Lucía Litmajer: "La cultura es el espacio de batalla más interesante"

No es creyente, pero la escritora sí cree que el arte la modifica tanto como modifica su pensamiento y la manera en la que está en el mundo. De todo ello hablará este jueves en León

09/04/2026
 Actualizado a 09/04/2026
Lucía Litmajer será una de las protagonistas este jueves en el Palacio del Conde Luna. | JOHANNA MARGHELLA (ANAGRAMA)
Lucía Litmajer será una de las protagonistas este jueves en el Palacio del Conde Luna. | JOHANNA MARGHELLA (ANAGRAMA)

Ha publicado con sellos independientes –‘Casi nada que ponerte’ (Libros del Lince) o ‘Quiero los secretos del Pentágono y los quiero ahora’ (Capitán Swing)– y en otros integrados en grandes grupos comerciales –‘Yo también soy una chica lista’ (Destino)–. Sobre todo, ha publicado en uno que, aun perteneciendo al grupo italiano Feltrinelli desde 2010, ha procurado mantener siempre su independencia editorial, transformándose así en una especie de híbrido: la mayoría de obras de Lucía Litmajer –‘Cauterio’, ‘Ofendiditos: sobre la criminalización de la protesta’ y las ediciones posteriores de ‘Casi nada que ponerte’– llevan la firma de Anagrama. 

Pero no hay nada que a la barcelonesa nacida en Buenos Aires le encandile más que una editorial emergente. Es su filosofía o el adjetivo que la hace refulgir con fuerza sobre una superficie llana, como asomando los títulos de entre la oscuridad, lo que las dotan de un encanto particular. Y es que todas las editoriales empiezan siendo emergentes. «Son desde donde la mayoría de autores surgimos», dice: «Es quien te ve por primera vez; quien te sabe ver, quien te sabe leer... Es necesariamente un espacio al que apoyar y desde el que apoyarse».

Cobra por ello especial sentido su cita de este jueves, programada en el marco de la Feria de Editores Emergentes, en León; lugar que dice conocer mucho, pues confiesa ser asidua de sus lares. Se dará encuentro, además, con una leonesa, Violeta Serrano, con la que hablará de ‘La escritura como acto combativo’

– El acto de escribir es un acto combativo de por sí– anuncia a modo de introducción.– Ayer hablaba con una amiga: me parece que a veces entendemos el combate como algo estrictamente político, cuando la cultura es el espacio de batalla más interesante: yo no tengo creencias religiosas, pero sí creo que el arte y la cultura me modifican y modifican mi pensamiento y la manera en la que estoy en el mundo– sigue y suena a recital. No es de extrañar: la literatura es para Litmajer, desde niña, «el espacio donde puedes soñar, ser tú misma y encontrar todo aquello que te hace sentir diferente, aunque también acompañada».– Qué mayor combate que ese.

– ¿Toda escritura tiene una dimensión política incluso sin pretenderlo?

– Sin duda. Si estar en el mundo es un acto político, imagínate escribir o leer.

No tiene demasiado claro cuánto del contexto social y político puede leerse entre las líneas de sus páginas, pero considera que «todo permea». Es de la opinión de que «escribir es un acto más emocional que racional». «Cuando me siento a escribir, no lo hago con una voluntad de explicar nuestro presente», apunta: «No soy tan ambiciosa en ese sentido». Si su literatura dialoga constantemente con ese presente es por una cuestión involuntaria: «Dialoga en el sentido de que estoy en este mundo y me preocupa lo que nos preocupa a muchas». Y no tarda en traducir esa preocupación en miedo; en miedos, en plural, de los que dice que «muchas veces son comunes en este momento algo distópico».

Va y viene unos instantes. Casi divaga. Explora su intención literaria desde el otro lado del teléfono y se le oye pensar. Hasta que suelta: «Es una pregunta para psicoanálisis». Pues que quede para el diván.

– Has publicado novela y ensayo. ¿Se entremezclan siempre sus fronteras fruto de tu bagaje como periodista?

– Bueno, yo ya estoy retirada– ríe un segundo.– Creo que lo que une toda mi obra es la necesidad de hablar de un cierto desplazamiento de la voz; es decir, hay algo de desencaje. Todos mis personajes están en un lugar que no es exactamente en el que tendrían que estar y se preguntan y se cuestionan desde ahí. Eso tiene que ver con la voz narrativa, pero también con quién soy –hija de exiliados argentinos en España– y mi propia historia. 

Eso es lo que tienen en común su ficción y su no ficción. De ello hablará este jueves en plena capital leonesa. De ello y de mucho más, en una muestra de que quienes ejercen la escritura y hasta la lectura tienen algo de batalladores; de combativos. Ocurre con una nueva generación de autoras –no tan nuevas– entre las que podría incluirse Litmajer. Mujeres como Lucía Solla Sobral, Lana Corujo o Irene Solá –entre muchas más– que han hecho de la violencia sistémica un motivo para escribir, como queriendo reflejar en párrafos el dolor que sufrieron sus predecesoras –hasta ellas mismas–. «Es evidente que hay mucha necesidad de leer este tipo de literatura», opina la escritora: «Hay mucha sed de narraciones sobre la amistad, el dolor y la pérdida escritas por mujeres. Parece que estamos sedientas de eso».

– En un contexto en el que impera la saturación de discursos, publicaciones e información, ¿cómo puede la literatura seguir siendo relevante?

– La literatura es relevante– la ‘s’ suena enfática– y lo será siempre. Estamos en momentos de sobresaturación informativa, pero todo lo que vemos en redes sociales y en prensa tiene un formato de narración. Por eso siempre será relevante.

Quizá por eso todo es política. Porque, en el fondo, el mundo baila combativo, sin remedio y sin reparo, a las tablas de ese escenario borgiano en el que todo es literatura.

Lo más leído