Cruceros: protección en los caminos

En León, ciudad en la que hay constancia documental de estos monumentos desde la Edad Media, hoy apenas existen muestras de este auge sostenido a lo largo de los siglos

Martín Muñoz Navarro
09/07/2026
 Actualizado a 09/07/2026
Cruz de Ferro ubicada en Foncebadón en pleno Camino de Santiago. | MARTÍN MUÑOZ
Cruz de Ferro ubicada en Foncebadón en pleno Camino de Santiago. | MARTÍN MUÑOZ

Hubo un tiempo en el que andar por los caminos era una actividad arriesgada. Los viajeros evitaban hacer trayectos en solitario, especialmente en algunos parajes que consideraban hostiles. Podrían enfrentarse a lobos, perros salvajes, osos u otras alimañas, cuando no a salteadores de caminos que les robaban sus pertenencias o ponían en riesgo su integridad física o su vida. La soledad y las tempestades de nieve o lluvia eran otro de los peligros que acechaban.

En la Edad Media se crearon milicias armadas dependientes de los municipios o vinculadas a los gremios. La Corona creó instituciones como la de la Santa Hermandad, con la finalidad de dotar de seguridad a los caminos. En las vías de peregrinación a Roma, Jerusalén o Santiago, las rutas fueron protegidas por órdenes militares que dispusieron puntos avanzados en los lugares más vulnerables, llenándolas de hospitales y cofradías, que daban protección y asistencia a los peregrinos.

Había otros peligros no tangibles derivados de la superstición, de los maleficios, de la existencia de espíritus malignos que también podían poner en riesgo la vida de los peregrinos. Surgen así los cruceros, fabricados en piedra o en madera, que ponían a salvo las almas en las proximidades de los templos y ermitas, en las encrucijadas donde aguardaban los demonios de la noche y los espíritus de la locura.

Réplica de crucero medieval en el cementerio en Sahagún
Réplica de crucero medieval en el cementerio en Sahagún. | MARTÍN MUÑOZ

El peregrino veía la solitaria cruz recortarse en la lejanía y ello le confirmaba que se hallaba en la buena dirección. Descansaba bajo su sombra y rezaba una oración mientras tomaba un trago de agua. Cuando no se detenía, hacía la señal de la cruz sobre su pecho y se sentía a salvo de espíritus maléficos.

La cantidad de cruceros en una ruta como el Camino Francés era innumerable. Hoy en su mayor parte han desaparecido, pero todavía podemos enumerar aquellos de mayor importancia, por su antigüedad o su valor artístico y porque nos recuerdan que somos deudores de las creencias ancestrales de nuestros antepasados.

Desde Sahagún hasta La Laguna de Castilla, el Camino de Santiago se halla jalonado de cruceros de origen medieval, construidos en el Renacimiento español o en la Ilustración, también nuevos cruceros plantados el siglo pasado a la lumbre del resurgimiento de la ruta jacobea. Su localización y su trayectoria, la de los más antiguo, es, a veces, una labor detectivesca que también se aborda en este artículo.

El primero de los cruceros a los que voy a hacer referencia se encuentra en Sahagún. En principio parecía localizado en la parte superior de la puerta de acceso al cementerio municipal. En realidad, se trata de la parte superior del crucero, labrado en piedra caliza en la que se representa un Calvario, con un Cristo crucificado y a sus pies unas imágenes de la Virgen y de San Juan.  La belleza de la escena es extraordinaria y su realización puede datarse en torno al siglo XV.

Crucero de San Marcos en León
Crucero de San Marcos en León. | MARTÍN MUÑOZ

Pude fotografiarlo con precisión desde el puente que pasa sobre la vía de ferrocarril y me admiró su extraordinario estado de conservación pese a encontrarse a la intemperie. Un vecino al que pregunté me advirtió que dicho crucero podría ser una réplica, pues él había visto el original, durante algún tiempo, en una de las dependencias del ayuntamiento y que posiblemente se podría encontrar en el museo del Monasterio de la Santa Cruz.  La pista no resultó del todo buena ya, que una de las monjas benedictinas me informó que, aunque desconocía la cruz por la que preguntaba, aquella no se encontraba en el museo. Fue una gestión a través de un facundino de pro quien me indicó que dicho crucero podría encontrarse en la iglesia de San Tirso, uno de los más bellos templos de la localidad, en el que destaca su hermosa torre de estilo mudéjar. Y efectivamente, en el centro de la nave principal, junto al sepulcro de piedra del noble Alfonso  Ansúrez, sobre un leve pedestal se encuentra el hermoso crucero gótico, cuya ubicación original se desconoce. Tal vez fuera ubicado en las inmediaciones del puente del Canto, sobre el río Cea, donde hoy se levanta un crucero de nueva factura, o en las inmediaciones de uno de los numerosos hospitales que en el Medievo poblaban la villa.

Antes de llegar a la ciudad de León, donde hay constancia de numerosos cruceros en Puente Castro, plaza del Rollo de Santa Ana, Puerta Moneda, etc. Quiero destacar el existente en Puente de Villarente. Su ubicación originaria podría haber sido al comienzo del puente medieval sobre el río Porma, para protección de los peregrinos que debían salvar el último obstáculo para llegar a la capital. Hoy pasa casi desapercibido, aunque conserva su integridad, se halla situado junto a un muro de la iglesia de nueva planta dedicada a San Pelayo.

Aunque apenas existen referencias al mismo, no cabe duda de que se trata de un crucero al que se le nota el paso del tiempo. La cruz, con un Cristo en el anverso y una Virgen en el reverso, ésta está montada sobre un fuste cilíndrico, en su mitad superior, acanalado y un capitel barroco que indica la importancia que un día tuvo en la protección de peregrinos. Su limpieza y una nueva ubicación en la que destaque su porte e importancia parecen una tarea pendiente para las autoridades locales. 

Cruz de Santo Toribio en San Justo de la Vega
Cruz de Santo Toribio en San Justo de la Vega. | MARTÍN MUÑOZ

En León, ciudad en la que hay constancia documental de numerosos cruceros desde la Edad Media, hoy apenas existen muestras de este auge sostenido a lo largo de los siglos.

A la entrada de Puente Castro por la Avenida de Madrid, se ha instalado un nuevo crucero de estilo tradicional, con un Cristo y la Virgen sobre la cruz y la imagen de un Santiago Peregrino incrustada en el fuste, con unas vieiras en la base del monumento. 

En la plaza del Grano, junto al exterior del ábside de la iglesia del mercado, una sencilla cruz de piedra indica el lugar donde, en tiempos pretéritos se ubicaba otro de los cruceros de León.

Seguramente el crucero más representativo de nuestra provincia es el que se encuentra en la plaza de San Marcos, frente a la extraordinaria fachada plateresca del Parador de Turismo, edificio nacido como hospital de peregrinos, pero que ha servido a otros usos, como monasterio, acuartelamiento, prisión y sede de la Orden de Santiago.  Puede ser contemporáneo del Hospital de Peregrinos de San Marcos, de finales del siglo XV, pero su ubicación original fue el Alto del Portillo de Valdelafuente, desde donde los peregrinos asombrados podían observar el impresionante paisaje urbano de la ciudad de León, con su catedral en el centro de tan inolvidable vista. En el año 1998, con motivo de la reestructuración de la plaza, se añadió una escultura en bronce del artista leonés Martín Vázquez Acuña que representa a un peregrino descalzo, mirando con admiración la belleza del insigne monumento. Aunque con algunas partes del crucero renovadas, este mantiene con dignidad y tesón el propósito benefactor con el que fue erigido.

Cruzando el puente sobre el río Bernesga, se encuentra el barrio de El Crucero, denominado así por la existencia histórica de una de estas cruces de piedra que protegían la ciudad y que además indicaban el fin del término territorial de la misma. Hoy, en lugar de un crucero, junto al Parque de Quevedo, se encuentra un monumento que consiste en la réplica de uno de los pináculos de la catedral. 

Crucero en la Calle Real de Molinaseca. MARTÍN MUÑOZ
Crucero en la Calle Real de Molinaseca. | MARTÍN MUÑOZ

En Trobajo del Camino, junto a las vías del ferrocarril, se levanta un crucero moderno de estilo tradicional, pero aquel que históricamente tenía relevancia en la localidad se encontraba a la salida del pueblo, en el alto denominado Mirador de la Cruz. Incomprensiblemente olvidado, desde su altura los peregrinos pueden admirar una de las más bellas vistas de la ciudad de León. Ahora solo quedan de él los restos de los escalones de su base, llenos de maleza. El crucero fue abatido por un rayo un día de tormenta y lo que quedó de él, según me cuentan, fue recogido por un vecino del pueblo del que ignoro su identidad.

Imposible olvidar la enorme cruz de piedra ubicada en el Alto de San Antón, desde donde se divisa en toda su extensión la ciudad de Astorga y los montes azulados del Teleno y Foncebadón, donde el obispo astorgano, Santo Toribio, dice la tradición, sacudió sus sandalias después de una ácida controversia teológica con sus feligreses.

No es posible dejar de citar el crucero de piedra de Murias de Rechivaldo, al lado de la iglesia y los cruceros de madera de Castrillo de los Polvazares y el Ganso. Pero el crucero más importante del Camino Francés lo constituye, sin duda, la Cruz de Ferro, ubicada sobre el monte Irago. Se trata de una sencilla cruz de hierro ensartada en un poste de madera, que extiende su protección desde Roncesvalles a Santiago de Compostela y donde los peregrinos depositan una piedra traída desde todos los confines de la tierra.

Qué hermoso es el crucero de Molinaseca, situado al final de la Calle Real, cuya cruz de piedra sostiene aun hornacina con la imagen de Jesús Crucificado, al que los caminantes jacobeos piden protección antes de enfrentarse a los altos puertos de O Cebreiro y el Poio.

Junto a la puerta de la iglesia de Santa María de Cacabelos existe un pequeño crucero de poco más de dos metros de altura en la que el Crucificado, tallado en piedra de forma ingenua, ve pasar a los peregrinos que apenas reparan en él, mimetizado con las piedras del muro al que casi se encuentra adosado. Es de una belleza extraordinaria. Hace unos años recuerdo haber leído una noticia sobre la agresión a otro crucero que se encontraba a la entrada del pueblo y que nos habla de la fragilidad de estos monumentos que debemos conservar a toda costa.

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