objeto de agradecer a la Virgen del Camino, de quien era muy devoto un favor recibido. Ubicada en La Alameda Apodaca, de la ciudad gaditana, su construcción se realizó en el año 1701, en dicha alameda a iniciativa de Fray Pablo de Cádiz y en ella se instaló una sociedad de carácter religioso para extender el culto a la Virgen del Camino. En su interior se colocó una imagen, réplica exacta de la talla de la Virgen del Camino, y que hoy se conoce como «El Caminito».
Poco duró esta denominación de la virgen leonesa, pues a mediados del siglo XVIII, la talla pasó a denominarse Virgen de las Angustias, aunque cualquier leonés que se precie reconocerá, presidiendo el altar mayor, a Nuestra Señora del Camino.
Otra virgen gemela de la del Camino, se halla en tierras asturianas, concretamente en Martinporra, concejo de Bimenes, donde se construyó una ermita, en el interior del complejo palaciego de los Marqueses de Casa Estrada, como hemos visto, muy devotos de la virgen leonesa.
El ayuntamiento de Valverde de la Virgen ha procurado el hermanamiento de los lugares mencionados que, a lo largo del tiempo, han perseverado en su devoción a la Virgen del Camino, a través de unas imágenes gemelas de la nuestra, y resulta una iniciativa del mayor interés.
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