Los inolvidables: "Si no sabes una de El Pajarín de Matallana no estás en este mundo"

Alberto ‘El Pajarín’ es, seguramente, el hombre que más anécdotas ha generado en toda la ribera del Torío. Minero, cantinero, puro ingenio e imaginación

24/05/2026
 Actualizado a 24/05/2026
El Pajarín de Matallana de Torío. | L.N.C.
El Pajarín de Matallana de Torío. | L.N.C.

Llega hoy esta sección de 'Los Inolvidables' a su número 100, la cifra más redonda que existe, con permiso de la Reina Urraca, y la ocasión bien merece un personaje de esos que podríamos llamar de libro, un inolvidable de esos que sigue en boca de todos, en el anecdotario de una comarca y mucha gente más. 

Un ejemplo claro de este modelo podría ser Alberto ‘El Pajarín’ de Matallana, de quien “Queco la del Bebe +” daba una explicación muy apropiada: “Si no sabes una historia de El Pajarín es que no estás en este mundo”.

¿No será para tanto? No sé qué te diga, pero en toda la Ribera del Torío no he encontrado a nadie que no sepa una historia de Alberto, todo imaginación, siempre imprevisible, desconcertante… El Pajarín había sido minero, padre de familia muy numerosa y, después de prejubilarse, hostelero o algo parecido, más bien algo parecido. 

Tuvo su primer negocio de hostelería, o similares, en mitad de las Hoces de Vegacervera, justo enfrente del salto de agua y lindado con el pozo del Infierno. Había allí una caseta que debió pertenecer a la empresa eléctrica León Industrial pero que ya no usaba. Allí, en menos de 20 cuadrados, puso su bar, refugio de montañeros y descarriados cuando ya no quedaba nada abierto. Allí se discutía de todo y tenía unos horarios y días de apertura y cierre imprevisibles pero que Alberto supo cómo arreglarlo sin mentir. Colocó en la puerta un cartel que decía: “Este negocio no abre todos los días” con lo que, decía Alberto, “si vienes y está abierto, entra; si esta cerrado, ya lo avisé”. 

- ¿Y el baño, Alberto?; nunca faltaba alguien que lo preguntara con malas intenciones.
 - Sí, claro, ¿quería el de damas o caballeros? - Dama.
 - Bien, pues sale usted y, a mano derecha, donde quiera, hasta el alto del Puerto de Piedrafita, lindando con Asturias. 
- ¿Y el de caballeros?- A mano izquierda, hasta León, pero por el lado de la peña que el caballero ya sabe usted cómo orina… igual saltan las truchas y hay un accidente de los que llaman invalidante.

El Pajarín durante una celebración.
El Pajarín durante una celebración.

 

No le faltaba guasa cuando veía que los coches caminaban hacia la Cueva de Valporquero, fundamentalmente los domingos, y nadie se detenía en su bar, el que no abría todos los días. Sacaba entonces una valla de obra, la atravesaba en la carretera, se ponía el pantalón corto y sacaba un megáfono que llevaba en su furgoneta. 

- Un momento, perdonen, tienen que esperar un rato pues están rodando una película en este paraje tan espectacular y no se puede atravesar ahora.
 - ¿Y tardarán mucho en abrir la carretera?
- Pues un segundo, que pregunto. 

Y se iba con el megáfono gritando: «¡Producción, producción! ¿Tardarán?». Y hacía como que escuchaba… Volvía al rato y explicaba: «Al menos media hora, algo más». Y entonces, como quien no quiere la cosa, sugería: «Si quieren, esa pequeña caseta es un bar, si quieren tomar algo». Para allá iban todos, después se acercaba él y comentaba:  «El dueño ha ido a llevarles unos bocadillos a los del equipo de la película…. Ya les atiendo yo, a ver si me acuerdo de los precios»; y en ese mismo momento se encarecía todo un poco. Sin exagerar, aunque cuando le pedían algo más del chorizo que había puesto de tapa ya avisaba: «Eso era la tapa, señora, que es un detalle de la casa… pero si tiramos de báscula, cuando nos metemos en pesar, ya no puedo asegurarle nada». 

La más famosa, si se puede asegurar esto en su caso, fue la consecuencia de una larga noche de debate en la que El Pajarín echó en cara a un buen número de autoridades de la comarca su falta de carisma, su escasa capacidad para congregar a los vecinos, nula capacidad de convocatoria.

- La tendrás tú; le dijo una airado.
-  Por supuesto.

Y lanzó un reto, si no convoco yo en Boñar, por ejemplo, a medio pueblo en tan solo unos minutos, pago un cordero para todos los que estamos aquí; pero si los reúno pagas tú; le dijo a la autoridad. 
- Mañana a las doce en Boñar. 

Allí estaban todos a la hora convenida, en el lugar más céntrico, en la plaza del Negrillón, que aún estaba vivo. Llegó Alberto en su furgoneta, sacó de ella una motosierra, la arrancó y se fue a por El Negrillón
Todos los vecinos salieron asustados, se congregaron a la estridente llamada de la motosierra, vino la guardia civil, pero cuando se iban a acercar Alberto se volvía amenazante con la espada de la motosierra y todos para atrás… hasta que se le caló. 

Según se le caló se le echaron encima unos cuantos, de la pareja de la guardia civil a vecinos y vecinas indignados, alguna patada llevó Alberto que les pedía que razonaran. Cuando la cosa se calmó un poco El Pajarín se pudo explicar: “La motosierra no tiene cadena”

La carcajada fue general. Pero quienes habían apostado eran conscientes de que acababan de perder la apuesta pues era evidente que la capacidad de convocatoria estaba constatada, allí estaba medio pueblo.

No menor fue su apuesta de que lograba que la guardia civil le empujara la furgoneta… Y la aparcó justo encima de las vías; cuando se acercaba la hora de pasar el tren fueron a decirle que la quitara: “No puedo, no me fío, ustedes quieren que me suba para mandarme soplar y denunciarme… está abierta, si quieren quítenla”.

Así lo hicieron. Y le denunciaron por dejarla allí de forma peligrosa… pero ganó la apuesta. 

Son solo algunas historias de Alberto El Pajarín de Matallana, si le sumas la de cuando tuvo el Hogar del Pensionista o cuando le llegó la jubilación total y pasaba a cobrar una cantidad sustancialmente mayor…  Perro sería necesario un libro, no una reseña, un recuerdo. 

Cuando pases por Matallana, o su comarca, haz una prueba. Tan solo tienes que decir Alberto El Pajarín y te contarán otras cuantas más. Créetelas. 

¿El misterio de El Pajarín? Que a su lado estaba seguro el buen humor, el ingenio, la imaginación;un tipo diferente hasta para tirar la ceniza de los cigarros, siempre por la espalda, «por delante lo hace cualquiera». Ya él no le gustaba hacer lo de todo el mundo. 

Un irrepetible, inolvidable

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